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Actualizado el 07/12/2017

Blog de Álvaro Iriarte. Es Abogado, Director de Investigación Instituto Res Publica Smith Fellow, Atlas Network

Álvaro Iriarte

Álvaro Iriarte

Abogado, Director de Investigación Instituto Res Publica Smith Fellow, Atlas Network
Una expresión, dos significados

Una expresión, dos significados

Recientemente el Congreso de Estados Unidos aprobó la reforma tributaria enviada por el presidente Donald Trump, quien obtuvo la primera gran victoria legislativa de su administración.

Más allá de las diferencias propias de sistemas y tradiciones legales, que responden a historias y herencias culturales diversas, el contrataste entre la reforma de Estados Unidos y la reforma tributaria de Chile no puede ser más evidente. La expresión “reforma tributaria” deja de ser una expresión neutra, y adquiere en la opinión pública un contenido que refleja la idiosincrasia política de cada nación. En Estados Unidos, hablar de reforma en materia impositiva implicó claramente hablar de disminución de impuestos, mientras que en Chile casi siempre implica precisamente lo contrario: un aumento de la carga tributaria.

¿A qué se debe esta diametral diferencia en torno a un mismo concepto político?

Un primer factor es que, en Estados Unidos, existe plena conciencia en parte importante de la población en cuanto a que los llamados “los recursos públicos” son en la práctica, los dineros de los contribuyentes. Desde una perspectiva histórica, los impuestos y su impacto en las personas se encuentran en el corazón de la identidad estadounidense: la revolución americana, el nacimiento de Estados Unidos mismo, está marcado por una disputa relativa a la carga tributaria. En el fondo, el votante estadounidense tiene una mayor auto comprensión de sí mismo, pues se reconoce ciudadano y contribuyente, mientras que el votante chileno parece reconocerse exclusivamente como ciudadano. A menudo los chilenos no advierten que son contribuyentes, pues hay amplios sectores que no pagan impuesto a la renta; olvidando que pagan un cuantioso IVA, impuesto específico a los combustibles y una serie de otros impuestos. Al considerar este aspecto, en la cultura norteamericana hay claridad en cuanto a que el dinero que se obtiene por impuestos, más allá del legítimo y buen uso que se pueda dar, es dinero que deja de ingresar a los bolsillos de los ciudadanos. Se trata de recursos que no pueden ser disfrutados ni administrados directamente por las personas, y de ahí la preocupación para que sean usados responsablemente.

Un segundo factor, tan relevante como el primero, es la adhesión de la derecha política norteamericana a esta visión, es decir, la convicción de que menos impuestos significan más libertad para las personas al poder disponer de más recursos a discreción. En Estados Unidos los republicanos tienen este elemento como uno de sus motores electorales y, en consecuencia, es una parte central de sus programas de gobierno y de su actividad política, y cada cierto tiempo libran batallas épicas con la izquierda por este asunto. El tema de fondo no es que un aumento de impuestos afecte la inversión y la creación de empleos, sino que un incremento de impuestos aumenta el poder del Estado sobre las personas, y en última instancia, disminuye su libertad. El prisma con el que se observa el asunto en Estados Unidos es distinto, sin quedar reducido a un criterio meramente económico y un argumento de orden práctico. Este crecimiento del Estado se ha podido ver con claridad en Chile en los últimos años, con más contrataciones y burocracia que eficiencia y mejor calidad de vida (si pensamos en salud o la situación de los niños, por ejemplo).

A pesar de las profundas diferencias, lo que sí es igual en ambas latitudes es la pasión que desata este asunto. Al terminar cargada de sentido y significado, la expresión “reforma tributara” despierta rápidamente un intenso debate, agrupando en bandos a los partidarios y detractores. Esta situación solo se entiende al considerar que el debate no es sobre un aspecto económico, sino que, por el contrario, es una discusión eminentemente política.

Para resumir: la reforma tributaria de Bachelet fue el mayor aumento de impuestos en Chile desde 1989, complejizó el sistema tributario -al punto de necesitar otra ley-, afectó considerablemente la inversión y ralentizó la economía. De otro lado, la reforma de Trump es la mayor reducción de impuestos en Estados Unidos, simplifica el sistema tributario y busca inyectar dinamismo a la economía.

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