Dick Johnson is dead: el mejor documental del año

Dick Johnson is dead

La realizadora de la cinta le propone a su padre filmar distintas formas de morir. Pero ronda en ella la idea de cómo prepararse para la muerte de él, relatado de modo hilarante y emotivo a la vez. Una obra maestra que acaba de estrenar Netflix.



Dick Johnson no está muerto. No todavía. Pero lo vemos morir, de modo accidental, muchas veces: cayendo de las escaleras, golpeado por una caja de aire acondicionado mientras camina por la calle o por un infarto. Incluso lo vemos llegando al cielo, mirando a los ángeles o siendo recibido por Dios. El extraordinario documental de Kirsten Johnson es una provocación, un delirio y también una carta de amor a su padre, que está perdiendo la memoria y se ha prestado para el juego que le ha propuesto su hija: filmar múltiples formas de morir.

La premisa es singular: ¿Por qué una cineasta ha elegido a su padre como protagonista de una cinta donde muere una y otra vez? El recién estrenado documental de Netflix parte de la base que todos pasaremos por ese difícil tránsito de ver a nuestros padres fallecer. En el caso de la directora, el camino será más complejo y en cámara lenta: su papá, tal como antes le sucedió a su madre, tiene Alzheimer. Lo interesante es que la hija y el padre no están buscando reconstruir una relación perdida —siempre se han llevado muy bien— ni tampoco hablar de cosas que no hayan charlado antes ni menos de ajustar cuentas de sus años juntos. Ellos se adoran y él, que es viudo y llora cuando le dicen que está olvidando las cosas o al recordar a su esposa, al rato se larga a reír mientras disfruta de algún pastel de chocolate.

Dick Johnson is dead

Hablar de la muerte puede ser frío, incómodo o algo que pocos querrían ver. Sería un error prejuzgarlo así, porque la genialidad está en que el protagonista participa de las muertes recreadas, secundado por dobles de acción, mientras maquilladoras le pegan al cuerpo bolsas con sangre falsa que brota cuando él muere. Hay una jugarreta tras otra, realmente graciosas, y ese tono inunda el metraje, junto a imágenes oníricas en un set y otras de conversación entre padre e hija donde surgen recuerdos y un amor incondicional. Con el correr del metraje —apenas 90 minutos—, las “muertes” darán paso a un funeral ficticio (¿Quiénes llorarán mi muerte? ¿Quién dará los discursos?) que el protagonista espía tras una puerta y luego, a diálogos donde se cuela la realidad, el daño cognitivo que comienza a hacer estragos en Dick Johnson y un destino que resulta inevitable.

Dick Johnson is dead, que en el catálogo de Netflix ha sido traducido torpemente como Descansa en paz, Dick Johnson (seguramente temieron que con su nombre original el público huyera de darle play), es una obra maestra y definitivamente el mejor documental del año, porque genera simpatía y empatía a raudales. Es una experiencia reparadora. Es difícil no encariñarse y emocionarse. Ver a una hija llorando de la risa o de la pena junto a su padre podría ser un acto incómodo para quien lo ve, como si estuviéramos fisgoneando un video casero de alguien que no conocemos, pero la realizadora ha conseguido dar con un tono tan sobrio como sobrecogedor, por momentos sublime, porque lo que estamos viendo en pantalla es la preparación de una despedida —podría ser triste o cursi, pero nada de eso hay acá—, pero también una excusa perfecta que ha encontrado la realizadora para mostrar a ese padre bonachón, que se ríe de su propia muerte y consciente de lo que viene para él.

Hija y padre

En un momento de la cinta, la directora dice que siempre lamentó tener tan pocas imágenes de su madre cuando aún estaba lúcida y alegre. Los pocos registros que guarda la muestran ya con un Alzheimer avanzado. Presagiando lo que viene para su padre, dice, ha encontrado esta vez la forma de documentarlo antes de que no recuerde quién es ella. Y el documental, entonces, pasa a ser también una autobiografía, de su propio temor a perder al hombre que más quiere, pensando que de este modo, riéndose de cómo actúa distintas muertes, quizás estará más preparada cuando llegue la hora. Lo hace entre risas, quitándole todo peso grave o sombrío a la muerte, sin saber nosotros si el título de la cinta es un spoiler o no. En el camino, el documental termina siendo un desgarrador y sincero retrato sobre la vida. Y esa es su mayor genialidad.

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