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Actualizado el 05/06/2017

Blog de Alberto Rojas. Es Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, de la Facultad de Comunicaciones y Humanidades de la Universidad Finis Terrae

Alberto Rojas

Alberto Rojas

Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, de la Facultad de Comunicaciones y Humanidades de la Universidad Finis Terrae
¿Se quiebra la alianza entre EE.UU. y Europa?

¿Se quiebra la alianza entre EE.UU. y Europa?

Es probable que la primera gira internacional del Presidente Donald Trump quede en la historia como una sumatoria de episodios fallidos e incómodos. Y en ese sentido, su etapa europea dejó no solo un importante conjunto de interrogantes, sino también un sentimiento generalizado de decepción y molestia.

Es que su debut en el Viejo Continente estuvo marcado por las críticas a sus aliados de la OTAN, a quienes enrostró que no respetaran el compromiso de destinar el 2% de su PIB a la Alianza Atlántica; y que en la cumbre de los G7 manifestara su rechazo al Acuerdo de París de 2015 (COP 21), del cual Trump acabó retirando a Estados Unidos.

La suma de todos estos episodios —en gran medida— es lo que llevó a la Canciller alemana, Angela Merkel, a romper su tradicional moderación y sin nombrar directamente a Trump, afirmó hace algunos días que “los tiempos en que podíamos depender completamente de otros está terminando. Lo hemos experimentado en los últimos días”.

No contenta con eso, Merkel agregó que “todo lo que puedo decir es que los europeos tenemos de verdad que tomar nuestro destino en nuestras propias manos”.

A modo de respuesta, Trump manifestó —siempre a través de su hiperactiva cuenta de Twitter— su molestia respecto del déficit comercial que EE.UU. mantiene con Alemania. 

Evidentemente esto no significa que Berlín y Washington estén a punto de poner fin a una relación que tiene más de 70 años de existencia. Pero es una señal clara y categórica de las dudas que el gobierno alemán —al igual que muchos otros países europeos— tiene hoy sobre el gobierno de Trump.

Es cierto que durante sus dos periodos presidenciales, Barack Obama privilegió el reposicionamiento de Estados Unidos en el Asia Pacífico. Pero nunca dejó de lado la relación transatlántica, tan antigua como relevante, sobre todo al momento de enfrentar crisis como la guerra en Ucrania y las crecientes aspiraciones de Rusia en Europa.

Para Trump, sus prioridades están puestas en la reactivación de la economía, la generación de nuevos empleos, el aumento de los controles a la inmigración y la lucha contra el terrorismo yihadista. De modo que lo que ocurra al otro lado del Atlántico, hasta el momento, le resulta lejano e irrelevante.

En el contexto de una Unión Europea (UE) que aún sufre los efectos de la crisis del euro que arrastra desde 2010 y con un Reino Unido que ya inició el proceso para abandonar la UE a más tardar en 2019, Alemania se ha convertido en el actor político y económico más poderoso del bloque.

Y en ese contexto, Merkel ya empezó a estrechar los lazos con el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien es abiertamente “pro Europa”, y que en varias ocasiones ha insistido en la necesidad de revitalizar el eje franco-alemán y “refundar” la UE.

Durante la campaña presidencial del año pasado, los dichos de Trump respecto de la política exterior de EE.UU. adelantaban una especie de “neo aislacionismo” que acabaría dejando vacantes espacios de poder a nivel mundial que podrían acabar siendo llenados por Rusia. Algo que Vladimir Putin veía, hasta hace muy poco, con gran interés.

Sin embargo, lo más probable es que —en la medida que Merkel gane un cuarto mandato en las elecciones generales de septiembre próximo— veamos un protagonismo aún mayor de Alemania en función de la estabilidad política y económica de Europa. Algo que con el tiempo podría incomodar a otros países de la UE, que no desean que las políticas comunitarias empiecen a ser dictadas desde Berlín.

Mientras tanto, el vacío de liderazgo que está dejando Trump, ha puesto a Merkel —junto con Macron, ciertamente— a cargo de reimpulsar a la Unión Europea y a la OTAN. Una oportunidad para que, tal como lo planteó la Canciller alemana, los países europeos aumenten su compromiso en este proyecto transnacional.

La pregunta que aún no es posible responder es con qué clase de Europa se encontrará a futuro el sucesor de Donald Trump, quien —sin duda— tendrá que hacerse cargo de las consecuencias de la impredecible política exterior del actual gobierno estadounidense.

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