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Actualizado el 12/06/2017

Blog de Patricio Valenzuela. Es Investigador del Centro de Finanzas (CF) y del Instituto Milenio para la Investigación de Imperfecciones de Mercados y Políticas Públicas (MIPP) de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile

Patricio Valenzuela

Patricio Valenzuela

Investigador del Centro de Finanzas (CF) y del Instituto Milenio para la Investigación de Imperfecciones de Mercados y Políticas Públicas (MIPP) de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile
¿Qué nos enseña el chanchito de greda?

¿Qué nos enseña el chanchito de greda?

El chanchito de greda está presente en muchos de los hogares de nuestro país y si bien para muchos es un simple adorno, también es un elemento que nos trasmite un mensaje muy importante: “Algunos proyectos se pueden hacer realidad a través del ahorro”.

El ahorro es una decisión financiera en la que decidimos que una parte de nuestro ingreso no lo gastaremos inmediatamente reservándolo para necesidades o proyectos futuros. Nuestras decisiones financieras -ya sean de ahorro, financiamiento o inversión- se encuentran constantemente presentes a lo largo de nuestras vidas. Por ejemplo, cuando decidimos si vamos a ahorrar (o no) el bono que recibimos a fin de año, cuando decidimos cómo vamos a financiar los costos de educación de nuestro hijos o un nuevo emprendimiento, y cuando decidimos el fondo de pensión al cual vamos a aportar para nuestra jubilación.

Decisiones financieras acertadas nos permiten administrar de mejor manera nuestros recursos, expandir nuestro patrimonio y, finalmente, mejorar nuestra calidad de vida. Aquí radica la importancia de la educación financiera. Lamentablemente, aún somos novatos en estos temas. Esto queda reflejado en los resultados, recientemente publicados, del módulo sobre educación financiera de la prueba PISA. Estos muestran que el grado de alfabetización financiera en Chile se encuentra por debajo de la media de los países OCDE y también por debajo de países como Rusia, Lituania, Polonia y Eslovaquia que tienen un ingreso per cápita similar al nuestro. Así, estar por sobre los otros dos países de América Latina (Brasil y Perú) que participaron en esta prueba, no nos sirve de gran consuelo.

Los resultados de la prueba PISA revelan que sólo un 3% de los estudiantes chilenos muestran una comprensión amplia del sistema financiero y, en consecuencia, entienden las ventajas de diversos tipos de inversión. Por el contrario, un 38% de los alumnos apenas puede reconocer la diferencia entre necesidades y deseos y, por tanto, tomar decisiones sencillas sobre el gasto diario. Los resultados muestran, además, que los estudiantes con mayores recursos económicos tienen, en promedio, un mayor grado de alfabetización financiera que los jóvenes con menores recursos y que esta relación es más pronunciada en Chile que en otros países con un grado similar de desarrollo económico.

Nuestras autoridades, el sector privado y las instituciones de educación parecen estar conscientes del poder de la educación financiera. La Comisión Asesora para la Inclusión Financiera, creada el año 2014, ha tenido como prioridad promover la educación en este frente y es así como desde este año la educación financiera se imparte desde primero medio en los establecimientos públicos, en tanto que un número importante de instituciones privadas y de educación superior desarrollan programas e instrumentos que buscan promover un mejor entendimiento de las finanzas. Sin embargo, los resultados de la prueba PISA nos recuerdan que estos esfuerzos aún son incipientes y que queda mucho camino por recorrer.

Los resultados de la prueba PISA no nos sorprenden. El estudio “Alfabetismo Financiero, Endeudamiento y Morosidad de los Hogares en Chile,” realizado por los académicos de la Universidad de Chile Roberto Álvarez y Jaime Ruiz-Tagle, ya nos había adelantado que existe un bajo nivel de educación financiera en Chile y que estos niveles son heterogéneos en distintos segmentos de la población. El analfabetismo financiero tiende a ser más preocupante en los jóvenes y adultos mayores, en las mujeres, en los individuos con menores niveles de educación y en los segmentos de la población de menores ingresos. Una constatación que nos debería preocupar. Esto, porque observamos cierta inercia en el grado de analfabetismo financiero. Padres con escasa educación financiera son incapaces de trasmitir satisfactoriamente a sus hijos la importancia de tomar decisiones informadas y responsables en esta materia.

¿Cómo podemos romper y tomar ventaja de dicha inercia? La respuesta es educando financieramente a nuestros niños y jóvenes. En este sentido, las escuelas pueden (y deben) jugar un rol fundamental para romper esta pasividad, especialmente entre los alumnos más vulnerables. Un 34% de los estudiantes en Chile declara haber aprendido a manejar su dinero en el contexto escolar, cifra que se eleva a un 45% cuando se analizan las respuestas de los estudiantes más vulnerables de Chile. Una vez más queda demostrado el poder de la educación para reducir desigualdades económicas.

A través de una mejor educación podemos hacer que las finanzas jueguen a nuestro favor y amplíen nuestras oportunidades económicas. Una persona que toma mejores decisiones financieras tiene una mayor capacidad para hacer crecer sus ahorros, solicitar mejores condiciones crediticias y realizar mejores inversiones. Es por esta razón que es importante que todos -padres, profesores, autoridades y políticos- estemos conscientes que la educación financiera es una inversión de alto retorno privado y social. No rompamos el chanchito antes de tiempo, permitámonos cumplir nuestros proyectos.

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