La "marea roja" por Iron Maiden: fans chilenos llegan en masa a ver al conjunto en Río

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La banda se presentará esta noche en el festival que podría llegar en 2021 a Santiago.


Carlos, un artesano colombiano que vende pulseras en Copacabana y avecindado hace un año en Río de Janeiro - "el negocio está aquí mucho mejor que en Cartagena de Indias", diagnostica- cuenta que para la Copa América de junio vio a la "marea roja" descargando ceacheís y clavando banderas tricolores en distintos puntos de la playa; ahora el escenario es parecido, según dice, salvo que los protagonistas visten de negro.

Y está vez, el fanatismo no es por la camiseta o por la pelotita: es por la Doncella de Hierro. En los últimos días, muchos seguidores chilenos han llegado hasta la ciudad del carnaval para decir presente en el concierto que Iron Maiden dará esta noche en el festival Rock in Rio.

Es el caso de Fernando Catalán, una suerte de líder que encabeza un grupo de 13 fans que arribaron desde Maipú. Todos se endeudaron, todos rogaron permisos especiales en sus trabajos y todos se quedan en una hostal a solo cuadras de Copacabana. Y todos caminan por el arena de riguroso negro, con poleras que exhiben la reconocida imaginería de los ingleses, mientras el sol golpea con furia y sin clemencia, en claro contraste con los cuerpos bronceados, cincelados y atléticos que desfilan y trotan por la avenida Atlántida. Horas de gimnasio contra horas de cervezas.

Sebastián Fuentes y Cristina Díaz vienen de la Quinta región y quieren escapar del calor, pero no de la devoción. Por lo mismo, fueron hasta el acceso del emblemático hotel Copacabana Palace bajo la esperanza de observar o saludar a lo lejos a algún miembro de la agrupación. Hasta hora, solo corre el dato de que ayer visitaron casi de incógnitos obligaciones turísticas como el Pan de Azúcar o Ipanema.

Claudio Aburto llegó el miércoles y se conforma con disfrutarlos de cerca en el escenario: los verá está noche, y también en sus próximas dos fechas en Chile, el 14 de este mes en el Movistar Arena y un día después en el Estadio Nacional.

Para todos, la repetición es lo que vale. Verlos una y otra vez en ciudades o lugares diferentes. Aquí no se acepta aquel reproche de "pero si los vas a ver en Chile, para que vas a viajar hasta Río?". Por Maiden se peregrina con fe ciega por todas las latitudes posibles.

Un culto que aplauden hasta los propios cariocas, muchos de ellos también enfundados en negro y que solicitan tomarse fotos con la bulliciosa barra chilena. Un fanatismo que, al menos por hoy, va más allá de las fronteras nacionales.

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