Los documentales: un cable a tierra para el Oscar

Escena de Abacus: Lo suficientemente pequeño para ir a la cárcel

Dos de las películas nominadas en la categoría de no ficción se pueden ver en Netflix: Icarus y Strong Island. La primera es favorita, pero le pisan los talones Faces places de la octogenaria Agnès Varda y Last men in Aleppo, largometraje de Feras Fayyad sobre el conflicto en Siria.


Faces places

Ennio Morricone, el legendario compositor de bandas sonoras, puede estar a sólo cuatro días de perder el récord como el más veterano ganador de un Oscar. El italiano se llevó el premio en 2016 a los 87 años por la música para Los ocho más odiados, pero ahora la realizadora francesa Agnès Varda (89) es una de las favoritas a quedarse con la estatuilla a Mejor Documental por Faces places, que hizo junto al artista callejero galo JR. La película es un respiro ante las altas dosis de abyección humana y contingencia política que retratan los otros trabajos nominados. Varda, que el año pasado recibió el Oscar a la trayectoria, recorre las calles de pueblos y comunidades rurales de Francia junto a JR, quien no deja de dejar su huella en la gráfica callejera. Si no gana Varda, Morricone aún puede perder su récord: James Ivory, también con 89 años, es el más serio candidato a quedarse con el Oscar a Mejor Guión Adaptado.

Strong Island

Ganadora del Premio Especial del Jurado a Mejor Guión en el Festival de Sundance 2017, Strong Island alude con su título a Long Island, la isla más poblada del estado de Nueva York y lugar de residencia de la directora afroamericana Yance Ford y de su fallecido hermano William. El documental es la crónica de una injusticia: en el año 1992, William Ford tuvo un altercado con un mecánico de raza blanca en el taller de éste y como respuesta recibió un disparo mortal en el pecho. Un jurado totalmente integrado por blancos juzgó y dejó en libertad al asesino de Ford. Veinticinco años después, su hermana reconstruye esta tragedia a través de recuerdos, fotografías, filmaciones, diarios y entrevistas. Las cosas han cambiado demasiado (Yance fue en algún momento un hombre, pero ahora es mujer), pero la herida sigue incurable. Disponible en Netflix.

Icarus

Bryan Fogel, cineasta y ciclista amateur, dirigió Icarus, la cinta de no ficción que el año pasado se quedó con el Premio del Público al Mejor Documental en el Festival de Sundance. Lo que en un principio parecía ser un documental en el estilo de Super size me (2004), donde Morgan Spurlock se alimentaba de McDonald’s para ver que pasaba en su cuerpo, se transformó en otra cosa: Fogel decidió comprobar en sí mismo los efectos de las drogas estimulantes y se hizo asesorar por el químico Grigori Rodchenkov, jefe de la agencia antidopaje rusa. Mientras Fogel filmaba, Rusia fue suspendida de los Juegos Olímpicos de Río al comprobarse que llevada décadas administrando drogas a sus deportistas. Uno de los grandes responsables era Rodchenkov. Este documental, por lo tanto, parte como una historia personal y termina en las esferas de la política y el matonaje internacional. Disponible en Netflix.

Last men in Aleppo

Otra película con el timbre de Sundance: dirigida por el sirio Feras Fayyad (1984) y producida por el danés Soren Steen Jespersen (1962), Last men in Aleppo se llevó el Gran Premio del Jurado a Mejor Película Documental en 2017. Fayyad rastrea la labor de la Guardia Civil Siria, los llamados “cascos blancos”. Formada por civiles voluntarios, la Guardia Civil son algo así como los bomberos de la guerra: van siempre primero a asistir a heridos en los lugares de ataque, con la muerte pisándoles los talones. Fayyad va estableciendo sus prioridades narrativas al centrarse en tres cascos blancos que trabajan desde los inicios del grupo de rescate, cercados entre el deseo de abandonar la zona de guerra o la intención de quedarse a colaborar en su país. En medio de las medidas restrictivas de Donald Trump, EE.UU. impidió el ingreso del productor sirio Kareem Abeed, quien pretendía asistir a los premios de este domingo.

Abacus

El título completo de este filme es Abacus: Lo suficientemente pequeño para ir a la cárcel. Hace referencia a las características del negocio familiar del inmigrante chino Thomas Sung, dueño de la única institución bancaria en ser procesada por fraude hipotecario tras la crisis financiera de 2008 en EEUU. La película de Steve James (1955) es un directo alegato a favor de los pequeños emprendedores y una denuncia contra la velada protección a los poderosos. Bajo el nombre de Abacus Federal Savings Bank, la compañía de Thomas Sung funcionaba fundamentalmente en el Chinatown de Nueva York y su principal objetivo era ayudar a los inmigrantes. La pequeña tragedia es que a pesar de tener bastantes peces gordos que perseguir en medio de la llamada crisis subprime, el fiscal de Nueva York optó en 2012 por acusar a un jugador menor (Sung y sus 16 empleados), utilizándolo como chivo expiatorio.

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