Rodrigo Goldberg

Rodrigo Goldberg

Ex futbolista , comentarista y panelista de El Deportivo.

El Deportivo

La evidencia irrefutable


Alfredo Arias luce sentado en la banca azul y en su mente ya ensaya lo que va a decir en la conferencia de prensa. Lo peor es que el marcador, y especialmente el juego, no dejan ninguna duda respecto de la inmensa superioridad de la UC.

Y todo esto parte de la propuesta.

Me llamó profundamente la atención que la U, con la situación que vive, salió a jugar con línea de tres en el fondo y quedando mano a mano en la marca ante el mejor equipo del torneo. ¿No se supone que Arias debía tener cierta precaución? ¿No vio antes jugar a la UC? Planteó el partido como si su equipo fuera el puntero y el rival el colista. Por el contrario, Quinteros saltó a San Carlos con dos volantes de corte (Lobos y Saavedra) siendo local y habiendo mostrado más fútbol que su rival.

Ahí mismo la Universidad Católica empezó a ganar el partido. En el planteo y luego en la inteligencia.

Maduró el partido sin forzarlo. Entendió en la primera etapa que estaba ganando los duelos individuales y era cosa de tiempo que el gol llegara.

Vuelvo a la duda, ¿por qué Arias no pasó a línea de cuatro? ¿Por qué insistió en mantener a Martínez como primera salida si estaba encapsulado entre Aued y Lobos? El entrenador no reaccionó y lo peor es que creo que no tiene mucho con qué hacerlo.

En ocho fechas ya se puede apreciar la mano de los técnicos. Gustavo Quinteros ha apostado desde el comienzo a un juego colectivo sólido y bien aprendido. Eso, que parece tan obvio, es la base que ha permitido que exploten los nombres propios. Lo vivido ayer en San Carlos fue una muestra fidedigna de dos realidades extremas, donde el discurso que reza “son partidos especiales” o “no importa la posición en la tabla” quedó en peligro de extinción.

La UC pasó por encima con fútbol y sobre todo mucha inteligencia. Esa que sabe esperar, que tiene sangre fría para definir y un corazón enorme para defender. Mojar la camiseta, poner huevos o sentir los colores queda para la tribuna. Los clásicos no se ganan, primero se juegan. Irrefutable evidencia.

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