El día que Biskupovic asombró a Simeone

Un día antes de que el audio de una conversación privada sobre la selección argentina, filtrado maliciosamente, lo pusiera en una posición incómoda, el entrenador del Atlético vibró en La Calera con el debut de Gianluca, su hijo.


“¿Quién es ese central de La Calera? Juega muy bien”, pregunta un intrigado Diego Simeone. “Es Marko Biskupovic. Formado en Católica y estuvo en Suecia”, responde Leonardo Rodríguez, sentado a su lado derecho. “Mirá el tanquecito cómo corre. Es muy bueno”, agrega el Cholo.

Miércoles. 19.55. Estadio Lucio Fariña. El duelo entre La Calera y Magallanes está a punto de comenzar. Lucas Giovinni, portero que no fue considerado para el duelo, intenta acceder a la zona de tribuna. Los guardias le impiden el paso. Debe esperar, lo que le genera molestia. El ex capitán cementero no está al tanto de que Diego Simeone, el técnico del Atlético de Madrid, prepara su ingreso para presenciar el debut de Gianluca, su hijo.

La presencia del Cholo revoluciona la Quinta Región. Apenas se bajó del vehículo, junto a su otro hijo Giovanni, figura de la Fiorentina, los flashes no se cansan de retratarlo. Nunca frenó, ni hizo un amague de querer atender a la prensa. Vestido de negro, con un jeans ajustado, el ex seleccionado argentino tomó rápidamente el ascensor que lo condujo al VIP.

Simeone saluda y se sienta junto a Giovanni. A su derecha está ubicado Leonardo Rodríguez, agente que maneja a todo el clan. Un poco más allá, Ricardo Pini, dueño del club, conversa con Martín Iribarne, gerente general. El partido ya está en marcha. Y el Cholo lo vive a su manera: apasionado. Mira cada movimiento de su hijo. Lo aplaude, y a veces lo regaña. Su posición denota nerviosismo: manos juntas y pies golpeando suavemente el suelo.

El primer tiempo marca sus primeros movimientos. Se para de su silla para ser homenajeado: le entregan la 14 de Unión La Calera. Sonríe para la foto, y se corre rápidamente hacia una esquina. Quiere llamar la atención lo menos posible. Ahí lo espera Sebastián Méndez, hoy técnico de Palestino, con quien charla cerca de 10 minutos. Este último lo visitó en Madrid durante un mes para conocer su método. Es un admirador de su filosofía. Al mismo tiempo, Giovanni se acerca a la mesa del catering, que ofrecía sándwiches de pollo con lechuga y galletas de diferentes tipos. También hay café, bebida y té. Simeone, atento a su hijo, y resguardando su alimentación, lo interrumpe: “Giovanni, ¿qué vas a comer?”. “Un té, tranquilo”, responde.

El descanso termina. Simeone toma asiento. Firma camisetas, con un ojo en la cancha. La Calera comienza a presionar, y también, se empiezan a mostrar los rasgos más fuertes de la personalidad del Cholo. Toma confianza. Se lamenta ante las pelotas perdidas de los jugadores cementeros. Emite sonidos de reproche. “Vamos. Más fácil”, dice en una oportunidad. Hasta que Gonzalo Mall, portero de Magallanes, le da el penal a los locales: “Lo tiene que echar. ¿O al arquero no se le expulsa por ser el último hombre? Tengo esa duda”, dice. Nadie tiene una respuesta a su interrogante. Mariano Barbieri define y saca aplausos, también del propio Simeone. El Cholo espera a que Gianluca se acercara a celebrar para sacar una fotografía. La envió de inmediato por Whatssap.

Y, de la nada, comenta el gol de Diego Costa, en el Mundial. “Leo, ¿viste el gol de Diego Costa? Anotó un golazo ante España. Se sacó muy bien a los defensores”, dice el Cholo. “Sí, y a Irán se lo hizo de rebote”, le comenta su agente.

El partido ya está por finalizar. Magallanes prepara un cambio. En el cal, Mark González espera ingresar. “Ese es Mark González. Tuvo su mejor época con Bielsa y después fue a Rusia. ¿Te acuerdas?“, le pregunta Rodríguez. “Sí, era buenísimo. Muy rápido.”, le dice Simeone.

Quedan cinco minutos y los Simeone se despiden. El Cholo llama por celular a un chofer. “¿Estás abajo? Voy bajando. Vamos a Santiago”, ordena. En el Hotel W, su actual señora, lo espera.

Seguir leyendo