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Actualizado el 14/01/2018

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El Contribuyente

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Recuerdos de 1987

Recuerdos de 1987

Habían dos lemas: mensajero de la vida y peregrino de la paz. El primero, incomodaba a la dictadura. El segundo, molestaba a la izquierda. El himno era uno, lo cantaban Los Huasos de Algarrobal, lo que dejaba contentos al régimen y a esa derecha más profunda, amante de las guitarras afinadas y las tonadas en varias voces.

Hubo encuentros con los pobladores: punto para la izquierda. Pero también con los empresarios: punto para la derecha. Visitó la Vicaría: punto para la izquierda. Y también beatificó a Santa Teresa: punto para los conservadores. Se reunió con representantes mapuches, pero no dejó de celebrar el quinto centenario de la evangelización de América. Empate.

En resumen, seis días de actividades milimétricamente planificadas y cubiertas de contrapesos para dejar contentos a todos y no herir los sentimientos de nadie. Claro que hubo tensiones, como el abrazo a Carmen Gloria Quintana, la aparición en el balcón de La Moneda con un Pinochet sonriente a su lado y todo el trasfondo de la tacita de té en la población La Bandera.

Hubo disturbios en el Parque O’Higgins y de un nivel nunca antes visto en una gira papal. Hubo chacota en el Estadio Nacional, cuando la voz de los ochenta descartó en masa renunciar a la tentación del sexo. Y hasta hubo un particular paseo en barquito, como esos que se arriendan en el muelle en Valparaíso.

A nadie le importó cómo se había financiado la visita, no existía tanta furia laicista y, además, Chile era aún un país raramente visitado por famosos de cualquier índole. Recordarán los mayorcitos de edad que dos años más tarde partiríamos todos al Nacional para canturrear en esplanglish las canciones de Rod Steward, el primer rock star que nos iluminó con un concierto en vivo.

Así que las calles estuvieron siempre repletas y ver pasar el Papa móvil nos convirtió casi en fanáticos teenagers.

Ahora hay menos expectativas. La mitad no quiere a Francisco. Ni los jesuitas lo estimaban mucho al comienzo (lo consideraban muy conservador). El gran Peña dice que no tiene peso intelectual y un cura vestido con mameluco le manda recados a través de la prensa. Se sabe, por ejemplo, que recolectar las platas en el sur no fue fácil, que varios empresarios de la zona resienten las palabras de este Papa (lo consideran “medio izquierdoso”) y que desconfían de lo que pueda hacer o decir en favor de la causa mapuche. Veremos qué ocurre.

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