Guía para entender a Billie Eilish

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La nueva reina del pop aún vive con sus padres, sufre diversos trastornos siquiátricos, oculta su cuerpo y le canta a los antidepresivos. En junio trae a Chile un menú 100% vegano y un disco grabado en su casa, cuyo éxito global se lee como el fin de una era y el triunfo de "lo raro" en la música. "Fuera de su incuestionable talento, no parece diferente a los otros niños de su generación", asegura a Culto uno de sus descubridores.



La ganadora que no quería más premios

Para quienes hace una semana sintonizaron los premios Grammy en la televisión y se sintieron algo perdidos, desconectados o derechamente ajenos al griterío desatado por Ariana Grande, BTS y otras estrellas juveniles de la música actual, la distancia con Billie Eilish debió haber sido casi sideral. Porque la cantante que cumplió 18 años en diciembre, la misma que horas después se coronaría como la gran ganadora de la velada, no sólo es mucho menor que casi todos sus colegas ("es tan de la Generación Z que hace que los veinteañeros se sientan antiguos", dijo la revista Rolling Stone), sino que tampoco se parece a ellos. Con maquillaje mínimo, pelo verde y ropa varias tallas más grande, Eilish (Los Angeles, 2001), sentada en las primeras filas del Staples Center la noche del pasado domingo, parecía implorar ayuda al cielo para no tener que volver a sufrir el suplicio de vencer a todos y subir al escenario a recoger otro gramófono. "Por favor que no sea yo", balbuceó la solista en un momento captado por las cámaras. Sus plegarias no fueron atendidas y terminó arrasando, llevándose cinco premios -incluyendo los cuatro más importantes- por When we all fall asleep, where do we go?, el disco debut que grabó en su casa junto a su hermano, Finneas O'Connell.

Su triunfo, eso sí, empezó horas antes, en la alfombra roja del evento, donde lució un holgado traje Gucci y una pañoleta que cubría su boca. "Nadie puede opinar porque no saben lo que hay debajo", ha dicho para explicar su predilección por la ropa grande, lejos de los vestidos vaporosos y las competencias por el mejor look que libran sus colegas.

Fue una noche consagratoria a todo nivel para Eilish, la primera popstar nacida en este milenio, cuyo fenómeno sólo crece: en los últimos días fue invitada a la entrega de los premios Oscar y próximamente estrenará el tema central de la nueva película de la saga James Bond, No time to die.

El triunfo de la rareza

"Weirdness" (rareza) es una palabra que la prensa estadounidense repite al abordar a Eilish y su impacto global. "El triunfo de lo raro" tituló Rolling Stone en la primera portada que le dedicó, donde destacó la música algo oscura y siniestra de su inclasificable disco debut, que comienza con el sonido de su boca quitándose los frenillos, para luego desplegar imágenes y frases que parecen sintonizar a la perfección con la sensibilidad centennial. Desde Wish you were gay, donde fantasea con una supuesta homosexualidad de la persona que la rechazó, hasta Xanny, inspirada en el ansiolítico Xanax, de extendido uso recreativo entre la juventud estadounidense. "Simplemente quería que sonara miserable", comentó la autora a MTV sobre la vibra de la canción. Los buscadores y foros de internet también dan cuenta del interés de la gente por cada singularidad de la cantante: desde su look "anti-cosificación" a las diversas patologías con las que convive, como la sinestesia y el síndrome de Tourette, que reconoció en Instagram luego que surgieran en la web compilados de sus tics.

