Los pies en la tierra: la cuarentena fuera de la tabla del Marciano Saavedra

El skater vio frenado su impulso de llegar al Mundial de Las Vegas y sumar puntos para Tokio por la cuarentena, la que ha vivido lejos de su deporte y enfrentando las consecuencias económicas. Recibió la caja del Gobierno, pero no puede salir a trabajar.




La cuarentena frenó en seco su progreso. El sueño mundial de Bastián Saavedra (23 años) debió tomarse una pausa. Marciano, como le apodan, lideraba el campeonato nacional de skate y sus chances de clasificar al Mundial de Las Vegas eran grandes si conseguía un buen resultado en la tercera y última fecha. Sin embargo, la pandemia se cruzó en la pista y las ruedas se detuvieron.

Bastián compite en la categoría Street y de haber clasificado al certamen en Estados Unidos tenía chances de sumar puntos para llegar a los Juegos Olímpicos. Worldskate, organizadores de la disciplina, debieron cancelar el torneo que estaba programado para marzo, justo cuando la pandemia comenzaba a azotar en Chile. Por lo mismo, también se suspendió la jornada final del torneo local.

Bastián debió confinarse en Quinta Normal. Allí pasa la cuarentena junto a sus dos abuelos y su hermano, mientras espera novedades sobre si se retoma o no la competencia que lo mantenía ilusionado. El nacido en Santiago anhelaba ganar el millón de pesos con que premiaban al ganador, puesto que con la pandemia sus recursos bajaron. “Toda la clase media está sufriendo. Es poco el sustento que tenemos. No hay pega ni pololitos para ganar monedas”, dice el skater. La única ayuda que han recibido fue la caja de mercadería del Gobierno.

Marciano convive con las dificultades de no poder trabajar en la feria junto a sus tíos, como regularmente hacía, más la imposibilidad de entrenar adecuadamente. En su casa no tiene el suficiente espacio y los permisos temporales no incluyen algún apartado para que salga a patinar, además de que su Federación no lo incluyó dentro de los deportistas autorizados por el Ministerio del Deporte para retomar sus actividades.

La necesidad de mantenerse en ritmo, de no perder la agilidad, porque “es como andar en bicicleta: si la dejas en el agua, se oxida”, igual ha hecho que Bastián se las ingenie para salir con su skate, pues ya llevaba dos meses sin agarrar la tabla para entrenar sus trucos. Se va afuera de la casa de un amigo que vive cerca suyo. “El papá de mi amigo tiene una ferretería y nos regaló algunos implementos para hacer unas rampas”, dice Marciano. “Nos motivamos para matar el aburrimiento, porque en la cuarentena uno come y engorda. No es para faltar el respeto a la gente que está haciendo cuarentena”, complementa.

Es que cómo evitar las ganas de patinar, si lleva doce años haciéndolo. Todo comenzó en Lo Prado, donde vivía con su tío, abuela, mamá y primos. Frente a su casa vivían dos niños que andaban en skate, quienes los introdujeron al deporte que lo cautivó. “Me ha ayudado a salir. Sin el deporte, uno puede ser cualquier tipo de persona, nunca se sabe el destino. Me gustó porque es extremo”, cuenta Bastián.

La constancia que le puso al deporte lo llevó a mejorar. “Practicaba todos los días. Se trata de entrenar, entrenar y entrenar hasta que salga mejor. Hay un límite que te lleva a otro límite, siempre progresando”, dice Marciano. Eso sí, también lo aprendió de golpe: “Era malito, me caí dos veces y quedé inconsciente. Se me olvidaba lo que me pasó y perdí el miedo”.

Todo eso lo llevó a ganar la primera fecha del campeonato nacional y ser escolta en la segunda para liderar el ranking en la modalidad Street. Le ilusionaba ser campeón y viajar a Las Vegas, pues conocer el mundo y grabar un video de calidad que se haga viral son sus motivaciones. El skate le dio su primera posibilidad de salir de Chile, cuando compitió en un torneo de la marca Vans en Argentina el 2016, en el que salió segundo. “Fui feliz”, resume.

Marciano es líder del torneo, pero no se confía. “Todos los chiquillos son buenos, cualquiera puede llegar a ser pro”, indica. “Yo ni hablo de eso, porque si uno habla, de repente no pasan las cosas. Me quedo callado hasta que se logre la meta”, complementa.

Mientras se mantenga la cuarentena, Bastián tendrá que ingeniárselas para entrenar y mantenerse en nivel para cuando se retome el calendario, si es que se hace. De momento, nadie le quita la ilusión de vivir del su deporte, de la disciplina que le hace volar, saltar y dominar la tabla.

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