El descubrimiento que plantea la tesis de la “mujer cazadora” en la prehistoria

Sciencemag

En Perú, el antropólogo norteamericano, Randy Hass, y su equipo se encontraron con los restos de una persona junto a distintas herramientas de caza. Todos creían que se trataría de un hombre. Pero no: era una joven. Tras una investigación posterior, el equipo llegó a una tesis que cuestiona la idea de las mujeres exclusivamente dedicadas a tareas de recolección.



Cuando los arqueólogos descubrieron la tumba de una persona acompañada de sus materiales de caza en Wilamaya Patjxa, en Puno, al sur de Perú, a una altitud de casi 4 mil metros, “todo el mundo hablaba de cómo este era un gran jefe, un gran hombre”, dice el arqueólogo Randy Haas de la Universidad de California (UC) en Davis.

Pero estaban equivocados. El bioarqueólogo Jim Watson de la Universidad de Arizona notó que los huesos eran delgados y livianos.

—Creo que su cazador podría ser una mujer —le dijo a Haas.

En efecto, los restos de la mujer databan de 9 mil años atrás, y estaban acompañados por un juego de herramientas compuesto por veinte puntas de proyectiles de piedra y hojas apiladas ordenadamente. Y todo apuntaba a que había sido una cazadora de alto nivel, de guanacos y vicuñas.

Junto a ella se encontró otra persona que tenía de 25 a 35 años al morir. Dicho individuo fue enterrado con dos puntas de proyectil, alrededor suyo también había fragmentos de huesos de ciervos andinos y camélidos.

Los investigadores determinaron el sexo de los huesos utilizando un nuevo método forense desarrollado por el coautor del estudio, Glendon Parker, de la Universidad de California. La técnica hace un análisis en el esmalte dental para determinar si contiene la versión femenina o masculina de la proteína amelogenina. Finalmente, los resultados arrojaron que los primeros eran de una mujer y, los segundos, de un hombre.

“Es una prueba irrefutable”, dice la arqueóloga Meg Conkey de la Universidad de California a Science. “Pero los escépticos podrían decir que es algo único”.

Al principio, el estudio en Perú no tenía como objetivo ahondar en la teoría de “la mujer cazadora”. Pero los descubrimientos los sorprendieron. La “hipótesis del hombre cazador”, que se instauró luego del influyente simposio de Chicago en 1966, sostenía que en el curso evolutivo eran los hombres quienes desempeñaron esa tarea, mientras las mujeres se encargaban de la recolección. En teoría, rara vez mezclan roles de género. Y la idea de que solo ellos cazaban se ha reforzado en las últimas tribus que van quedando en Tanzania y África meridional. En dicha culturas, los hombres cazan animales grandes y las mujeres recolectan tubérculos, frutas y semillas.

Pero el descubrimiento en los Andes llevó a que Haas analizara 429 entierros en el continente americano que rondan entre los 14 mil y 8 mil años de antigüedad. Se identificó a 27 individuos cuyo sexo pudo determinarse y que fueron encontrados con implementos de “caza mayor”.

¿El resultado?

Once eran mujeres y dieciséis hombres.

Aun así, Haas y los demás autores no pudieron asegurar que la evidencia fuera concluyente, al tratarse de restos encontrados en entierros. Ello porque “la interpretación de los ajuares funerarios, como un acto cultural y simbólico, no es sencilla ni directa”, argumenta el antropólogo Robert L. Kelly, de la Universidad de Wyoming, a The New York Times. Señala que las herramientas en la tumba de una persona no siempre significa que las haya utilizado en vida. Por ejemplo, algunos de esos implementos se encontraban junto a los restos de niñas pequeñas. O también podría suceder que, a modo de ofrenda, los cazadores entregaran sus herramientas a la persona difunta.

Sin embargo, Hass tomó esos descubrimientos como antecedentes y los sumó a la certeza de que el único individuo incuestionablemente femenino y cazador era la persona de Wilamaya Patjxa (Perú), recientemente encontrada. En base a la evidencia, el antropólogo piensa que las mujeres representaban entre el 30% y el 50% de los cazadores de “caza mayor” en esa zona.

Dicho análisis permite plantear la tesis de que “la caza mayor temprana era probablemente neutral en cuanto al género”, informaron Hass y sus colegas la semana pasada en la revista Science Advances.

La arqueóloga Bonnie Pitblado de la Universidad de Oklahoma (no formó parte de la investigación) respalda la tesis de que las mujeres cazaron durante mucho tiempo, y que el estudio de Hass entrega pistas de hacia dónde debe continuar la investigación. La ecóloga humana Eugenia Gayo, de la Universidad de Chile, asegura que el descubrimiento ayuda a formular la pregunta: “¿Cuáles fueron el tipo de entornos en los que todos se involucraron en la caza?”.

—Estas mujeres vivían en lo alto de los Andes, a mil pies de altura todo el tiempo —dice a Science—. Si puedes hacer eso, seguramente podrás derribar una vicuña.

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