Cecilia Lagos

Cecilia Lagos

El Deportivo

No es no, también para Cristiano


La verdad siempre busca una manera de salir rompiendo la superficie, como si, en vez de haberla enterrado para hacerla desaparecer, la hubieran sembrado. Cuando empecé a leer el reportaje de la prestigiosa revista alemana Der Spiegel sobre la acusación de violación de Kathryn Mayorga contra Cristiano Ronaldo, muy en el fondo deseaba que se confirmara con simpleza la inocencia que CR7 ha alegado públicamente. Pero a medida que avanzaba en los antecedentes, mi estómago se apretaba y me di cuenta de que no. Según el doloroso testimonio de Mayorga, su rápida denuncia a la policía, la constatación de lesiones en el hospital y la respuesta de CR7 en un cuestionario inicial – que luego fue modificada- donde admite que la exmodelo le dijo varias veces “no”, “para” y “no lo hagas”, la denuncia no parece un montaje.

El recuento verificado del reportaje es impecable y no tengo por qué no creerlo solo porque el acusado es CR7. Además confirma que cuando tienes todo el dinero, poder y fama del mundo, puedes darte el lujo de contratar a un ejército legal de abogados, peritos e investigadores, buscar todos los recursos para evitar un juicio, culpar a la víctima y hacer imposible que alguien común te enfrente y gane.

Un año trabajaron los abogados de CR7 para firmar el acuerdo. ¿Por qué tanto esfuerzo para silenciar y ocultar, si es inocente? ¿Por qué no demandar a Der Spiegel por injurias y calumnias si ya en abril de 2017 destaparon el caso? ¿Por qué el testimonio y la evidencia que Mayorga entregó a la policía de Las Vegas en 2009 desaparecieron?

Lo peor ha sido la declaración del Juventus, que dio a entender que da lo mismo si CR7 hizo algo porque ya pasaron “supuestamente diez años” y lo que vale para ellos es el profesionalismo de “este gran campeón”, en oposición a la incomodidad expresada por sus patrocinadores.

Lo urgente ahora es que el veredicto final no sea resultado de artilugios legales sino realmente la verdad, con todas sus consecuencias. Y que, de una vez, todos aprendan que “no” es “no”.

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