Bárbara Riveros es más que una extraordinaria deportista. Sus medallas abundan, sus títulos sobresalen, pero ella mantiene un bajo perfil. Su trascendencia va por otro lado. Ella quiere dejar un legado, que en Chile aparezcan más deportistas como ella y su mejor ejemplo lo da compitiendo. También alzando la voz, como lo hizo en las redes sociales, pidiendo una ley para que los grandes eventos deportivos dejen algo en el lugar donde se desarrollaron.

La mejor triatleta de Chile llegó ayer a Santiago y viajó de inmediato a Temuco, para luego desplazarse al borde del lago Villarrica, donde este domingo 13 de enero buscará su quinto título consecutivo en el Ironman 70.3 de Pucón.

En el sur inicia su temporada 2019, dejando atrás un brillante 2018 donde fue escogida como la mejor triatleta latinoamericana de la historia. Ella, con humildad, también destaca a la brasileña Fernanda Keller cuando es consultada por tal reconocimiento.

El año pasado fue provechoso para ella, más allá del rótulo con el que ya la conocen mundialmente. Eso sí, su reconocimiento internacional no se limita a su última temporada, sino que los tres Juegos Olímpicos a los que asistió y a la intención de que Tokio sea su última cita de los anillos. También a su progreso, el que la llevó incluso a correr en su primer Ironman completo, es decir, 140.6, el doble de las medidas de Pucón, en Australia. Eso, sin mencionar todos los 70.3 que tiene a su haber.

En los pocos minutos que estuvo en la capital chilena, ofreció una conferencia de prensa, donde comentó que incluso tendría la intención de donar el total de un hipotético premio en Pucón para fomentar el deporte en la zona. Y tras atender a la prensa en general, se dio un último momento antes de embarcar para hablar con La Tercera sobre la ley que le gustaría fomentar y Pucón 2019.

¿Con qué expectativas llega este año al Ironman 70.3 de Pucón?

La verdad es que siempre la gente dirá que voy por el pentacampeonato y después dirán que por el siguiente y eso nunca acabará. Pero principalmente mi objetivo es hacer feliz a mi gente y poder dar lo mejor de mí en ese día.

En diciembre, en sus redes sociales, publicó un llamado a crear una ley para que los eventos de este tipo retribuyan de algún modo al lugar donde se realizan. Incluso etiquetó al Presidente Piñera. ¿Lo ve posible? ¿Cómo debería funcionar esa ley?

Es como un sueño utópico, porque un país, cuando ya tiene regularizado temas como la salud o el deporte, es difícil poder cambiarlo y creo que, de alguna forma, hay que comenzar. Chile ya tiene sus formas de ser, sus temas. La gente con dinero va a seguir haciéndose más rica y la gente pobre seguirá siendo pobre, porque queremos mantener esos gaps y diferencias sociales, pero el cambio debe partir de algo.

Como deportista, ¿qué legado cree que está dejando?

Puedo entregar de la experiencia que he tenido afuera. Hay cosas que son triviales. Cuando la ministra me pregunta: 'Bárbara, ¿cómo podemos ayudar al deporte?', le digo que no es dinero, sino saber cómo conducir esas platas, saber qué es lo principal y qué no es principal. Hay que tener las cosas estructuradas, partiendo por una base.

¿Cuál podría ser esa base?

Para mí, uno de los legados que me gustaría dejar en Pucón es que la gente pueda tener una piscina de 50 metros y que los niños de ahí puedan nadar. He estado ahí, sé dónde nadan y es una piscina de 14 metros, por lo que han terminado incluso en el hospital. Pucón y toda esa zona significan mucho para mí, porque me formé y corrí ahí mis primeros triatlones. Entonces, que la gente de ahí no pueda tener una piscina para poder entrenar... Las condiciones son mucho más crudas que en Santiago. Sacamos mucho como evento de ese lugar, pero siento que somos muy egoístas entre nosotros. No se deja nada concreto, te pueden decir que la organización tiene inscripciones gratis para la gente de ahí, pero al final eso no se transforma en nada. Si no tienen una piscina donde nadar, ¿de qué sirve que corran si durante todo el año no pudieron entrenar?

Eso hace pensar que es difícil que en el futuro salga otra Bárbara Riveros que se forme acá en Chile. ¿Lo ve así también?

Yo feliz de que salgan muchas más Bárbaras, por eso estoy ayudando con lo que veo afuera y con lo que se pueda transmitir. Algo básico, como una piscina que acá, como en Suiza, cueste cinco dólares, es decir, como 2.500 pesos, en vez de costar 10 mil. Yo no tengo piscina para nadar acá en Chile, en Santiago, porque son privadas o no hay espacio, entonces eso es súper difícil para formar deportistas.

Se le reconoció como la mejor triatleta latinoamericana de la historia. ¿Por qué cree se gana ese reconocimiento?

Creo que se da por la trascendencia, por mi quinto lugar en los Juegos Olímpicos de Río 2016, el estar 10 años a este alto nivel, el no solamente figurar a nivel olímpico o distancias como las de Pucón, en largas distancias. A lo mejor, también por haber sido Athlete Role Model (rol de atleta modelo) en los Juegos Olímpicos de la Juventud, en Buenos Aires en 2018. A lo mejor vieron algo súper integral como deportista y como persona.

¿Cómo sigue en 2019 su camino a los Juegos Olímpicos de Tokio, que podría ser su cuarta participación en este evento?

Hay que juntar puntos y esperamos poder clasificar a Tokio, pero para eso hay que ponerse las pilas.

¿Tiene programadas sus competencias?

Está el calendario de competencias y tenemos que ordenarlo con mi entrenador y ver cómo vamos a hacer durante el año.

¿Su objetivo para la temporada?

Es juntar los puntos durante el año, representar de la mejor forma a mi país en los Panamericanos de Lima y en octubre correr el mundial Ironman en Kona, Hawái.