<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[La Tercera]]></title><link>https://www.latercera.com</link><atom:link href="https://www.latercera.com/arc/outboundfeeds/rss/category/paula/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[La Tercera News Feed]]></description><lastBuildDate>Sat, 06 Jun 2026 01:32:00 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[A 10 años de los sellos negros: ¿estamos aprendiendo a comer mejor?]]></title><link>https://www.latercera.com/paula/noticia/a-10-anos-de-los-sellos-negros-estamos-aprendiendo-a-comer-mejor/</link><guid isPermaLink="true">https://www.latercera.com/paula/noticia/a-10-anos-de-los-sellos-negros-estamos-aprendiendo-a-comer-mejor/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina Melcher]]></dc:creator><description><![CDATA[La Ley de Etiquetado transformó envases, hábitos de compra y estrategias de la industria alimentaria. Una década después, vale la pena preguntarse qué impacto ha tenido realmente en la forma en que comemos.]]></description><pubDate>Fri, 05 Jun 2026 15:56:24 +0000</pubDate><category>Paula</category><content:encoded><![CDATA[<p><b>Cuando en 2012 se promulgó la Ley de Etiquetado de Alimentos en Chile, yo cursaba mi primer año de Nutrición.</b> Con los pocos conocimientos que tenía entonces, me parecía una política completamente revolucionaria. Y, en cierta medida, lo fue.</p><p>Aunque su implementación comenzó de manera gradual en 2016, <b>la ley no solo introdujo los conocidos sellos negros de advertencia. También restringió la publicidad dirigida a niños,</b> prohibió la venta y promoción de ciertos productos en establecimientos educacionales, reguló la forma en que muchos alimentos podían promocionarse al público infantil y eliminó personajes de los envases destinados a menores.</p><p>Recuerdo perfectamente algo que me hizo mucho ruido en ese momento. Cuando se anunció que el Viejito Pascuero ya no podría aparecer en chocolates navideños o que el conejo de Pascua desaparecería de ciertos productos, sentí que se estaba interviniendo algo más que el alimento en sí. Había algo de esas celebraciones y de mi propia infancia que también parecía quedar atrás.</p><p>Hace tiempo quería escribir sobre este tema, pero nunca desde una mirada simplista. <b>Recién ahora, a una década de la implementación de esta ley, contamos con la distancia suficiente para observarla con mayor perspectiva. </b>No para dictaminar si fue un éxito o un fracaso, sino para analizar sus efectos, reconocer sus límites y abrir preguntas que aún siguen sin respuesta.</p><p>Existen estudios que muestran cambios en las decisiones de compra, una mayor atención a la información nutricional e incluso reformulaciones por parte de la industria alimentaria. El mensaje era simple y fácil de comprender: mientras más sellos tiene un producto, menos saludable parece ser.</p><p>Pero la pregunta que me interesa es otra: ¿esto realmente está ayudando a que las personas estén más sanas?</p><p><b>Hasta ahora, la evidencia no ha demostrado de manera contundente que los sellos, por sí solos, hayan logrado transformar los complejos problemas de salud que buscaban abordar. </b>Y tiene sentido. La alimentación está determinada por múltiples factores que van mucho más allá de una advertencia impresa en un envase: el acceso económico, el estrés, la cultura, el entorno familiar y, por supuesto, la salud mental.</p><p>Muchas personas siguen comprando productos con sellos porque les gustan, porque son accesibles o simplemente porque son los alimentos que pueden pagar. Mientras tanto,<b> algunas reformulaciones han reemplazado el azúcar por edulcorantes u otros ingredientes difíciles de identificar para la mayoría de las personas, abriendo nuevos debates sobre qué entendemos realmente por una alimentación más saludable.</b></p><p>Sin embargo, hay un aspecto del que se habla mucho menos y que merece más atención: el impacto que este tipo de mensajes puede tener en nuestra relación con la comida.