Fito Páez: "¡Dejen de hacerse los listos en Twitter!"

El argentino protagonizó la semana pasada un histórico show en el Carnegie Hall de Nueva York, para después hablar con La Tercera de música, matemáticas, redes sociales, feminismo y la crisis eterna de su país.



Fito Páez se ríe y se pregunta: "Yo no sé si alguna vez el Carnegie Hall vivió algo similar".

Cerca de una hora antes, un treinteañero de abdomen exuberante, que parece recién salido de una parrilla situada a pasos de La Bombonera, se saca su polera y comienza a agitarla desde los balcones dorados y señoriales de uno de los recintos más legendarios para la música en Nueva York. Abajo, en las butacas, ya nadie respeta ubicaciones, todos se agolpan al borde del escenario alzando sus celulares, y dos banderas, una chilena y otra colombiana, flamean entre la vorágine. En los pasillos interiores del sitio hay imágenes en blanco y negro de todos los que alguna vez pasaron por ahí desde su fundación en 1887, como Charles Chaplin, Ella Fitzgerald, The Beatles o Marian Anderson, testigos silenciosos del quilombo.

Y más adentro, en los camarines, Páez, casi recién bajado del escenario, con dos horas y media de espectáculo aún atoradas en la garganta, seguramente pensando en todo eso, con el partido todavía jugándose en su cabeza, parece responderse a sí mismo: "Este público es latinoamericano, entonces esperaba un poco de esto que pasó. O quizás no tanto (se ríe)".

Es la misma audiencia -en su mayoría argentina y repartida también entre mexicanos, colombianos y chilenos- que acaba de presenciar uno de los conciertos más importantes de su trayectoria. Luego de Astor Piazzolla, Mercedes Sosa y la pianista Martha Argerich, el músico se convirtió el pasado viernes 28 de septiembre en el cuarto argentino en ofrecer un espectáculo en solitario en el sitio enclavado en pleno Manhattan, en un cruce de imágenes que funde el Río de la Plata con la Gran Manzana y que pareció fantasear hace casi tres décadas en el hit Tercer mundo, donde hablaba de "un imperio muy grande", con "una patria de México al pie" y en que "el gordo Porcel canta rock" y "los Pimpinela van por la Quinta Avenida". Pura argentinidad.

Igual que al momento de Brillante sobre el mic, ya sobre el epílogo del concierto, cuando el propio artista pide a viva voz "¡prendan todos los celulares!", desafiando el estricto reglamento del recinto, que en una de sus pantallas exige que los teléfonos se mantengan apagados durante la presentación. Cuando Fito incita exactamente a lo contrario, varios entre el público miran a los fornidos guardias que merodean los pasillos y lanzan una carcajada burlona.

"Cuando vivís algo como esto, siempre es mejor que los sueños, porque es real (ríe). Estoy muy shockeado todavía, con los nervios de punta, fue hermoso, muy conmovedor. La banda tocó impecable, la orquesta también. Ninguna persona que pase por una situación como la mía puede decir que no es feliz", cuenta tras el evento a Culto.

-¿Es especial tocar hoy en EE.UU., para un público latino, con un presidente como Trump?

-Mirá, yo no vivo aquí, entonces para mí fue tocar en un teatro que es la historia de la música universal. Ahora, inevitablemente cuando estás aquí, empiezas a oír voces y me da la sensación que el efecto del Presidente electo por los Estados Unidos sobre la comunidad latinoamericana es algo que merece muchísima atención, a nivel de la reflexión sobre situaciones tan delicadas, en las que las familias son separadas, donde se empezó a construir un muro... Y la propia comunidad latina tiene que reflexionar en su quehacer dentro de este país y ver qué decide, porque también se sabe que ellos definen todo aquí. No quiero meterme, no me corresponde. Creo que invita a una reflexión la situación, es algo confusa e inquietante.

-Pero ha estado varios días en Nueva York ensayando. ¿La ciudad o el país le pareció distinto?

-Es que tú sabes, vengo de estar en Colombia haciendo prensa, presentando videos, películas en festivales de cine, llegué acá, me puse a ensayar, salí a caminar un rato, no tengo tiempo de interiorizarme de la vida política en el punto que vos me estás pidiendo como para que dé una opinión seria sobre los Estados Unidos. No lo sé, no me da la cabeza, estoy pensando en las partituras, en las novelas que tengo que escribir. Mis elementos no son sólo las palabras y las ideas, no necesito muchas veces las palabras, necesito estar inspirado y conectar con el corazón adentro de la música para puro transmitir emociones. A veces veo, en general, a los escritores que solo están con el bla, bla, bla y el balbuceo. Por suerte la música no precisa de eso, leer tantas opiniones sobre tantas cosas.

-¿Se refiere a la opinología de ciertos sectores?

-Claro. Ya tengo yo un sistema crítico muy férreo, muy duro, para tener que convivir con él y sobrepasarlo segundo a segundo para poder plasmar una obra y ponerla en escena. Eso me lleva un montón de tiempo, encima crío dos hijos y atiendo a toda mi familia como corresponde, como así me atienden a mí también. Digo, pero ya para ponerme a hablar de historia… no, uuuff. Sigue la música, de eso si podemos hablar.

Hablemos de música: en sólo dos meses de preparación, el rosarino juntó a 21 músicos -más los cuatro de su conjunto habitual- bajo la batuta del director bonaerense Ezequiel Silberstein, orquesta que le dio mayor espesor y pompa a canciones de todo su catálogo, partiendo con una intro sinfónica de Mariposa Teknicolor, para después seguir con Buenos Aires rufián, Cadáver exquisito, 11 y 6 (coreada a capela por la gente en las primeras dos estrofas, uno de los minutos memorables de la velada), Tema de Piluso, Giros y Cable a tierra, composición en que se encargó de advertir: "algunos van a llorar con esta". Y efectivamente caen lágrimas.

