La historia de las siete pinturas que se creían destruidas por Pinochet y que Chile devolverá a Argentina tras 50 años

Foto: Clarín

Hace medio siglo, en medio de la visita de Fidel Castro a Salvador Allende, el influyente artista plástico trasandino Ernesto Deira trajo a Santiago su serie Identificaciones. Siete óleos de estilo neofigurativo que la dictadura militar mandó a quemar y que el propio autor creyó destruidos hasta el día de su muerte. Una trama enrevesada que amenazó con transformarse en impasse diplomático y que hoy llega a su fin con la devolución de la obra a la familia.



Durante años fue uno de los episodios más singulares y complejos que se han visto en el circuito del arte latinoamericano. Una historia enrevesada que fue sumando giros y sorpresas para llegar a transformarse incluso en algo parecido a un impasse diplomático entre Chile y Argentina. Así al menos lo ha consignado la prensa del otro lado de la cordillera, que por mucho tiempo recogió profusamente los reclamos de los herederos del pintor trasandino Ernesto Deira (1928, Buenos Aires - 1986, París) contra las autoridades chilenas y particularmente contra el Museo de Arte Contemporáneo, institución a la que incluso llegaron a acusar en algún momento de “robo” y de apropiarse ilegalmente de una de las obras más célebres de su padre.

Pero el tiempo fue acercando posiciones y sumando voluntades, y el más reciente capítulo de esta telenovela pictórica -probablemente el último- es el que protagonizan hoy los hijos de Deira junto a representantes del museo y de las embajadas de ambos países: en un acto realizado esta mañana en la casa central de la Universidad de Chile, cuya Facultad de Artes administra el MAC, la institución devolvió oficialmente a la familia la famosa serie Identificaciones, una colección que el prócer del movimiento neofigurativo en Argentina trajo a Santiago hace exacto medio siglo, y que él mismo creyó destruida por la dictadura de Augusto Pinochet hasta el día de su muerte.

“La firma de este convenio es una gran noticia para ambos países”, comenta Ennio Vivaldi, rector de la Universidad de Chile, sobre el acuerdo al que se llegó tras más de una década de gestiones, algunos desencuentros en el camino, y finalmente, un acercamiento entre las partes con un final feliz.

Foto: Amaro Huiriqueo.

“La universidad cumplió un rol fundamental al resguardar las obras de Ernesto Deira durante el oscuro periodo de la dictadura y también al defender el legado del artista. Gracias a la colaboración y a la conjunta voluntad de protección del patrimonio, las obras podrán regresar a su país de origen como una unidad artística y estarán disponibles para la población argentina en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires”, añade Vivaldi, quien encabezó el acto de hoy al que también concurrieron otros artífices del acuerdo, como el embajador de Argentina en Chile, Rafael Bielsa, y su par nacional, Nicolás Monckeberg, embajador de Chile en Argentina, además del director del museo, Daniel Cruz, y otras autoridades de la casa de estudios.

El Che Guevara, Pinochet y el viaje a Cuba que no fue

La historia de desaparición y redescubrimiento en Chile de las siete pinturas que integran la serie Identificaciones se remonta a noviembre de 1971. Tras exponer en Buenos Aires la serie, Deira trajo a Chile los siete óleos en blanco y negro en los que pintó imágenes desgarradoras y cargadas de horror y angustia -muy en la línea neofigurativa del irlandés Francis Bacon-, con personajes mutilados que aludían a la guerra de Vietnam, a la tortura en la región, a los Derechos Humanos y a la muerte de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia cuatro años antes.

La obra, de hecho, fue exhibida en la Sala Universitaria del Instituto de Arte Latinoamericano de la Universidad de Chile con motivo de la visita del presidente cubano Fidel Castro a Santiago, quien llegó a la capital un día después de la instalación de la muestra -el 10 de noviembre de 1971- y fue recibido por Salvador Allende en el aeropuerto.

Archivo Histórico / Cedoc Copesa

Tras su exposición en Chile, el plan de Deira era enviar su obra a Cuba, lo que finalmente nunca ocurrió. Y ahí es cuando la trama se vuelve borrosa. La historia oficial señala que, en medio del crispado y convulsionado ambiente de la época de la Unidad Popular, los cuadros no lograron salir del país y posteriormente, una vez acontecido el golpe de Estado y con la dictadura militar ya instalada, el régimen de Pinochet ordenó la destrucción de las pinturas, lo que tampoco ocurrió. En cambio, fueron resguardadas por la misma Universidad de Chile y posteriormente trasladadas al Museo de Arte Contemporáneo para su protección y conservación.

