Liberen a Britney: la batalla de la princesa del pop

Britney Spears quiere recuperar su vida bajo tutela parental. La cantante que solía ser el comidillo de la prensa, ahora utiliza las redes sociales y el movimiento #FreeBritney para enfrentar a su padre. ¿Está realmente en condiciones?



“Si buscas problemas viniste al lugar correcto”, susurró profética Britney Spears el 9 de septiembre de 2007 en los premios VMA. La pista sobre la cual apenas movía los labios tributaba una secuencia iconográfica del Elvis comeback special que marcó el renacimiento del rey del rock en 1968. En cambio, la princesa del pop sucumbió en aquella premiación completamente desorientada. Ya no era la diosa sexual que se contoneaba despampanante con una boa sobre sus hombros en la misma premiación seis años antes, sino que apenas recordaba la coreografía. Elvis y Britney comparten otros links como el origen pobre en el sur profundo de Estados Unidos, y la incapacidad para superar los cercos familiares y las costumbres pueblerinas a pesar del estrellato. En una mezcla de fascinación y desprecio, se convirtió en un lugar común para los medios asociar sus nombres a la categoría white trash.

La señal de Britney rapándose frente a las cámaras en febrero de 2007, para después arremeter a paraguazos contra los paparazzis, combinó hastío y desesperación ante la presión mediática pendiente de su descarriada vida privada, que por entonces enfrentaba un sobregiro de fiestas regadas con Paris Hilton, el divorcio de Kevin Federline, la crianza de dos niños pequeños y una carrera como la mayor estrella femenina de la década.

La artista de 38 años ahora busca la complicidad de la opinión pública, que solía crucificarla, para recuperar el control sobre su vida. Ha manifestado tácito reconocimiento al movimiento #FreeBritney, que aboga por su libertad sujeta desde comienzos de 2008 a la tutela del padre James Spears, responsable de las grandes decisiones financieras, la salud y los detalles cotidianos de su famosa hija.

A fines de agosto el abogado que representa a la cantante por designación de la corte dijo que Britney no quería “que su padre continúe como tutor exclusivo de su herencia” de 54,7 millones de dólares. Propone a cambio la designación de “un fiduciario corporativo calificado para desempeñar esta función”, la empresa de gestión de patrimonio Bessemer Trust. La estrategia pretende que salgan a la luz pública los detalles del caso. La idea es demostrar que no hay motivos para que la artista continúe bajo este régimen.

James Spears, que estuvo a punto de morir el año pasado por problemas al colon, refutó particularmente los ataques de los seguidores tras #FreeBritney, que lo presentan como una especie de carcelero de su hija dilapidando dinero. “Todos estos teóricos de la conspiración no saben nada”, reclamó. “Tengo que informar cada centavo gastado a la corte cada año. ¿Cómo diablos iba a robar algo? Amo a mi hija”, dijo.

Por ahora la tutela, mecanismo utilizado en el sistema legal estadounidense para salvaguardar los intereses de ancianos, discapacitados mentales y enfermos graves, sigue vigente hasta el 1 de febrero de 2021.

130 mil grandes

Antes de la orden del tribunal de Los Angeles dictada en febrero de 2009, que según los reportes de la época James Spears asumió como “la imagen de la miseria resignada”, el padre de la estrella trabajaba como cocinero. Se le asignó un sueldo de 2.500 dólares a la semana para un trabajo 24/7, como remarcó el juez a cargo. Desde entonces ha configurado 16 empresas ligadas al quehacer artístico de su hija, de las cuales 11 siguen en funcionamiento. Según reportes de 2016, James Spears recibía al año 130 mil dólares por sus labores.

A diferencia de Lynne, la mediática madre de Britney, figura clave en sus primeros pasos artísticos desde el Club Disney, James mantiene un bajo perfil. Hubo períodos en los años 90 en que la familia se empobreció al punto que era un esfuerzo dar un par de dólares a Britney para que almorzara en el colegio. Lynne describe a su exesposo (separados en 2002, regresaron en 2010 y rompieron nuevamente) como un alcohólico disfuncional en su autobiografía, junto con quejarse de un tercer embarazo fuera de planificación. James se habría sometido a una vasectomía que no controló tras la operación.

Britney ha intentado desde el comienzo del proceso legal que la tutela no recaiga solo en su padre. En 2012 su entonces novio, James Trawick, compartió labores con James, pero salió del cargo cuando acabó la relación. Lynn también solicitó en julio de este año ser incluida en los asuntos financieros de su hija. Los últimos datos aseguran que la hermana menor de 29 años, Jamie Lynne Spears, asumiría su fideicomiso, lo cual le permitirá manejar los activos de la estrella y distribuir la fortuna en beneficio de los hijos en caso de fallecimiento.

El movimiento #FreeBritney teoriza que Britney Spears utiliza desde hace años las redes sociales para clamar por ayuda. La cruzada también alega que ella sólo recibe 1500 dólares a la semana. A su vez, los hechos describen que la intervención del padre fue clave para revertir la crisis de la artista entre 2007 y 2008. Fue James quien trajo de vuelta al manager Larry Rudolph, a cargo de los mejores días de Britney hasta 2004, el mismo año que estuvo casada 55 horas con un excompañero de colegio tras una parranda en Las Vegas, para después involucrarse con Kevin Federline, que por entonces tenía embarazada a una exnovia. “Ella estaba fuera de control”, comentó James Spears.

En todos estos años bajo la tutela legal del padre, el éxito de Britney sigue siendo consistente, aunque obviamente sin la efervescencia de hace dos décadas. Ha lanzado tres discos, ha sido jurado de programas de talentos con sueldo histórico, y mantuvo una exitosa residencia en Las Vegas.

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