Después, la emoción cambia de mano, pasa del público al escenario y es el propio músico, vestido con un llamativo traje verde turquesa, quien viaja a su mundo privado: "esta es una de mis mejores canciones, escrita en unos años salvajes", anuncia antes de Tumbas de la gloria.

"Pero la música es matemáticas. Es sólo matemática", dirá Páez minutos después en el backstage, quizás poniéndole demasiada razón y cerebro a tanta euforia, sollozos, piel de gallina y poleras al aire que brotaron entre los latinos que llegaron hasta el Carnegie Hall.

Aunque es su forma de explicar un espectáculo titánico, único en el tiempo y el espacio, ya que -por motivos financieros y para quizás repetirlo a futuro- no se grabó para ningún registro: "Vos ves una partitura de Mozart y son sólo símbolos, casi científicos. Por supuesto que el corazón que le ponés a esos símbolos es otra cosa. A mí la matemática me sirvió esta vez para engarzar dos planetas o dos satélites distintos, como son mi banda y la orquesta. Y la lista de temas también llevó mucho tiempo".

Ese listado incluyó temas de su último álbum, La ciudad liberada (2017). Pero en ese disco hay dos que me llamaron la atención: El ataque de los gorilas, una crítica a las redes sociales y donde califica a Twitter de "pájaro ruin". Asumo que no le gusta, pese que hoy es la herramienta de muchos músicos para promocionar su obra.

Que sé yo. Esa es la democracia, esa es la libertad. Me aburre, están todos drenando odio y haciéndose los listos y los inteligentes; la muerte se lleva todo. ¡Déjense de hacerse los listos en Twitter! Me dan mucho miedo los batallones cibernéticos, eso sí. Hace poco hicieron un informe, no sé si fue Unicef o una de estas organizaciones, sobre cómo se forman los trolls. El batallón de trolls. Es siniestro. Me recordó cuando vi la escena de Espartaco, de Kubrick, donde muestran cómo se arma el batallón romano para cargarse al batallón de Espartaco. Eso mete miedo, vuelve a ver la escena y vas a ver que te va a dar miedo.

-Las reacciones en Twitter a veces pueden dar miedo.

-Es que hasta a mí me daba gracia, hasta que leí esto: cómo está organizado el sistema de ataque mediático hacia una persona, una organización, un partido político, o lo que coño sea; es un arma bélica que engendra odio y veneno. O sea, ahora me mete un poco de miedo: se hacen un poco los listos ahí en Twitter, a ver quién es el más ingenioso, el que hace la chicana más inteligente. No sé, no me gusta.

-Otra canción llamativa es "Aleluya al sol", con esta frase: "Ojalá los hombres fuéramos mujeres por al menos un segundo". ¿Cómo ve el tema de la paridad de género en el ámbito que usted más conoce, la música popular? O en el rock: ¿A las mujeres se les trata mejor? ¿Es un mundo machista?

-Yo recuerdo a Aretha Franklin, Joni Mitchell, Chabuca Granda, Violeta Parra, Omara Portuondo, Mercedes Sosa, Carole King, Lola Flores, o sea, que sé yo, una lista interminable. Mi vida está llena de mujeres músicas y cantantes. Hay un montón de escritoras extraordinarias, y de artistas gays, y drag queens y lesbianas; y eso no define nada. La pasión por el hacer no está ligada a la cuestión de género, eso es solo tu voluntad, porque eso se hace adentro de una habitación, ¡adentro de la habitación!, y ahí el único dueño de tu voluntad sos vos. Nunca tuve ningún problema con nadie de ninguna naturaleza por ser de tal o cual género, o no género o transgénero o lo que coño sea. En mi casa se bebe y se toca el piano tengas pito, tengas tetas, culo, te guste esto o lo otro; no importa eso en mi casa. Da lo mismo. Entiendo que afuera hay un problema bárbaro, pero no en mi casa ni en mi familia.

-En Argentina en particular ha sido un tema durante este año.

-Nosotros en Argentina tenemos Ni una Menos, fue un movimiento fundamental que empezó en 2014.

-Hace poco pasó lo del rechazo a la nueva ley de aborto.

-Pero no pasa nada. Eso va a salir el año que viene o el otro. Ya se ganó esa batalla cultural, está ganada. Son los últimos estertores de una generación conservadora que no va a poder parar el bienestar de las mujeres que merecen ser atendidas en casos extremos.

-Y a propósito de Argentina, justo esta semana que usted ha estado en Nueva York hubo un paro nacional contra el gobierno.

-¡Estuve ensayando y escribiendo! Sé que hay un quilombo bárbaro, cambiaron al ministro (N de la R: el Presidente del Banco Central argentino renunció). O sea, cambiaron al país, se están todos hundiendo. También nosotros deberíamos revisar qué pasa con la gente que elegimos, pero voy a leer los diarios ahora cuando llegue. Por el momento, no puedo hablar de lo que no sé, sé que hay un quilombo bárbaro y lo único que quiero es que toda la gente que lo está pasando mal, no la pase más mal, que se arregle, y que todo el mundo pueda vivir con un plato de comida en la mesa, con un trabajo digno y generando bienestar para la tribu y para la comunidad. Eso es lo que todo deseamos para nuestro país, para el continente, para los países vecinos, para el mundo.

-En particular para Argentina, que parece siempre enfrentar crisis cíclicas de las que no sale.

-¡Para todos! ¡Para todos, che! Un plato de comida y trabajo, che, no es tan difícil. Y que la gente que tiene mucha guita también ponga su parte para que todo se arregle.

-Puede que en Argentina eso sea lo más difícil...

-Ah bueno…

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