"La placa del Guinness es lo primero que veo, para motivarme"

Vanessa Arauz

Foto: Colo Colo.

Vanessa Arauz, entrenadora de Colo Colo femenino, fue la primera mujer en titularse de directora técnica en Ecuador; es, además, el seleccionador(a) más joven (26 años) en dirigir en un Mundial. Esta temporada espera traspasar su sello a las albas.



Vanessa Arauz (30 años) es la nueva entrenadora del equipo femenino de Colo Colo. A su corta edad, cuenta con una gran experiencia. Ávida lectora, fanática de las series de superhéroes y filosóficas, admiradora de Rafa Nadal y dueña de un récord Guinness, la ecuatoriana asume la banca alba, con la misión de volver a los títulos nacionales y dar pelea en la Copa Libertadores.

¿Cómo llega a ser entrenadora?

En 2008 no existía la carrera de director técnico en mi país y yo antes de eso estudiaba preparación física en la Universidad de Guayaquil. Cuando se abrió la carrera, inmediatamente me fui a inscribir al instituto de la Federación y ahí empezamos unos 70 alumnos, solo tres mujeres. Después, el grupo se redujo a 22 y fui la única mujer que quedó. Nos graduamos en 2011 y salí con el segundo mejor promedio de la promoción y me convertí en la primera directora técnica graduada en mi país.

¿Cómo se impone en un ambiente dominado por hombres?

No fue difícil, en el sentido de decir que me tenía que ganar permanentemente un espacio. No fue de esa manera, pero sí había que demostrar más. Te exigían mucho más por el hecho de la credibilidad. Para el hombre es como más innato el fútbol y para la mujer es algo que tiene que aprender mucho. Al inicio fue así; poco a poco, con trabajo, dedicación y resultados me fui abriendo paso para poder equiparar eso.

¿Sintió discriminación?

Dentro de mi carrera como entrenadora, no. Como jugadora, sí sufrí algunas veces discriminación, porque me tocaba jugar con hombres en torneos que eran de hombres. Pero como no había restricción de participación, me ponían en la plantilla. Y a veces escuchaba desde las gradas a algún padre de familia o a alguna persona gritar: "que la saquen, ahí tiene que estar un chico". Pero más allá de eso, nada más.

¿De qué jugaba?

De volante por la derecha. Siempre me gustaba llegar a la línea de fondo y centrar. Era bastante recuperadora. Mi especialidad eran los tiros libres y los penales.

¿Por qué no siguió jugando?

A los 15 o 16 años tuve una lesión fuera de la cancha. En mi casa me caí de una altura importante y tuve un golpe bastante fuerte entre mi cadera y el glúteo, con el cual se me hizo un tumor y me tuvieron que operar. Hice casi dos años de para y al final ocasionó que para el alto rendimiento en esa época no había tantas tecnologías, tanta motivación. El fútbol femenino no tenía tanto auge. Entonces, no lo vi como una salida a futuro. Así que decidí ser entrenadora. Era mi sueño después de jugar fútbol, pero se me adelantó.

Llega a un Chile donde el feminismo se abre paso y surgen colectivos como Lastesis.

He escuchado un poco de ellas. Yo siempre he sido creyente de que en todo por lo que uno busque pelear, tiene que saber respetar los derechos propios y de los demás. No estoy a favor ni en contra. Siempre me mantengo tranquila en ese aspecto. Como mujer tenemos mucho por qué seguir peleando. Siempre ha sido una pelea constante de derechos; de que se nos trate de manera justa, de que tener voz y voto. Pero al mismo tiempo he visto que, si uno trabaja fuerte, se esfuerza y está constantemente con esa dedicación, es parte de ese grito de voz.

¿Cómo fue entrar al Guinness?

Un periodista me lo comentó y quedé con la duda. Después de que clasificamos, me metí a la página del Guinness y busqué como era todo. Ellos hacen un proceso de seis meses y constatan dato por dato. Y el 7 de junio de 2015, el día antes del primer partido en el Mundial ante Camerún, me llegó un correo, donde me dicen: "en el momento en que usted dirija, se le otorgará el récord de entrenadora más joven del mundo en dirigir un Mundial FIFA, de hombres o de mujeres. Si no dirige, no hay récord". Salí a dirigir, ni me acordé del tema, y cuando volvimos al hotel me llegó un mail. A los tres meses me llegó una placa donde estaba el récord. La tengo en mi habitación, porque es lo primero que veo al levantarme, para motivarme.

¿Cómo es su manejo grupal como entrenadora?

No soy ni negro ni blanco en ese aspecto. No me voy ni a un extremo ni a otro. Me gusta mucho el diálogo, me gustan mucho las cosas claras. Si hacemos una normativa, pues está para cumplirse. Soy estricta, sí. No me gusta todo el tiempo estar recordando lo que se tiene que hacer, porque eso quiere decir que no hay claridad en lo que se ha pedido. Sí me gusta mucho el trabajo serio. Yo fui seleccionadora nacional y trato donde voy de que el trabajo sea cien por ciento profesional. Porque no solo te preparamos para competir localmente, sino que te preparamos para que seas una seleccionada del país o quizás vayas a otro club en el extranjero, y eso hable muy bien de ti como club y como persona.

Colo Colo es uno de los que apuesta firme en una liga chilena muy desigual. ¿Conoce esta realidad?

Conozco que Colo Colo siempre ha buscado invertir en sus categorías. Es una de las razones por las que acepté venir. Si los demás equipos empiezan a apostar por lo mismo, eso puede ayudar a tener un nivel mucho más fuerte y competitivo. Y si los clubes como Colo Colo desmayan en esa lucha, quizás los demás retrocedan. Para mí es importante saber que un club de esta capacidad siga apoyando.

Endler y Lara

¿Qué jugadoras chilenas le llaman la atención?

Una de las que más me llama la atención, aparte de Christiane Endler, que es una referente en el arco, es la Pancha Lara, una de las jugadoras que más seguí durante la Copa América y también toda su trayectoria. Es una con las que más me quedó de este impulso del fútbol femenino en Chile.

¿Y jugadores?

Antes, Zamorano. También vi a Vidal, porque estuve en Barcelona haciendo una maestría el año pasado. Veíamos todos sus partidos; parte del estudio que hacíamos era asistir a los encuentros del Barça y hacer los análisis tácticos y técnicos.

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