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Actualizado el 19/03/2017

Blog de Jorge Navarrete. Es Abogado

Jorge Navarrete

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Abogado
Oportuna levedad

Oportuna levedad

Alejandro Guillier hace una severa crítica al gobierno y éste, a través de sus principales representantes, reacciona con molestia, incluso acusando deslealtad. Pero lo que hizo ahora el senador no fue muy distinto al registro de campaña que nos ha esbozado a la fecha, y en el que probablemente persistirá los próximos meses. De hecho, y como buen conocedor de los medios de comunicación y los códigos del debate público, sus palabras son el fiel reflejo del sentido común ciudadano: a saber que, por distintas razones, y algunas de ellas bien contradictorias entre sí, este gobierno no logró satisfacer las expectativas de ese importante porcentaje de personas que lo votó favorablemente hace algunos años.

Pero al mismo tiempo sus declaraciones son lo suficientemente generales, o ambiguas dirían sus más críticos, como para coincidir con su audiencia sin que eso signifique dar un paso más adelante, interrogándose por las causas de lo que él describe y, menos aún, por las correcciones que deben hacerse para alterar el actual estado de las cosas. Desde esa perspectiva entonces, la mayoría de los ciudadanos entienden lo que ellos mismos quieren escuchar, generándose una empatía inicial con el candidato, la que solo es posible prolongar en la medida que éste no baje a las especificaciones del caso.

A nadie debería sorprender esta estrategia, porque resulta similar a la utilizada por la actual Presidenta en la última campaña; un período con más énfasis en los silencios que en las palabras, que derrochó muchos titulares pero escasos detalles, los que ordenados en torno a un diagnóstico y relato que cuajaba bien con el momento que vivía el país, le permitió ganar con mucha holgura, aunque las consecuencias vendrían después. De hecho, de manera temprana y antes de los casos de corrupción que afectaron transversalmente a la clase política, el gobierno de la Presidenta Bachelet había experimentado una importante baja en su popularidad justamente a raíz del contenido de los proyectos de ley que materializaron las principales reformas; amén de un diseño político torpe, soberbio y que menospreció la opinión de esos mismos ciudadanos que con entusiasmo la llevaron al poder.

Ahora bien, el que esa estrategia no sea sustentable en el tiempo, no necesariamente significa que sea equivocada, al menos no por ahora. De hecho, y en el marco de un creciente y agudo desprestigio de la clase política y sus principales instituciones, parece obvio que los discursos y sus códigos deben estar enfocados al mandante principal, o sea los ciudadanos, presionando a través de éstos para viabilizar su candidatura al interior de las estructuras y procedimientos que deberá darse la Nueva Mayoría. En efecto, los partidos políticos parecen ser una condición “sin la cual” no es posible ganar una elección, pero definitivamente no son la razón “por la cual” los candidatos resultan finalmente vencedores.
Veremos qué hacen al respecto Goic y Lagos, sus más próximos y directos contendores.

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