</p><p>Todavía existe poca investigación directa sobre este tema. Aun así, diversas <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9803757/" rel="">revisiones científicas</a> y <b>especialistas han planteado preocupaciones respecto de cómo ciertos mensajes nutricionales simplificados podrían influir en la forma en que las personas se relacionan con los alimentos, </b>especialmente quienes tienen antecedentes de trastornos alimentarios o largos historiales de dietas restrictivas. Entre las principales inquietudes aparecen el miedo alimentario, la culpa asociada al consumo de ciertos productos y la tendencia a clasificar los alimentos como “buenos” y “malos”.</p><p>Quizás por eso este tema me genera tanta inquietud. Porque son situaciones que llevo años observando y escuchando en consulta.</p><p>Las personas con TCA (trastornos de la conducta alimentaria), ansiedad alimentaria o una larga historia de dietas suelen quedar atrapadas con facilidad en cosas como estas. Algunas dejan de disfrutar alimentos que les gustan por culpa. Otras terminan creyendo que comer saludable consiste simplemente en evitar los productos con más sellos. <b>Poco a poco, la alimentación deja de estar guiada por las necesidades del cuerpo y pasa a estar determinada por el miedo a equivocarse.</b></p><p>Lo complejo es que esta lógica ya no aparece únicamente en redes sociales o en la cultura de las dietas. También se ha ido instalando en consultas de salud, campañas publicitarias y comerciales de televisión. Una y otra vez escuchamos que debemos preferir los productos con menos sellos, como si la calidad de una alimentación pudiera resumirse en un único indicador.</p><p>Pero comer nunca ha sido tan simple.</p><p>La alimentación también está atravesada por la cultura, la salud mental, las necesidades físicas, el acceso a los alimentos, las experiencias de vida, el contexto familiar y el placer de comer. <b>Reducirla únicamente a una etiqueta es desconocer buena parte de su complejidad.</b></p><p>Por eso creo que esta discusión necesita más matices.<b> </b>Porque una política pública puede nacer con buenas intenciones y, al mismo tiempo, generar efectos que vale la pena examinar críticamente.</p><p><b>Diez años después, quizás la pregunta ya no es solo cuánta información entregan los sellos, sino también qué tipo de relación con la comida están ayudando a construir.</b> Y si, en algunos casos, esa relación puede terminar teniendo costos para la salud mental.</p><p>Porque si algo he aprendido acompañando a personas durante años, es que comer con más miedo rara vez se traduce en comer mejor.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.latercera.com/resizer/v2/5DG3HCIPOBDSBJP44AIPX4RBF4.png?auth=2fd328eebbd2fc0daaad017da03627a1e305d2489caa3142fb6a184411349e11&amp;smart=true&amp;width=1600&amp;height=900" type="image/png" height="900" width="1600"/></item><item><title><![CDATA[186 años de bodas chilenas en fotografías]]></title><link>https://www.latercera.com/paula/noticia/186-anos-de-bodas-chilenas-en-fotografias/</link><guid isPermaLink="true">https://www.latercera.com/paula/noticia/186-anos-de-bodas-chilenas-en-fotografias/</guid><dc:creator><![CDATA[Equipo Paula]]></dc:creator><description><![CDATA[El libro 'Archivo Brügmann: Fotografías de matrimonios en Chile 1840–2026' reconstruye, a través de 200 imágenes rescatadas de remates, desvanes y donaciones familiares, lo que las fotografías de boda revelan sobre sus respectivas época: el color del vestido que marcaba la clase social, la ley que definía el lugar de la mujer, la hora en que había que terminar el brindis para llegar antes del toque de queda. El libro, editado junto a Amo Santiago con el apoyo del Fondart Región Metropolitana 2025, se lanzó la semana pasada. ]]></description><pubDate>Thu, 04 Jun 2026 21:23:44 +0000</pubDate><category>Paula</category><content:encoded><![CDATA[<p><b>En Chile, casarse de blanco no siempre fue una tradición: fue, durante décadas, una cuestión de dinero.