Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

Chomsky

¡Lichnovsky encesta!


Durante 18 años fue el máximo anotador del básquetbol chileno (en una temporada le ganó Edgardo Arismendi), dio vueltas olímpicas con Santiago y Thomas Bata y como refuerzo de Banco del Estado, participó en torneos sudamericanos y en el Mundial Extraordinario de Santiago 1966, fue campeón en el sudamericano de clubes (con Thomas Bata en Antofagasta 1967) y viajó en la gira de la selección a Estados Unidos que incluyó 50 partidos (1972).

Cuando se le pregunta por su mayor emoción, no vacila y contesta con su acento agringado: “Nada se puede comparar con el orgullo de vestir la camiseta de la selección chilena, escuchar el himno patrio… Para uno que llegó como refugiado, que Chile es su patria, que su mujer e hijos son chilenos, es muy emocionante”.

Juan Mariano Lichnovsky Rumpik nació el 26 de abril de 1943 en Martin, Checoslovaquia, actual Eslovaquia (cumplió 74 años). Medía 1,91 metros y pesaba 87 kilos. A los siete años llegó con su familia como emigrante al Estadio Nacional. “Estuvimos en cuarentena en las tribunas bajo marquesina” (agosto de 1950). De ahí a aprender el idioma y a buscar trabajo. Jugaba fútbol en el Renca Sporting, puntero derecho de la segunda infantil, y básquetbol en el Municipal de Renca, cuya presidenta, Amelia Reyes, le regaló entradas para el Mundial de Básquetbol 1959 que se realizó en el Estadio Nacional (frente a la galería norte). Obtuvo la ciudadanía chilena en 1961.

Defendió a Ferroviarios (1960 a 1962) y a Thomas Bata (1963 a 1979), y en la empresa Bata de Peñaflor fue obrero, técnico de calzado, jefe de la planta de cuero y gerente general por 48 años, con presencia permanente en Sri Lanka, Sudáfrica y Centroamérica.

¿Cómo jugaba? “Entrenaba cinco horas diarias en la cancha de asfalto de Ferroviarios, en la calle Exposición, y cuando pasaba una locomotora, nos dejaba la garganta llena de humo. Ponía el esfuerzo en la práctica diaria, llegué a hacer mil lanzamientos con la mano izquierda. Más de una vez me saqué el yeso con un martillo o combo para poder jugar y siempre con el espíritu de salir a ganar, era una fiera luchando bajo los cestos”.

¿Quién fue su ídolo? “Juan Guillermo Thompson. Él medía 1,95 metros y con las manos me sacaba 15 centímetros de ventaja. Tenía una gran coordinación y jugó en Brasil. Era irresponsable, le gustaba el copete. Yo regresaba de un viaje de Toronto, cuando en el avión leí: se durmió un gigante. Había fallecido a los 55 años”.

¿Usted lesionó a Thompson? “Sí. En el sudamericano de Asunción 1968, casualmente lo pasé a llevar en la rodilla izquierda y le provoqué una lesión de meniscos”.

Berkley Bute. “Un jugador estadounidense mediocre, que en Chile triunfó por su altura (dos metros) y porque solo jugó en Unión Española. Fuimos buenos amigos, era bonachón y también desordenado”.

¿Jugaba básquetbol y manejaba una moto BMW? “Choqué y tuve una conmoción cerebral. Terminé en la Posta Central y los médicos me recetaron seis meses de reposo. A la semana estaba practicando. Tenía 19 años. Vendí la moto porque el vaivén en las calles me endurecía los músculos y me afectaba el cálculo al lanzar”.

¿Una derrota? “Frente a Brasil. Faltaban 22 segundos, perdí la pelota, cometí un foul y salí por cinco faltas. Brasil ganó faltando ocho segundos. Estuve llorando hasta las cinco de la mañana, sin poder dormir. Tenía 22 años”.

¿Sabe cuántos puntos anotó en su carrera? “Conservo tres álbumes con fotografías y recortes, pero no llevé la estadística. En promedio, yo anotaba 30 puntos por partido y mi récord fueron 67 puntos, creo que ante Mademsa”.

El básquetbol llenó su vida. “Me enseñó que si ganas te sacan en andas, y que si pierdes, te pisotean. Y que después de pegar un codazo, cuando todo el estadio te gritaba maricón, eso era impagable”.

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