Una visita verde

Tras el éxito de Bad guy (2019), su gran himno a la fecha, Eilish pasó a ser uno de los nombres más requeridos por los productores de conciertos. También en Chile, donde además de su impacto en Spotify se instaló entre el selecto grupo de artistas anglo -junto con Ed Sheeran y Dua Lipa- con presencia sostenida en el top diez radial. Y aunque estuvo cerca de llegar a la versión local de Lollapalooza -que intentó traerla en 2019 y este año-, la inevitable extensión de su gira por EE.UU. movió su debut en el país para el 5 de junio en el Movistar Arena. Un concierto que vendió todas sus entradas en una semana -en octubre pasado- y que tendrá un marcado sello verde: conocida por su activismo medioambiental, una preocupación marcada en su generación, la solista llega con un espectáculo en el que los asistentes podrán llevar botellas reutilizables y llenarlas con agua en el recinto, se prohibirá el uso de bombillas plásticas y se instalará un sector especial (Billie Eilish Eco-Village) donde el público recibirá información sobre el cambio climático. Además, la cantante solicitó a la producción local un menú 100% por ciento vegano para ella y su grupo cercano.

El origen de una estrella atípica

"Esto está dedicado para todos los niños que están haciendo música en sus piezas", dijo Finneas O'Connell, de pie junto a su hermana tras recibir uno de los cinco Grammy que obtuvieron el domingo pasado. Fue la consagración de una dupla que ha trabajado en conjunto toda su vida y que recibió clases de música de su madre, siempre en la casa familiar de Highland Park (Los Angeles), donde la artista aún vive. Ésta última compuso su primera canción a los cuatro años y cita como referentes a Amy Winehouse, las Spice Girls -que se separaron antes que ella naciera, por lo que por años creyó que eran un grupo ficticio- y la noruega Aurora, con quien comparte un imaginario visual de sangre, colores y demonios internos. También Lana Del Rey, cuya influencia se escucha en Ocean's eyes, el primer éxito de Eilish, que lanzó a los 14 años, en 2016.

El autor y editor estadounidense Mathias Rosenzweig conoció a la cantante por esos días, cuando le realizó para la revista Vogue su primera entrevista oficial. "Con toda honestidad, parecía una niña completamente normal y con la que te podías identificar, que pasaba su tiempo libre imitando videos musicales en su patio y soñando con convertirse en una artista famosa", cuenta a Culto.

Desde entonces, el fenómeno en torno a Eilish sólo se ha expandido, tanto a nivel de reproducciones y premios como también en impacto mediático. Hace un año y medio, The New York Times la presentó como "no la típica estrella pop de 17 años, acostúmbrense a ella". Billboard la llamó "la niña símbolo de la era de éxito del streaing" y el sitio inglés NME la ungió como "la adolescente de la que más se habla en el planeta".

Una revolución bajo reglas establecidas

Tras su triunfo en los Grammy y el impacto de su disco, que la convirtió en la primera artista nacida en este siglo con un álbum y un sencillo número uno del Billboard, lo de Eilish ha sido interpretado como una revolución en la cultura popular. O al menos, la constatación definitiva de un relevo generacional en la industria, por parte de un medio y una prensa adulta que no encuentra referentes para lo que tiene al frente. Y aunque la originalidad de su propuesta y la factura doméstica de su álbum -al igual que Old town road de Lil Nas X, el otro fenómeno anglo de la temporada grabado en una pieza- ha dado pie a que se hable de un cambio de paradigma en la música, lo cierto es que éste es más de forma que de fondo. De hecho, a los 14 años, Eilish ya tenía un mánager y había firmado con una disquera (The darkroom, filial de la multinacional Universal), siguiendo el camino habitual de los aspirantes a estrellas.

"Que una chica blanca de belleza tradicional haya sido elevada como rostro de la diferencia y la 'rareza' este año, nos recuerda que a medida que las cosas cambian en el pop, al mismo tiempo siguen siendo iguales", apuntó el columnista de cultura de BuzzFeed, Pier Domínguez.

Mathias Rosenzweig, el primer periodista que la entrevistó, incluso entrega una mirada opuesta a la predominante: "Dado su éxito actual, su narrativa es muy inspiradora. Hace que lo imposible se sienta posible. Creo que justamente es esa normalidad y la capacidad de identificarse con ella las que han sido claves para su éxito. Sus fanáticos se ven en Billie, ella no es una estrella pop intocable e inaccesible como Beyoncé. Fuera de su incuestionable talento, no parece diferente a los otros niños de su generación", dice a Culto.

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