</b> Conseguir una tela fina en ese tono y mantenerla impoluta estaba al alcance de muy pocas familias chilenas del siglo XIX, por lo que lo habitual era llegar al altar de negro, burdeo, azul o simplemente con el mejor vestido disponible. El negro, lejos de ser una elección económica, era a menudo una pieza de gran calidad: bastaba añadir un velo blanco y flores de azahar para convertirlo en atuendo nupcial. El ideal de la novia de blanco llegó desde Europa de la mano de las revistas de moda –tras la boda de la Reina Victoria en 1840– y tomó décadas en imponerse. </p><p>Ese es uno de los hallazgos que recorre <i><b>Archivo Brügmann: Fotografías de matrimonios en Chile 1840–2026</b></i><b>,</b> la nueva investigación del Archivo Patrimonial Brügmann. <b>En más de 220 páginas y con 200 fotografías, el libro explora qué revela sobre Chile, sus costumbres, sus clases sociales y sus momentos políticos, el registro de uno de los rituales más íntimos y colectivos de su historia a lo largo de 186 años.</b></p><img src="https://www.latercera.com/resizer/v2/43ELRPYLR5AKLC7OPUN5AUIPZE.png?auth=f96b2a5b07d8038675e061319009301af650ccea5a0e0133b31189763f6ef164&smart=true&width=1600&height=900" alt="" height="900" width="1600"/><p>La pregunta que organiza el libro es aparentemente simple: ¿qué se puede leer en una fotografía de matrimonio? La respuesta, como muestra la investigación, es casi todo. El color y el corte del vestido muestran la época y la clase social. La puesta en escena –si la foto fue tomada en un estudio profesional, en la puerta de la iglesia o durante la fiesta– habla de los códigos de cada década: hasta mediados del siglo XX era habitual que los recién casados interrumpieran el camino entre la iglesia y la celebración para tomarse el retrato formal en un estudio fotográfico, una práctica que fue desapareciendo con la era digital. La iglesia elegida ubica a la familia en el mapa social de su ciudad. Los regalos exhibidos junto a los novios revelan la economía de los invitados. Incluso la presencia de curiosos aglomerados en la vereda –una tradición popular hoy casi extinta– dice algo de cómo el matrimonio fue, hasta hace no tanto, un espectáculo colectivo.</p><p><b>Las fotografías que componen el libro provienen de décadas de recopilación paciente de los investigadores Fernando Imas Brügmann y Mario Rojas Torrejón, fundadores del Archivo Patrimonial Brügmann: mercados de pulgas, remates, desvanes familiares, donaciones de herederos que encontraron cajas de imágenes sin rostros conocidos.</b> Son en su mayoría fotografías vernáculas y anónimas que, de no haber sido rescatadas, habrían desaparecido para siempre. </p><img src="https://www.latercera.com/resizer/v2/AFIA54VNVZBLHOVB5QTZYMWPWU.png?auth=3589c343ecace2b28195a0387d74fcd709e3c7f2b2cfb0c13b1c62778c1773f1&smart=true&width=1600&height=900" alt="Matrimonio Figueroa Sotomayor, 1955 / Delia Feliu, 1945" height="900" width="1600"/><p>Cada imagen fue identificada, fechada y, cuando fue posible, investigada: quiénes son sus protagonistas, dónde se casaron, qué pasó con sus vidas. A ese trabajo de archivo se suma el análisis histórico de la historiadora Magdalena Dittborn Callejas, que recorre las transformaciones legales, económicas y culturales del matrimonio en Chile.</p><p>“Más que un simple registro, la fotografía nupcial funcionaba como una declaración pública: no solo documentaba la unión de dos personas, sino también el encuentro de familias, patrimonios y proyectos de vida”, explica Fernando Imas Brügmann. “Por lo mismo, constituyen una memoria visual indispensable para comprender quiénes fuimos y quiénes somos”, añade Mario Rojas. “Resguardar este tipo de acervos no es solo un ejercicio de nostalgia, sino también una herramienta para proyectarnos hacia el futuro”.</p><img src="https://www.latercera.com/resizer/v2/QVPMAABHQFEG7IQSZHK3PHD4F4.png?auth=10684f5bc993bffbb5ad1bcaa6508fe07dee158c42975651ffe12d500a675066&smart=true&width=1600&height=900" alt="Elena Opazo 5 abril 1930 casada con Mario Astoreca / Matrimonio años 40" height="900" width="1600"/><p><b>Entre los hallazgos más sorprendentes está el lugar que ocupaba la mujer dentro del matrimonio como institución. “Durante gran parte del siglo XX, la mujer casada era legalmente considerada una ‘incapaz relativa’”, explica Dittborn.