Retornos que terminan mal

Fueron repatriados con el fin de ilusionar y sus flamantes contrataciones terminaron convertidas en eso, en pura ilusión. Entre controversias con sus clubes, demandas judiciales y expectativas no cumplidas, sus soñados retornos se tornaron pesadilla. En apenas cuatro años el fútbol chileno asistió al desplome de tres hijos pródigos. Tres historias de desamor. Tres regresos frustrados.


Han pasado ya casi cuatro años, pero las palabras pronunciadas por Humberto Suazo el 15 de diciembre de 2014 en la sala de conferencias del Estadio Monumental todavía resuenan con fuerza en Macul. Se diría que todavía pesan. “No lo pensé dos veces cuando me llamaron de Colo Colo. Tengo mucho que dar pese a todo lo que han hablado de mí y sé que me irá muy bien”, manifestaba confiado el ariete el día de su segunda presentación con el conjunto albo. Y pese a todas las suspicacias que planteaba su estado físico, resultaba imposible no creerlo.

Exactamente siete años y medio después de su partida de la institución, en 2007, con rumbo a México, Chupete regresaba a Pedreros. Su fichaje, con 33 años, representaba además la primera gran repatriación de un futbolista nacional con una sólida trayectoria en el extranjero efectuada por un club chileno en años. Seguramente la de mayor envergadura desde los retornos de Zamorano y Salas para jugar en Colo Colo y la U, respectivamente. Pero la segunda primera vez de Suazo en el Monumental (que terminaría siendo también la última en el fútbol) no pudo ser más ingrata.

En los diez meses que duró su aventura, el que fuera capaz de anotar la friolera de 51 goles en un solo año natural vistiendo la casaquilla alba (en 2006), tan solo logró ver portería en siete ocasiones, teniendo que capear además las críticas motivadas por su escaso aporte al equipo y su evidente sobrepeso. Una tensa situación que terminó de romperse el 18 de octubre de ese año, cuando tras ser sustituido en un duelo ante San Marcos de Arica, en el norte, el delantero profirió presuntamente graves insultos al cuerpo técnico del equipo, encabezado por José Luis Sierra y Pedro Reyes, gatillando su desvinculación del plantel por “un incumplimiento grave” de las obligaciones de su contrato.

Aquella fue la última vez que Suazo se enfudó la camiseta del Cacique, el último partido que disputó en la élite y el público desencuentro que acabó por precipitar su retiro. “Me retiré del fútbol por lo sucedido con Colo Colo”, llegó a manifestar meses después el delantero en el marco del juicio iniciado contra su ex club por acoso laboral y despido injustificado, que concluyó, en octubre de 2016, con un fallo farovable al jugador que obligaba a la concesionaria de ByN a indemnizar a Chupete con una suma de 370 millones de pesos. Una suerte de jubilación anticipada a costa del equipo al que había llegado como refuerzo estrella (el delantero colgó los botines definitivamente en enero de 2018 tras defender al SAU en Segunda) como colofón a un retorno mucho más negro que blanco.

La pesadilla fantástica

El viernes 24 de julio de 2015, mientras Chupete se disponía a iniciar el que sería su último semestre en Primera, Valparaíso se engalanaba para recibir con honores a su hijo pródigo en activo más mediático. “Gracias por la espera, hoy el vagabundo está de vuelta”, proclamaba David Pizarro (entonces de 35 años) el día de su presentación en un estadio de Playa Ancha absolutamente abarrotado. No era para menos, Santiago Wanderers, el club con el que el Fantasista había debutado en el profesionalismo en 1996, llevaba 17 años aguardando su regreso. Pero las cosas no salieron según lo esperado.

El martes 26 de julio de 2016, es decir, exactamente un año y dos días después de su celebrado y publicitado retorno al puerto, el volante firmaba su finiquito con un paupérrimo balance (motivado, en gran medida, por las lesiones) de 11 partidos oficiales jugados -apenas tres completos- y un total de 566 minutos en cancha con la verde del Decano sin llegar a ver portería. En febrero de 2017, aireando por última vez todas las polémicas con ribetes de teleserie surgidas en un año de auténtica pesadilla entre el jugador y la entidad de sus amores, Pizarro disparaba: “Quise volver, dejando de lado las diferencias con los dirigentes y prácticamente gratis, pero llegué a quedar sordo del portazo que me pegaron. No me iba a quedar en casa llorando y como buen chileno salí a buscar pega”. Y la encontró en Universidad de Chile, lejos de un Valparaíso al que volvió convertido en héroe y del que terminó marchándose tildado de traidor por su hinchada.

“Ese esperado reencuentro de Santiago Wanderers con David o de David con Santiago Wanderers, no fue el más feliz ni para él ni tampoco para el club y hoy no existe ninguna relación de ningún orden”, explica al respecto, en conversación con La Tercera, Miguel Bejide, vicepresidente del conjunto caturro, antes de ahondar: “Wanderers es un equipo con una hinchada muy potente y para el wanderino histórico la salida de David hacia Universidad de Chile no fue muy bien vista. Por eso hubo comentarios muy duros de parte de los propios hinchas”. Unos hinchas que llegaron incluso a promover una campaña para retirar las fotos del jugador de la galería de ídolos del club en el 125 aniversario de la institución, celebrado el pasado año.

“Traer a David Pizarro era como el sueño del pibe. Y se hizo un esfuerzo, pero no se midieron las consecuencias a mediano plazo y hubo seguramente una decisión un poco equívoca basada fundamentalmente en el cariño, el entusiasmo y lo que significaba traer a este jugador”, culmina hoy Bejide, antes de apresurarse a desmontar un falso mito construido en torno a la relación contractual del jugador con el club en sus últimos meses en Wanderers: “Él jamás se me acercó para decirme: ‘Señor Bejide, estoy en condiciones de jugar, entre comillas, gratuitamente’, como se dijo. No fue así. Todo eso es una mentirilla o como queramos llamarle, pero eso no ocurrió”. En su regreso a Playa Ancha con la camiseta de la U, el ídolo caído wanderino, fue abucheado como un villano.

A la tercera fue la demanda

Mauricio Pinilla es, claro, el más reciente ídolo repatriado en sumarse al nutrido club de los hijos pródigos frustrados. Aterrizó en el CDA el 25 de julio de 2017 con la vitola de goleador curtido en el fútbol extranjero y las ideas muy claras. “Este es uno de los días más felices de mi vida. Vengo para sacarme la espina que es salir campeón”, pregonaba el espigado ariete en su tercera presentación como jugador de la U, pues tras emigrar en 2003 había tenido una breve segunda escala en el club en 2007.

Pero 367 días después (exactamente los mismos que duró Pizarro en Wanderers), con un bagaje de 18 goles en 32 encuentros y sin rastro de los títulos, comenzaron los problemas. Un preacuerdo con Colón y una rectificación tardía se saldaron finalmente con su despido en conferencia de prensa el 31 de julio. Y al igual que sucediera con Suazo, el asunto terminó en los tribunales.

Hoy, vilipendiado por los hinchas que antes lo idolatraban, sin libertad de acción y convertido en La Cisterna en persona non grata, el jugador solicita 1.000 millones de pesos en concepto de indemnización al club de sus amores por despido unilateral injustificado. Otra teleserie sin final feliz decida lo que decida la justicia.

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