<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[La Tercera]]></title><link>https://www.latercera.com</link><atom:link href="https://www.latercera.com/arc/outboundfeeds/rss/category/editorial/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[La Tercera News Feed]]></description><lastBuildDate>Sun, 07 Jun 2026 01:32:24 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[Sorpresiva solicitud para un mayor endeudamiento]]></title><link>https://www.latercera.com/editorial/noticia/sorpresiva-solicitud-para-un-mayor-endeudamiento/</link><guid isPermaLink="true">https://www.latercera.com/editorial/noticia/sorpresiva-solicitud-para-un-mayor-endeudamiento/</guid><dc:creator><![CDATA[Editorial La Tercera]]></dc:creator><description><![CDATA[Es un hecho de particular gravedad que el presupuesto 2026 haya quedado desfinanciado, lo que obligó al Ejecutivo a solicitar la ampliación del límite de endeudamiento a US$ 6 mil millones. El país no puede darse el lujo de seguir con estos descuadres y poner en riesgo su credibilidad ante los mercados internacionales.]]></description><pubDate>Sun, 07 Jun 2026 01:00:00 +0000</pubDate><category>Editorial</category><content:encoded><![CDATA[<p>El lunes por la tarde, cuando el país todavía procesaba los anuncios de la Cuenta Pública, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, puso sobre la mesa una noticia que cambió abruptamente el tono del debate fiscal. El gobierno solicitaría al Congreso ampliar el límite de endeudamiento en US$ 6.200 millones. No se trataba de una cifra menor ni de un ajuste administrativo. Era, en los hechos, la confirmación de que el Presupuesto 2026 había sido aprobado con un desfinanciamiento relevante, tal como se advirtió durante su tramitación.</p><p>La solicitud resulta insólita no solo por su magnitud, sino también por las razones que la han motivado. Según detalló el secretario de Estado, al actualizar el escenario fiscal en el Informe de Finanzas Públicas del primer trimestre, Hacienda detectó una sobreestimación de ingresos y una subestimación de gastos en la Ley de Presupuestos aprobada en noviembre pasado. Como consecuencia, el déficit esperado para 2026 ya no sería de 1,5% del PIB, como se había considerado originalmente, sino de 2,9% del PIB. Tras las medidas de ajuste anunciadas por la nueva administración, esa cifra se habría reducido a 2,4% del PIB. Aun así, el deterioro seguía siendo suficiente para justificar una mayor necesidad de financiamiento.</p><p>De acuerdo con Hacienda, cerca de US$ 4.700 millones se explicarían por la diferencia entre el presupuesto aprobado y la realidad fiscal encontrada, además del efecto del tipo de cambio sobre las emisiones de deuda. Los otros US$ 1.500 millones corresponderían a capital de trabajo para cubrir obligaciones pendientes del Estado, especialmente deuda flotante y pagos atrasados a proveedores, incluidas pequeñas y medianas empresas.</p><p>A la luz de lo expuesto, resulta evidente que detrás de este mayor endeudamiento se esconde algo mucho más estructural, pues si el Estado necesita endeudarse de manera extraordinaria no para enfrentar una situación de emergencia, sino para cubrir compromisos ya asumidos, es claro que dista de ser un asunto solo de caja. La razón de fondo parece estar en la forma como se han venido formulando los presupuestos, en la calidad de las proyecciones fiscales y en la disposición de la autoridad a transparentar oportunamente el verdadero estado de las finanzas públicas, algo que resulta del todo ajeno a la escrupulosa forma en que nuestro país tradicionalmente había manejado los temas fiscales.</p><p>Un ejemplo ilustra bien esta fragilidad. Entre el Informe de Finanzas Públicas publicado en septiembre y el que acompañó la discusión presupuestaria, la proyección de ingresos tributarios no mineros fue revisada a la baja en US$ 4.800 millones. Ese dato, por sí solo, revela una estrategia fiscal que descansó demasiado en supuestos optimistas y demasiado poco en las advertencias de prudencia realizadas por el Consejo Fiscal Autónomo (CFA) antes y durante la tramitación del presupuesto.</p><p>También cabe mirar el rol del Congreso en estos descuadres. Durante la discusión del Presupuesto 2026, distintos parlamentarios levantaron alertas sobre una posible sobreestimación de los ingresos fiscales. Al mismo tiempo, se advirtió que había gastos que no estaban debidamente incorporados, como aquellos asociados al reajuste de remuneraciones y subvenciones del sector público. Pese a ello, esas inquietudes no fueron resueltas de manera satisfactoria y el presupuesto terminó siendo aprobado en ambas cámaras. Esa responsabilidad no puede ser omitida, pues si bien es el Ejecutivo quien tiene la potestad en materia presupuestaria, el Congreso está llamado a jugar un rol de control que claramente no ha desempeñado.</p><p>Lo ocurrido con el Presupuesto 2026 no es un hecho aislado. En los últimos años el descuadre presupuestario dejó de ser una excepción y comenzó a transformarse en una práctica recurrente. En vez de reconocer oportunamente mayores necesidades de financiamiento o ajustar los gastos a los ingresos efectivos, se recurrió a recursos del Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES) y a retiros extraordinarios desde Corfo. Es decir, se utilizaron ahorros que debieron estar reservados principalmente para enfrentar eventos adversos, como crisis económicas, y no para cubrir desajustes ordinarios de programación fiscal.