</b> “Dependía del marido incluso para administrar sus propios bienes, una condición que se mantuvo hasta casi fines de siglo”. Así, el ajuar –las sábanas, manteles y ropa de cama que la novia bordaba con iniciales meses antes de la boda– no era solo una tradición doméstica: era la forma en que la mujer preparaba, puntada a puntada, la vida que la ley ya había definido por ella. </p><p>El libro rastrea también cómo esa definición legal fue cambiando: desde la figura del matrimonio civil obligatorio, hasta la irrupción del Acuerdo de Unión Civil en 2015<b> </b>y la entrada en vigencia del matrimonio igualitario en 2022, hitos que ampliaron radicalmente quiénes podían protagonizar esa escena reconocible de dos personas que deciden encontrarse.</p><img src="https://www.latercera.com/resizer/v2/BEBBCTCDLFGHBNKLOPNSYPYZDA.png?auth=eae627593bdea7fabfa1e188806a8f44982fbe4708c8721df6301d4286ddaa07&smart=true&width=1600&height=900" alt="Matrimonio civil Montero Flores, 1962" height="900" width="1600"/><p>Y también explora cómo las celebraciones se adaptaron a los momentos políticos más críticos: en la década de 1970 y 1980, era habitual terminar el brindis a media tarde para llegar a casa antes del toque de queda. <b>“El ritual del matrimonio, y todo lo que lo rodea, nunca ha sido estático: cambia en sus formas, en sus ritos, en sus maneras de celebrarse. Es, al fin y al cabo, un espejo de su tiempo: social, económico y cultural.</b> Y es precisamente ahí, en esos detalles que dan forma a la celebración, donde cada época deja su huella”, enfatiza Dittborn.</p><p>Entre las bodas documentadas aparecen algunas con interés histórico adicional: la del ex <b>Presidente Sebastián Piñera con Cecilia Morel</b> el 21 de diciembre de 1973 en una ceremonia íntima en Santiago; el matrimonio del ex ministro del Interior <b>Edmundo Pérez Yoma con Paz Vergara Larraín</b> en 1965, donde asistió el ex Presidente Eduardo Frei Montalva; y la boda del artista visual <b>Claudio Di Girolamo con Carmen Quesney</b> Besa en 1955 con un desayuno sencillo junto a los vecinos de la población donde se habían conocido haciendo voluntariado. </p><img src="https://www.latercera.com/resizer/v2/WHEN7AD7YZB45BNOV6APYV6XVM.png?auth=5c854601f77bc0666fdfdaa1a2d4d21ff142ddf5760e9d5ff293e1b0f3baea58&smart=true&width=1600&height=900" alt="Matrimonio Rush Reichhard, 1970" height="900" width="1600"/><p>Bodas que comparten páginas con otras donde, si bien los novios no eran figuras públicas, las fotografías que registran la celebración aportan datos y costumbres igualmente reveladoras. Como el de <b>una novia que en plena Unidad Popular, cuando las telas escaseaban, confeccionó su vestido con chales de lana chilota que encontró en una tienda de CEMA Chile.</b> O la boda de José Padilla Caroca, católico cuasimodista de 24 años, y Susana Arriagada Cisternas, agnóstica y militante socialista de 32, quienes en 1974 se casaron en el registro civil con ella vestida de rojo. “En cada boda, en sus gestos y detalles, hay algo más que una fiesta: el reflejo de una época”, dice Dittborn.</p><p>El libro cierra en 2026 con el matrimonio de Florencia Ibarra y Benjamín Alcalde, dos influencers que al día siguiente de casarse se vistieron nuevamente de novios para visitar a los abuelos que no habían podido asistir a la ceremonia. El video de ese gesto se volvió viral: una imagen contemporánea que conecta directamente con algo que el libro muestra en cada una de sus páginas: que la necesidad de ritualizar el matrimonio –de dejarlo registrado, de compartirlo con quienes uno quiere– no ha cambiado en más de 180 años. Lo que cambia, década a década, es cómo.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.latercera.com/resizer/v2/OFTRIAPGABDBNKDXCEH6SPNT4M.png?auth=468d796dafe058ec4ef214be3bc7e3fe2c84e5d41f4aedf6d0af899a3d537268&amp;smart=true&amp;width=1600&amp;height=900" type="image/png" height="900" width="1600"><media:description type="plain"><![CDATA[Patricia Muñoz de Laiseca, 1966 / Matrimonio Salcedo Rossel, 1884]]></media:description></media:content></item></channel></rss>