Nascar, la gran fiesta de la cultura sureña
<P><B>La Tercera</B> fue testigo de la definición de la temporada de Nascar, el deporte motorizado más popular de Estados Unidos. Una fiesta que mezcla la tradición familiar con la cultura conservadora y nacionalista del "sur profundo" de Norteamérica.</P>

Dos grandes banderas, una de Estados Unidos y otra de la Confederación, flamean en lo alto de la casa rodante de los Phillips. Como cada noviembre, Jeffery; su esposa, Natalie, y su perro están en el camping aledaño al circuito de Homestead-Miami, para disfrutar de la gran pasión del sur de Estados Unidos: las carreras de Nascar.
Las dos banderas tienen un simbolismo profundo para Jeffery. La estadounidense fue la que cubrió el ataúd de su abuelo, un militar y fanático de Nascar. Y la confederada es su homenaje a "los muchos sureños que lucharon en la Guerra Civil y que merecen ser recordados".
Ahí están, sobre el techo de una casa rodante, algunas claves de la llamada "Nación Nascar": familia, tradición, patriotismo. Es que para los Phillips, como para otros miles que peregrinan por el país siguiendo las competencias, esto es más que una carrera.
Es, como dice Jeffery, "el verdadero deporte sureño".
Y la fiesta que se mueve con él es masiva. Jeannie y Wayne Jones viajaron desde Tennessee junto con otras dos parejas de amigos, cada uno en su motocicleta Harley Davidson, además de la casa rodante, su perra Sassy, y la carne y la cerveza necesarias para una larga estadía: llegaron al camping el miércoles y no se irán hasta el lunes.
También para ellos Nascar es una tradición familiar: el padre de Wayne era mecánico en la categoría. "Mi sueño es jubilarme y pasar todo el año siguiendo las carreras", dice Jeannie.
Algunos fanáticos se quejan de que, con el explosivo crecimiento de Nascar, las cosas ya no son como antes. "Hace 20 años sólo había sureños. Ahora es distinto: han llegado muchos del norte, incluso de Canadá", se lamenta otro de los campistas, Richard. Pero las tradiciones siguen intactas: Dios, patria y familia siguen siendo los protagonistas de cada jornada.
El espectáculo previo a la carrera principal parte con la bendición de un pastor. "Dios, te agradecemos por aquellos que luchan la buena lucha alrededor del mundo. Sabemos que nuestra libertad no es gratis, que tiene un precio, y lo aceptamos por aquellos que sirven y se sacrifican". Luego, un coro de niños entra en escena para cantar el himno patriótico America the beautiful y recitar el juramento a la bandera.
Por los parlantes se pide al público ponerse la mano derecha en el corazón, "en honor a América y a nuestros soldados". Otra niña interpreta el himno nacional, cuya última nota es interrumpida por el rugido de dos jets de la Fuerza Aérea que pasan en vuelo rasante sobre el circuito, mientras un grupo de paracaidistas de la Marina aterriza en la pista con una gigantesca bandera norteamericana.
En la gran feria de marcas y productos que rodea el circuito, el stand más grande es el del Ejército, que intenta reclutar fanáticos de la velocidad con simuladores de helicóptero y juegos interactivos. Lo mismo hacen la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional. De hecho, cada rama armada tiene su propio auto en la competencia de Nascar, con sus colores y su auspicio.
El investigador John Heitman define a Nascar como "un estilo de vida", que también tiene lecturas políticas. Los estrategas electorales usan el término "papás de Nascar" para describir a los hombres blancos, conservadores, religiosos y nacionalistas, que suelen votar por los republicanos. Un estudio del centro de microdatos Natmedia demuestra que los televidentes de Nascar (la segunda competencia más vista en TV, después del fútbol americano) tienen la mayor proporción de votantes republicanos entre los aficionados a todos los deportes, con la sola excepción del golf.
También varios pilotos y dueños de escuderías han apoyado públicamente a candidatos republicanos. En septiembre, cuando el Presidente Obama invitó a las principales estrellas de Nascar a la Casa Blanca, cinco de ellos se excusaron, en un bochorno de relaciones públicas del gobierno.
Para recomponer relaciones, Michelle Obama fue invitada a dar la orden de encendido de motores este domingo en Miami, en una ceremonia al estilo Nascar: un homenaje a las familias de militares en servicio en Afganistán e Irak. Ni siquiera ese contexto impidió que la primera dama fuera recibida con fuertes pifias por un público hostil.
Pero para los fieles que peregrinan de campamento en campamento siguiendo las carreras, esto no es un asunto de política, sino de tradición. Como dice Jeffery Jones, con la sombra de su casa rodante protegiéndolo del sol tropical de Miami: "Esto no será un viaje a Disneylandia, pero es nuestra elección. Es lo que somos y lo que nos hace felices".
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