Stephen King y su hijo Owen presentan una fábula feminista

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Owen King (1977) y su padre Stephen (1947) durante una entrevista promocional en Estados Unidos.

El autor de Carrie y el menor de sus hijos publican Bellas durmientes, una novela épica y fantástica: una distopía violenta que imagina un mundo sin mujeres.


Tenía dos años cuando su padre salió a comprar cigarrillos y nunca más volvió. Desde esa noche de 1949, Stephen King y su hermano David quedaron al cuidado de su madre, Ruth, quien sola tuvo que hacerse cargo de la familia. A menudo ella debió aceptar trabajos duros y mal pagados, pero se las ingeniaba para estimular la imaginación de sus hijos. Una tarde, contaría Stephen King, Ruth llegó con una caja de libros de ediciones económicas, en mal estado: "Es una pila de vacaciones dulces y baratas", les dijo.

Convertido hoy en una figura literaria mundial, Stephen King (1947) vivió su infancia en un universo femenino: "A mí me criaron mujeres fuertes y me casé con una mujer igual. En mi experiencia, cuando las mujeres están a cargo, las cosas se hacen. Por eso siempre he tenido personajes femeninos fuertes".

Por eso también le hizo sentido la propuesta de su hijo Owen (1977): "¿Papá, qué te parecería una historia en la que las mujeres se durmieran para no despertar?", le dijo. "Buena idea", respondió King padre. "Escríbela", dijo Owen. "No, no, escríbela tú", contestó el escritor. Finalmente, acordaron escribirla juntos.

"La gran pregunta era ¿qué pasa si las mujeres se ponen a dormir y no despiertan?, ¿qué hacen los hombres?", dice Stephen King al diario El País durante una entrevista promocional en Nueva York. El autor de Carrie, El resplandor e It presenta junto a su hijo Owen su nueva novela, Bellas durmientes.

Publicada en español por Plaza & Janés y recién llegada al país, se trata de una narración de aliento épico, tono fantástico y carácter feminista: una distopía de 700 páginas y 70 personajes, que transcurre entre un pueblito del Medio Oeste norteamericano donde los hombres se van quedando solos y estalla la violencia, y un universo paralelo gobernado por mujeres. Por cierto, sus derechos ya están vendidos para convertirse en serie de televisión.

Dimensiones paralelas

La historia arranca en Dooling, un poblado de los Apalaches como tantos que ha descrito King en su obra, donde se propaga el extraño virus Aurora. Este afecta solo a las mujeres, quienes caen en un profundo sueño mientras un capullo las envuelve desde la cabeza. Si intentan despertarlas, este hechizo de cuento de hadas se transforma en un efecto terrorífico: las mujeres se vuelven ángeles exterminadores y pueden matar a quien tengan enfrente.

De forma inusitada (y es uno de los misterios del libro), la prisionera Evie Black parece inmune al virus. Evie está encerrada por asesinar a un violador y tiene poderes sobrenaturales. A medida que el mal se propaga, ella es la única esperanza para encontrar una cura contra el virus.

Afuera de la prisión, los hombres entran en crisis: están angustiados por sus esposas, novias, hermanas y madres. Desesperados, algunos deciden despertarlas, y sufren las consecuencias. Otros resuelven tomar la justicia en sus manos destruyendo los capullos. Hay casos de violaciones de mujeres dormidas, y hay esposas que hacen todo lo posible por no dormirse o entregan a sus hijos para no atacarlos en caso de despertar.

Estallan disturbios en las grandes ciudades, mientras en Dooling el siquiatra Clinton Norcross intenta descifrar a Evie Black. Formado en Nueva York, lector de The New York Times, el doctor está casado con la sheriff Lila Norcross, y ella hará todo lo posible por mantener el orden en el pueblo y mantenerse en vigilia, a punta de cafeína y drogas.

Las mujeres dormidas, a su vez, entran en una dimensión paralela: un mundo sin hombres. Pero así como el mundo real se vuelve un lugar inhóspito y salvaje, el universo femenino tampoco es el paraíso: algunas mujeres comienzan a extrañar a sus hijos o a sus parejas y quieren regresar.

Igualdad

"Era interesante ver qué pasaba, ver a los hombres tener que limpiar, sacar los restos del agujero del lavamanos", dice King padre. "Mi madre decía que si alguien llevaba una camisa limpia y planchada había una mujer en casa", agrega quien se define como feminista: "Sí, por supuesto, si serlo significa creer en la igualdad".

En medio de la ficción, el autor se las arregla para hacer chistes en torno a Donald Trump: "Si escribes fantasía y la haces real, la política es parte de esa vida real, y por tanto aparece", afirma.

Su hijo Owen, el menor de un clan de escritores (además de Stephen, su madre Tabitha y su hermano Joe son novelistas), dice que le agradaría si la novela provoca un debate en torno al rol de la mujer, pero su prioridad "era contar una historia divertida".

"Cuando acabamos de escribir, ¡seguimos siendo amigos!", asegura el padre. "En serio, es maravilloso trabajar con tu hijo", agrega el autor de 70 años, que no olvida los esfuerzos de la señora Ruth King: "Mamá trabajó mucho siempre para sacarnos adelante... Era una mujer muy fuerte".

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