Corazón, mística, Chapa y Aued

En una definición de infarto, la UC derrota a Rosario Central por 2-1, en la última jugada. Los argentinos empataron en los descuentos, pero Aued cerró de penal el triunfo épico de la franja.



U. Católica: M. Dituro; R. Rebolledo (79’, S. Magnasco), B. Kuscevic, V. Huerta, J. Cornejo; C. Fuentes, L. Aued; J. P. Fuenzalida, C. Pinares, E. Puch (77’, C. Lobos); S. Sáez (83’, D. Valencia). DT: G. Quinteros.
Rosario Central: J. Ledezma; N. Molina, M. Barbieri, O. Cabezas (6’, A. Parot), F. Rizzi; F. Rinaudo, L. Gil, A. Allione; M. Palavecino (58’, F. Zampedri), W. Camacho (73’, D. Vergara), C. Riaño. DT: P. Ferrari.
Goles: 1-0, 28’, Puch enfrenta solo al portero y define con calidad; 1-1, 45+2’, Vergara define cruzado y deja parado a Dituro; 2-1, 45+4’, Aued anota de penal, tras falta sobre Fuenzalida.
Árbitro: Víctor Carrillo (PER). Amonestó a Cornejo (UC); Cabezas, Barbieri y Parot (RC).
Estadio: San Carlos de Apoquindo. Asistieron 12.402 personas.


El fútbol se construye sobre las gestas de los héroes. Con relatos de jugadores que son capaces de levantar a un equipo del suelo. Eso fueron Fuenzalida y Luciano Aued, los paladines que armaron la jugada agónica que significó el triunfo por 2-1 de Universidad Católica cuando estaba muerta. Chapita provocando el penal y el Luli, definiendo con categoría, dándole justicia al encuentro y haciendo explotar a una hinchada disfónica de tanto cantar y gritar.

Los cruzados, obligados a ganar, se pararon bien desde un comienzo. Con Pinares, Puch y Fuenzalida dándole mucho movimiento al ataque, apoyados siempre por un omnipresente Aued, jugador clave para el funcionamiento del equipo y que la noche de este miércoles, a diferencia de lo que pasó en Asunción, sí rindió a su nivel.

En ese cuadrado de futbolistas se concentró todo el fútbol de la UC. Y si bien no hubo un derroche de oportunidades de gol, lo cierto es que el local siempre se vio en control del juego durante los primeros 45 minutos. El festejo de Puch (definición fría del extremo izquierdo), a los 28′, era lo mínimo que merecía el cuadro estudiantil antes del descanso, frente a un rival demasiado conservador y dependiente casi con exclusividad de los balones detenidos servidos por Gil, el argentino con sangre chilena que, de quererlo Rueda, podría ser parte de la selección nacional.

La línea defensiva de Católica sufrió muy poco en la fracción inicial. La película fue muy distinta en el complemento, porque Rosario adelantó sus filas varios metros. Se instaló en campo cruzado y presionó por el empate. Ferrari, el técnico del Canalla, movió las piezas y mandó a la cancha a Zampedri, un jugador grande, pesado, de área. Preocupación clara para Huerta y Kuscevic, los centrales de la franja.

Poco a poco, Universidad Católica se fue encajonando y apostando todas sus fichas a una salida rápida. Ver a Puch ayudando a Cornejo como lateral derecho era prueba de ese nuevo escenario del partido.

De todas formas, la UC tuvo las opciones del segundo tanto. Sáez, el cuestionado Sacha, fue quien estuvo más cerca. La lesión de Puch, obviamente, generó preocupación, pero la victoria seguía ahí, al alcance de la mano. Los últimos 10 minutos eran un desafío de carácter para los cruzados.

Y esa prueba, la del corazón y el coraje, Católica la ganó por goleada. Porque se recuperó del peor golpe, del empate injusto de Rosario en los descuentos. Porque la sangre fría de Aued para resolver el penal en la última jugada del partido fue el final soñado para un triunfo de la UC, que puede, y debe, marcar un antes y un después de la franja en la Copa Libertadores.

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