El tema es que Deira nunca supo de este rescate secreto y hasta su muerte en Francia, ocurrida 15 años después, asumió que su colección había sido efectivamente eliminada en Chile. “Cuando mi viejo intentó recuperar sus cuadros le dijeron que Pinochet los había quemado, junto con los de otros artistas. Eso habrá sido en el año 73 o 74. Mi viejo murió en París en el 86, pero en el folclore familiar quedó la idea de que estos cuadros estaban quemados”, relató la hija del artista, Silvina Deira, al portal trasandino Infobae en agosto pasado.

Quien torció la historia fue el artista plástico y docente bonaerense Luis Felipe Noé, otro exponente del movimiento neofigurativo argentino y padre del popular cineasta Gaspar Noé, quien en 2003 se enteró que los siete cuadros perdidos de Deira permanecían en los depósitos del MAC y en buen estado de conservación.

Ernesto Deira.

Según una reconstrucción de caso publicada por el diario argentino La Nación, la noticia habría llegado a oídos de Noé de parte de Carmen Waugh, la célebre gestora cultural chilena que abrió la primera galería de arte de Santiago en 1955 -además de organizar las obras donadas por artistas internacionales al gobierno de Allende que originaron el Museo de la Solidaridad-, y otra con su nombre en Buenos Aires en 1969, donde precisamente Deira exhibió Identificaciones por primera vez.

“A partir de entonces se inició un prolongado reclamo de restitución de las obras en el que participaron embajadores chilenos y argentinos (Ginés González García y José Octavio Bordón, entre ellos), directores de museos, cancilleres y ministros de uno y otro país”, consigna La Nación sobre las gestiones impulsadas por los hijos de Deira para recuperar las pinturas durante los últimos 18 años.

Incluso, en un momento, la serie fue expuesta en el año 2008 en la muestra “Ernesto Deira: Los fragmentos del conflicto”, en el MAC de Parque Forestal. En aquella ocasión una de las obras fue vandalizada pero restaurada exitosamente. Los familiares del artista llegaron a formular una denuncia ante la International Council of Museums (ICOM), institución a la que pidieron que intercediera para exigir que las obras regresaran a Argentina. Y aunque en 2019 la Universidad de Chile admitió la documentación requerida que acreditaba que Silvina y Martín Deira eran los titulares de dominio de las obras, el trámite legal tardó más tiempo e inquietó a los herederos del artista.

“Tienen las obras de manera ilegal. No tienen el papel de compraventa. Es un robo indebido”, reclamó Silvina Deira en un comunicado difundido hace cuatro meses a los medios de su país. “Ningún funcionario se anima a poner la firma y decir ‘llévenselos’. Están en un depósito hace 50 años. Ni siquiera los tienen en exhibición. Devuélvanlos”.

Finalmente, tras las demoras en el trámite que supuso la pandemia y luego de las gestiones de diversas autoridades del museo, de la Universidad de Chile y de ambas embajadas, las conversaciones se destrabaron y se llegó al acuerdo final con los hijos del artista. Una vez que asumió el nuevo director del Museo de Arte Contemporáneo, Daniel Cruz, en mayo pasado, se encargó de agilizar los trámites junto a Vivaldi y al equipo jurídico de la universidad. Ambos destacan el rol clave de ambas embajadas y, de hecho, el documento timbrado hoy y firmado desde Argentina por la familia Deira fue traído por el embajador Bielsa.

Foto: Amaro Huiriqueo.

“Después de muchos años de gestiones bien intencionadas pero infructuosas, finalmente llegamos a esta instancia con la inestimable mediación del Sr. Embajador Nicolás Monckeberg”, dice Silvina Neira, quien junto a su hermano, y a modo de agradecimiento por el resguardo de las piezas, donarán al MAC una obra de su padre de otra serie.

El destino inmediato de Identificaciones está ahora en el Museo Nacional de Bellas Artes de la capital argentina, para luego quedar en manos del clan Deira. “Como familia estamos muy contentos, emocionados e ilusionados de que las obras de nuestro padre regresen al país y sean exhibidas. Es una deuda que teníamos con él y con los argentinos que nunca pudieron apreciarlas. Tienen un gran valor histórico reflejando una época muy difícil”, dice la hija del pintor.

Para Daniel Cruz, director del MAC, “el acto de reposición de las obras refuerza el rol de resguardo de un acervo que contempla parte de la historia cultural de nuestro país, y en este caso la historia que nos une con la hermana República de Argentina. Creemos firmemente que la historia y acciones que sostienen el acuerdo de reposición dan cuenta de un mutuo respeto entre los países, la valoración hacia la diversidad de prácticas culturales que acontecen en nuestro cono sur, y por sobre todo el reconocimiento a la relevancia de la obra de Ernesto Deira. Como Museo de Arte Contemporáneo estamos muy felices de haber cumplido con nuestro objetivo, y confiamos que esta acción refuerza nuestro futuro en un contexto de infinitas proyecciones”.

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