River sonríe primero

Partidazo de alto vuelo, mucha dinámica y pierna fuerte en la Bombonera. Tobar cumple y no se asusta del acalorado ambiente. La final llega abierta a la revancha del sábado 24.



B. Juniors: A. Rossi; L. Jara (83’, J. Buffarini), C. Izquierdoz, L. Magallán, L. Olaza; N. Nández, W. Barrios, P. Pérez; S. Villa (71’, C. Tevez), R. Ábila, C. Pavón (26’, D. Benedetto). DT: Guillermo. B. Schelotto.

R. Plate: F. Armani; G. Montiel, J. Maidana, L. Martínez (57’, I. Fernández), J. Pinola, M. Casco; E. Palacios, E. Pérez (74’, B. Zuculini), G. Martínez (76’, J. F. Quintero); R. Borré, L. Pratto. DT: M. Biscay (M. Gallardo suspendido).

Goles: 1-0, 35’, Ábila, tras capturar un rebote de Armani que él mismo provocó; 1-1, 36’, Pratto, define de derecha al palo más alejado; 2-1, 45+1’, Benedetto, gana de cabeza un centro al corazón del área; 2-2, 62’, Izquierdoz, autogol de cabeza.

Árbitro: R. Tobar (CHI). Amonestó Jara, Villa, Ábila y Tevez (BJ); Casco y Borré (RP).

Estadio la Bombonera. 49 mil personas, aprox.

 


Si la Bombonera desbordada de hinchas de Boca al principio latía con esa fuerza especial y el cemento se movía de verdad exigiendo “hoy hay que ganar”, todo al final resultó al revés. Lejos de esas fotos potentes del inicio, repletas de ilusiones matizadas con globos azules y amarillos y también con humo en esos mismos tonos, el mundo xeneize regaló en el cierre una sensación mucho más cercana al lamento que a la esperanza total. La razón estaba en esa victoria que Boca no merecía, pero que se le había escapado por los caprichos de este juego fascinante.

Justo Darío Benedetto, justo el héroe de las semifinales con tres goles de los cuatro que Boca le convirtió a Palmeiras, justo el autor del cabezazo que quebró a Franco Armani en el epílogo de la etapa inicial, justo ese “9” de las definiciones sensibles, justo él en un momento tan especial falló un mano a mano nítido sobre la hora. El arquero de River achicó rápido y lo tapó. ¿Cuánto pesará esa jugada en la resolución de esta histórica final superclásica de la Copa Libertadores que, al menos en su primer capítulo, estuvo a la altura de las expectativas?

Una vez sellado el 2-2, hubo promesa de los hinchas de Boca de dar la vuelta olímpica en el Monumental en la revancha del sábado 24, pero sonó tibia. No se cantó demasiado con el empate consumado. Es más, los jugadores del equipo de Guillermo Barros Schelotto se fueron caminando hacia el túnel con las miradas clavadas en el piso, tanto que Carlos Tevez trató ahí mismo de levantarles el ánimo a sus compañeros gritándoles: “Con la cabeza alta”. Y a esa exigencia el ídolo la redondeó con un insulto…

No los sacó de eje la postergación de un día por el diluvio. Cada uno a su manera, con sus estilos, los gigantes del fútbol argentino no defraudaron. Boca, con su juego directo, combativo en el medio y saltando la etapa de la elaboración. River, con la intención de otorgarle prioridad a la pelota y a la búsqueda ofensiva.

La influencia de Marcelo Gallardo no se recortó ni prohibiéndole ingresar a la Bombonera, por la suspensión aplicada por la Conmebol. Tan rigurosa fue la medida que un rato antes del partido hubo una requisa policial en el vestuario visitante para revisar toda la utilería, buscando algún equipo tecnológico que pudiera facilitar la comunicación con el técnico, quien lo miró por televisión desde el Monumental. Es más, Matías Biscay, el ayudante de campo de River que en la cancha de Boca fue técnico, lo resumió diciendo: “Teníamos inhibidores de señal en el vestuario. Parece que vino el FBI para que no pudiéramos hablar entre nosotros”. Una exageración.

A la distancia Gallardo igual jugó el clásico sorprendiendo con una defensa de cinco hombres y soltando a los marcadores laterales. Así River marcó presencia en los 20 minutos iniciales y transformó en figura a Agustín Rossi, un arquero cuestionado que llegaba envuelto en dudas, pero que en el calentamiento previo en el campo recibió una ovación de los hinchas de Boca que tal vez le haya permitido recorrer un partido tan especial con tranquilidad absoluta.

A un Boca sin juego le vino bien la lesión de Cristian Pavón. Adentro Darío Benedetto para conformar un ataque con un doble 9 junto a Ramón Ábila. Eso ordenó al equipo de Barros Schelotto en el medio porque el colombiano Sebastián Villa se ubicó definitivamente como volante externo. A partir de esa modificación, también Boca encontró contundencia. En la primera jugada en la que pudo encadenar tres o cuatro pases, Wanchope Ábila le explotó el pecho a Armani, pero insistió en el rebote y lo quebró con un remate al primer palo que el arquero de River no cubrió como correspondía. Y en el cierre del primer tiempo, Benedetto de cabeza clavó el 2-1 tras un tiro libre frontal.

El fútbol sin visitantes regala otras sensaciones. Dos goles superclásicos en silencio en una Bombonera reventando son posibles por esa circunstancia. Eso sucedió con el derechazo cruzado de Lucas Pratto, enseguida del primer festejo de Boca. Eso se repitió en el tiro libre de Gonzalo Martínez que peinó Carlos Izquierdoz y se metió abajo para dibujar el 2-2 final. Ahora, la revancha, en el Monumental. Ahí las explosiones o los lamentos los aportarán los hinchas de River

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