Un vacío de 165 días

15 de Marzo del 2020. Audax Italiano se enfrenta a Universidad de Concepción. Último partido de Primera jugado antes del confinamiento.

"Cuando una gran parte de los países ya han terminado todo lo que dejaron a medias, el fútbol chileno se dispone recién a empezar. Vuelve a la ansiada normalidad".



La gran interrupción está a unas horas de acabarse. Pasado mañana, 165 días después (167 en Primera), el fútbol chileno se reincorpora. Nunca había estado tanto tiempo parado, ni por el terremoto ni por el golpe. Tampoco por vacaciones. Casi medio año sangrando el juego y la industria, los empleos a su alrededor. Cinco meses largos sin ver por acá pelota ni portería. Solo lo que llegaba de lejos, otras ligas que fueron seguidas con mucha curiosidad y un punto de envidia. El manido retorno es al fin un hecho también en Chile.

Con retraso, un mes y medio más tarde de aquel 31 de julio que llegaron a marcar en rojo los clubes y a anunciar con un optimismo tan engañoso como desesperado. Entonces tenían otro presidente al mando y otras peleas televisivas hoy aparentemente calmadas. Pero las mismas urgencias. Mucho han tenido que ordenarse desde aquellos días, dialogar y comprometerse, para que las autoridades sanitarias validaran finalmente la vuelta a las canchas.

La necesidad gana al miedo, que sigue ahí, por más que las experiencias contempladas a distancia permitan asegurar que se puede jugar y con garantías. Queda por comprobar si el modelo chileno está preparado para cumplir con el rigor que lo han hecho otros. El conocimiento empírico de los entrenamientos colocan al deportista como una pieza menos vulnerable. No del contagio, pero sí del drama de sus consecuencias. Casi 60 positivos, escondidos y asintomáticos, han sido detectados al interior de los planteles una vez conocidos los resultados de los controles sometidos. Pero los protocolos han sabido sortear con pericia los inconvenientes de los mismos, que en ningún caso han arañado severamente la salud. El virus es contumaz, pero los cuadros de precauciones que se han diseñado, parecen fiables. Si se respetan.

Una batería de medidas cautelosas y prohibiciones, también de sanciones, que necesariamente van a dibujar un espectáculo distinto. Para empezar por la falta de público en las gradas, con incidencia tanto en los que tendrán que acostumbrase a seguir su afición desde el televisor como en los que están habituados a trabajar con el aliento, la vigilancia o el reproche encima. Es un factor que cambia y mucho el contenido del deporte. Por eso no está muy claro qué es lo que se va a ver en el retorno.

Las lesiones, que han asomado en algunas prácticas, es otra variable con la que contar. El espejo de otras competiciones permite pronosticar que va a ser un contratiempo con el que tendrán que convivir los equipos tras tanto tiempo sin competir. Y la calidad del propio fútbol, según auguran los propios protagonistas por sus sensaciones con la pelota, se va a resentir igualmente. En los físico y en lo técnico.

Cabe pensar que al menos se podrá despejar por un rato la lacra de los barrabravas, muy nocivamente activos en los partidos que se alcanzaron a disputar antes del ataque indiscriminado del virus. Se habían adueñado del juego, recuerden, con asaltos a varios partidos y agresiones que se tomaron las portadas. Hoy no cabe imaginar por dónde pueden asomar. O en realidad, sí. Ha pasado fuera, tan lejos como en Portugal y tan cerca como en Perú, y puede ocurrir aquí. Por eso, Carabineros y Estadio Seguro han diseñado un riguroso plan que impida el acercamiento de los hinchas a los estadios.

Hay que tirar mucho de memoria para recordar en qué estaba futbolísticamente la cosa. Católica, invicta y poderosa. La U, reanimada. Y Colo Colo, convaleciente, con una cabeza de entrenador, la de Mario Salas, recién cortada. Sorpresas refrescantes como las de La Serena o Curicó y O’Higgins hecho un desastre. Pero la brecha de tiempo es tan amplia que, más allá de lo que cuenta la tabla, resulta complicado conectar aquello con lo que está por llegar. Tampoco ha habido mucho de lo que tirar en los entrenamientos para sopesar en qué estado aparecen los equipos y sus jugadores. Al secretismo habitual se ha unido el hermetismo sanitario. Así que todo será una sorpresa, con el entusiasmo y el vértigo propio de un primer día. Cuando una gran parte de los países ya han terminado todo lo que dejaron a medias, el fútbol chileno se dispone recién a empezar. Vuelve a la ansiada normalidad”.

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