</p><p>Chile ha sido históricamente respetado por los inversionistas internacionales, entre otras razones por su estabilidad macroeconómica y por el manejo responsable de su política fiscal. Por ello esta solicitud inédita de endeudamiento debe ser leída como una severa advertencia para el gobierno y para el mundo político, ya que de persistir estos descuadres inevitablemente habrá repercusiones para nuestro país, algo que de momento no pareciera estar siendo aquilatado por muchos. Un país que incumple de manera persistente sus compromisos fiscales se expone a mayores tasas de interés, menor confianza de los inversionistas y, finalmente, en peores condiciones de financiamiento para las personas y las empresas,abriendo la posibilidad de que aumente el riesgo país.</p><p>En el debate parlamentario que tendrá lugar para discutir el aumento del límite de endeudamiento será fundamental que se aclare pormenorizadamente cómo fue posible que se aprobara un presupuesto que al cabo de seis meses ha quedado desfinanciado, y qué medidas correctivas asumirá tanto el Ejecutivo como el propio Congreso para evitar que situaciones de este tipo continúen ocurriendo, pues no resulta aceptable que el país esté deteriorando su credibilidad a nivel internacional, producto de que sus propias cifras no resulten confiables.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.latercera.com/resizer/v2/2FEDIYY6UVFINGHY6ZLMVREKKI.JPG?auth=8180213ba43bd383fb70ca1c7f6172a06537b7588d7821efd8f22d45480e40e1&amp;smart=true&amp;width=5114&amp;height=3282" type="image/jpeg" height="3282" width="5114"><media:description type="plain"><![CDATA[

Foto: Andrés Pérez

]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Andres Perez</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La dudosa efectividad de un registro de vándalos e incivilidades]]></title><link>https://www.latercera.com/editorial/noticia/la-dudosa-efectividad-de-un-registro-de-vandalos-e-incivilidades/</link><guid isPermaLink="true">https://www.latercera.com/editorial/noticia/la-dudosa-efectividad-de-un-registro-de-vandalos-e-incivilidades/</guid><dc:creator><![CDATA[Editorial La Tercera]]></dc:creator><description><![CDATA[Si bien es válido que el gobierno quiera disuadir delitos e incivilidades, la creación de este registro y la pérdida de derechos aparece como algo efectista y de difícil concreción, sugiriendo que la justicia ya no es eficaz. La solución de fondo es hacer cumplir la ley y asegurar la aplicación de las sanciones ya vigentes.
 ]]></description><pubDate>Sat, 06 Jun 2026 01:00:00 +0000</pubDate><category>Editorial</category><content:encoded><![CDATA[<p>En su reciente cuenta pública, el Presidente José Antonio Kast anunció que se propondrá la creación de un Registro Único de Vándalos e Incivilidades, mediante el cual se busca “establecer un registro nacional de personas condenadas o sancionadas por actos de vandalismo e incivilidades que afecten los espacios públicos y la convivencia ciudadana”. Agregó que dicho registro “permitirá que quienes hayan cometido este tipo de delitos respondan por sus hechos a través de la pérdida de beneficios sociales”,<b> </b>como la gratuidad en educación, la Pensión Garantizada Universal (PGU) o el Subsidio de Arriendo. El Mandatario señaló que “no basta con combatir el crimen organizado y la delincuencia, sino también proteger a nuestros vecinos de aquellas conductas que van horadando nuestros barrios, que dañan nuestro patrimonio histórico y cultural, que alteran la tranquilidad de las familias y deterioran la infraestructura pública”.</p><p>No hay duda que la intención del gobierno en cuanto a desincentivar delitos graves o actos que dañan el espacio público y privado, así como conductas que afectan la vida cotidiana de la sociedad, está bien inspirada y responde a la evidencia de que acciones de esta naturaleza se han venido incrementando en los últimos años, como es el caso de los rayados de fachadas, el consumo de alcohol en la vía pública y otras más. Pero es evidente que no cualquier forma de combatirlas resulta lícita o pertinente, ya sea porque puede entrar a reñir con una serie de garantías constitucionales o porque en los hechos podrían ser carentes de efectividad.