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Actualizado el 21/04/2017

Blog de Guillermo Larraín. Es Académico FEN Universidad de Chile y exsuperintendente de AFP

Guillermo Larraín

Guillermo Larraín

Académico FEN Universidad de Chile y exsuperintendente de AFP
Volver a crecer, con todos

Volver a crecer, con todos

TODO SERÍA  más fácil si creciéramos al 4%: podríamos fortalecer el pilar solidario, avanzar en gratuidad de educación superior, la inversión pública podría ser más activa. Si en 2016 el crecimiento hubiera sido 4% y no 1,6%, la recaudación tributaria habría sido US$ 1.200 millones superior.

Sin crecimiento, las posibilidades de proveer bienes públicos necesarios para los chilenos son menores y los conflictos se acentúan. Sin crecimiento, la política es un juego de suma cero.

El bajo crecimiento no es solo de este trimestre. Es más estructural y se remonta a 2004-06 desde cuando la productividad se estancó. Esto lo detonó el “super ciclo” de precios de commodities. Desde entonces ha habido una persistente pérdida de competitividad y una reversión de la exitosa diversificación de exportaciones de los años noventa.

Tres gobiernos han sido incapaces de revertir este proceso.

En los últimos 10 años nos hemos vuelto a especializar en la explotación de recursos naturales, en particular mineros. La minería es esencial en Chile, pero es un hecho que su productividad crece poco. Entre 2010 y 2014, período de boom del cobre, la inversión en minería era altísima, pero la producción física de mineral estuvo estable. Es decir, no hubo ganancias de productividad.

Chile debe retomar el desarrollo exportador, pero con un nuevo enfoque para darle oportunidades de crecimiento a más empresas. Necesitamos crear una red mucho más densa de empresas medianas y pequeñas con potencial exportador. Esto requiere políticas específicas en ámbitos tradicionales: financiamiento, capacitación, información.

Pero hay que ir más allá. La capacidad de coordinación del Estado en torno a metas compartidas de mediano y largo plazo está subutilizada. Tenemos desafíos y oportunidades que hay que enfrentar: energía solar, desastres naturales, industrias creativas o proveedores de la minería entre otros.

Ganar en competitividad internacional permite mejorar las condiciones de competencia en el mercado interno y eso es bueno para la productividad. Cuando las empresas compiten en mercados internacionales, se exponen a desafíos tecnológicos y organizacionales que apenas sospechan.

La clave es que necesitamos que las empresas inviertan en maquinarias, tecnologías, investigación y desarrollo en sectores “no tradicionales”. Aquí la agenda de largo plazo y la de corto se unen.

Primero, debemos mejorar la confianza. Invertir es inmovilizar recursos por mucho tiempo con resultados inciertos. Es crucial un “rayado de cancha” claro para delimitar riesgos. Hoy hay más incertidumbre que hace unos años.

Hay que volver a confiar.

Pero las fuentes de incertidumbre son múltiples. A las reformas se las responsabiliza porque ha habido errores e improvisación. Las reformas son consecuencia más que causa.

La deslegitimación de las instituciones democráticas justifican una nueva Constitución. La pérdida de prestigio de empresarios requiere medidas duras contra la colusión y el fraude. El descrédito de los políticos justifica la estrategia anti corrupción. Las bajas pensiones explican la reacción ciudadana reclamando al Estado hacer algo.

Si realmente queremos corregir el camino andado y volver a una nueva senda de crecimiento alto y sostenible, es crucial adoptar una nueva estrategia de crecimiento, que mantenga nuestras fortalezas -apertura, solidez fiscal y estabilidad macro- pero que enfrente de manera creativa, profesional y predecible los desafíos económicos, políticos y sociales de Chile.

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