El diamante escondido

Vinicus Juniors

Vinicius Junior, estrella del Madrid, pasó inadvertido. Pocos sabían que uno de los futbolistas con mayor proyección mundial jugaba contra Chile.



Cincuenta millones de dólares le sonrieron a una persona en el lobby de un hotel capitalino y ni siquiera lo supo. Solo atinó a saludar por cortesía para luego continuar con su camino. Otro, más despistado, llegó incluso a tropezarse con ellos, pero lo que debería haber sido una sorpresa fue un obstáculo en un día feriado donde no tendría que haberlos. Y es que los huéspedes, al levantar sus miradas para observar a la escuadra brasileña Sub 20 que pernoctaba con ellos, no veían a Vinicius Junior. Tampoco a la millonada que pagó el Real Madrid por su pase, ni muchos menos al llamado a revivir el jogo bonito que hace tanto abandonó a Brasil. A sus ojos solo era un joven delgado de piel negra, mirada afable y audífonos caros, que subía a un bus para ir a jugar fútbol con sus compañeros. Del diamante en bruto que pisó Santiago pocos se enteraron.

Puede que el presente de Vinicius cause en España expectación y polémica en cantidades iguales, pero lo cierto es que en Chile su rastro a pocos les interesó seguir. El ciudadano común, ajeno a los traspasos estivales de los clubes en Europa, nunca reparó en la presencia del brasileño en el país. Que a sus 18 años ya hubiese debutado en el primer equipo del 13 veces ganador de la Champions League, no era noticia para ellos simplemente porque no lo conocían. Que permaneciera oculto la mayor parte del tiempo y saliera del hotel únicamente para jugar y viajar también ayudó a eso.

Tampoco eran concientes de que su fichaje es objeto de burlas en redes sociales. Simpatizantes del Barcelona y Atlético de Madrid se mofan de los merengues por comprarlo a precio de estrella y mandarlo a la Segunda División con el filial. "¿Y Vinicius pa' cuándo?", escriben con sorna. Para algunos solo será un fracaso como el de Martin Odegaard (19 años), el noruego que debutó con 16 años por el Madrid y ahora está a préstamo en Holanda. Para otros es el nuevo Neymar.

Lo cierto es que en las galerías del Santa Laura Vinicius fue todo menos Vinicius. Era el '20 súper bueno para la pelota', 'el negrito que se los pasaba a todos', 'el loco rápido'. "¿Quién es ese cabro?", le preguntó un padre a su hijo. "Es Vinicius, juega en el Real Madrid", le respondió el niño, orgulloso por saber algo que su papá ignoraba.

Sin embargo, el breve lapso sobre el césped de Independencia impidió que los más de ocho mil espectadores se asombraran como lo hicieron los rancagüinos el pasado sábado. En 27 minutos mostró algunas gambetas y toques de primera que le valieron la admiración del público, pero poco más.

En Santiago la futura estrella no brilló del todo y su aporte fue tenue en el 2-2 final, lo que ciertamente no evitó que los pasapelotas, después del partido, corrieran a pedirle selfies, a las que accedió con gusto.

La atención por el ex Flamengo es máxima en España, donde los medios ya colocan sobre sus hombros la responsabilidad de acabar con la sequía goleadora que aqueja al Madrid. Tal carga no lo acompleja. Tampoco el hecho de apenas haber jugado unos cuantos minutos. Luego del empate a un tanto el sábado, el carioca fue claro: "Todo llegará. Tengo que tener la cabeza tranquila y feliz por poder haber podido aportar en un par de partidos. Volveré mejor luego de este parón de selecciones".

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