</p><p>No debe sorprender que el registro anunciado por el mandatario y la consecuente pérdida de una serie de beneficios ha encontrado un amplísimo respaldo en la ciudadanía -es evidente que la población ve aquí una forma se satisfacer el anhelo de mayores castigos-, pero tal como ha sido esbozado hasta aquí aparece más como una fórmula efectista, porque en los hechos es previsible que será muy difícil de poder aterrizar en medidas que resulten aplicables, pudiendo darse la paradoja de que ante sanciones tan severas los jueces se vean inhibidos de aplicar sanciones que puedan dar pie a su vez a la pérdida de una serie de beneficios, lo que por supuesto resultaría en un total contrasentido. </p><p>De acuerdo a lo que ha señalado el gobierno, entre los delitos que se considerarán para efectos de este registro se encuentran los atentados contra carabineros y personal de los servicios de salud, retención del transporte público, tráfico de estupefacientes y daño a monumentos nacionales. Asimismo, propone calificar como incivilidades conductas como venta ilegal de alcohol, consumo de drogas en la vía pública y rayados sin autorización a la propiedad pública y privada, entre otras. En los primeros casos, la iniciativa del Ejecutivo contemplaría la pérdida de beneficios sociales, como la gratuidad en educación, la Pensión Garantizada Universal o el Subsidio de Arriendo. Para el caso de las incivilidades, se está evaluando que los infractores queden impedidos de ciertos trámites como obtener o renovar licencia de conducir, obtener o renovar pasaportes e inscribir y transferir vehículos y propiedades. En todos los casos estas sanciones se extenderán por el tiempo que definirá la ley, aclarándose que el ingreso quedará sujeto a que previamente existan sentencias dictadas por parte de tribunales.</p><p>Desde luego, cada una de las conductas que se han descrito conlleva actualmente una sanción ya sea en el Código Penal o a través de ordenanzas municipales, si bien en la práctica se han presentado distintos proyectos de ley para sancionar de manera más específica algunas conductas, como los grafitis o los rayados de fachadas, pero en general de algún modo ya están descritas. Es claro que los delitos que incluirá el registro son de suyo gravísimos, y en algunos casos suponen penas elevadas, pero se abre la duda de si la pérdida de beneficios sociales que están contemplados por ley resultan proporcionales, tomando en cuenta además que la Constitución impide imponer como sanción la pérdida de derechos previsionales o la gratuidad. A ello cabe añadir que aun si fuera posible imponer estas sanciones adicionales, podría devenir en que los afectados vean aún más restringidas sus posibilidades de rehabilitación o que agraven su condición social, lo que necesariamente deberá ser ponderado una vez que se inicie el debate legislativo, considerando que además se abre el dilema de la doble sanción.</p><p>En lo que toca a las incivilidades, si bien en distintos instrumentos estas se han descrito, desde luego no solo requeriría que estas sean mejor precisadas si es que llevarán sanciones adicionales, sino además un trabajo exhaustivo para acotarlas mejor, pues en los hechos son muchas las conductas que podrían ser incluidas en este listado, lo que podría prestarse para la arbitrariedad. También cabe preguntarse si resulta lícito que se impida el acceso a la obtención de documentos de identidad, como es el caso del pasaporte.</p><p>Se parte del diagnóstico de que pese a las normas ya existentes, aun así las incivilidades siguen en aumento, en tanto que las normas penales no resultarían suficiente disuasivo. Es justamente aquí donde parece radicar el problema de fondo de este debate, porque si hay cada vez más infractores, sobre todo de incivilidades, cabe preguntarse si el solo hecho de que aparezcan en un listado será suficiente para inhibir conductas de este tipo. Parece claro que tal proliferación de conductas ilícitas y las constantes reincidencias responden más bien a que las actuales leyes y normativas no se están aplicando con el rigor que se esperaría, o bien que las multas u otras sanciones ya contempladas no son lo suficientemente estrictas, o que se deja en libertad con mucha facilidad a personas que incurren una y otra vez en estas conductas. Es aquí donde precisamente debería radicar el debate de fondo, pues el empeño de la autoridad debería estar puesto en que las leyes y las sanciones ya existentes se cumplan, y eventualmente endurecer algunas sanciones si es que estas ya no disuaden, porque esa es la manera más efectiva de prevenir y sancionar los delitos.</p><p>Con la creación del registro parece buscarse un camino para saltarse este debate de fondo, y asumir en los hechos que el sistema penal y las ordenanzas ya no cumplen un rol relevante -en otras palabras, que la justicia ha perdido eficacia-, y que por ello hay que pensar en mecanismos por “fuera” del sistema para asegurar un castigo efectivo, lo que entonces habla de que nuestro estado de derecho no está funcionando de manera óptima, y es allí entonces donde deberían enfocarse las soluciones. El gobierno hace bien en querer reforzar la importancia de disuadir delitos e incivilidades que amargan la vida de la sociedad, pero con medidas efectistas o poco prácticas no lo conseguirá, creando expectativas que defraudarán a la sociedad.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.latercera.com/resizer/v2/FTFFX52NURG4NLFXSWRCNLBTQA.JPG?auth=4640970edf17c8462a98eaa4c3c40dc8f9dd450122f912c00629041033f17556&amp;smart=true&amp;width=3500&amp;height=2333" type="image/jpeg" height="2333" width="3500"><media:description type="plain"><![CDATA[ Foto: Dedvi Missene]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dedvi Missene/La Tercera</media:credit></media:content></item></channel></rss>