Su libro Los cuatro peronismos, publicado en 1985, es un clásico de la historiografía del peronismo. Su autor, el doctor en ciencias sociales, docente y ensayista Alejandro Horowicz (73), hace una radiografía a la trascendencia y vaivenes del principal movimiento político de la historia del país, que desde el 17 de octubre de 1945 hasta hoy ha gravitado, y no pocas veces ha pautado, los acontecimientos de Argentina.

En sus casi ocho décadas de existencia, el peronismo ha virado a la centroizquierda a la centroderecha y a la derecha, ha cobijado a los Montoneros y a la Triple A, ha sido un férreo defensor del Estado de bienestar y también lo ha desmontado. Y de cara a las elecciones presidenciales de octubre próximo en Argentina, las interrogantes sobre su futuro son evidentes. El propio Horowicz señaló en mayo pasado que la “balcanización” del peronismo es un hecho inevitable producto de la fuerte crisis que atraviesan y la necesidad de una renovación.

Un escenario convulso que Horowicz ya vaticinó en 2021, al perfilar en gran medida el marco político en el que hoy se encuentra Argentina, en especial, luego de los sorpresivos resultados de las PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) celebradas el 13 de agosto. Hace dos años, en entrevista con el periódico Perfil, señaló: “Si el peronismo no tuerce el camino, 2023 será de (Javier) Milei y (Patricia) Bullrich”.

Mauricio Macri, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta reaccionan en el escenario durante un evento tras las primarias, en Buenos Aires, el 13 de agosto de 2023. Foto: Reuters

En efecto, con el 30,04% de los votos que obtuvo en las PASO, Milei, el candidato libertario de La Libertad Avanza, se puso en la pole position de cara a octubre, seguido del ministro de Economía y abanderado de la oficialista Unión por la Patria, Sergio Massa (21,40%), y la carta de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich (16,98%), quien dejó en el camino a su compañero de alianza, Horacio Rodríguez Larreta (11,30%).

En la siguiente entrevista con La Tercera, Horowicz analiza el retroceso del kirchnerismo y del peronismo en general, al tiempo que entrega su pronóstico de lo que puede suceder en las urnas en octubre, en especial de las opciones de Milei, el candidato de extrema derecha al cual ha descrito como “el único político en Argentina que tiene un piso, pero no un techo”.

Por estos días la prensa argentina ha recordado su vaticinio de 2021, cuando dijo que “si el peronismo no tuerce el camino, 2023 será de Milei y Bullrich”. ¿Cómo logró anticipar el actual escenario político?

En general, más allá de que yo lo haya anticipado, no era ni es tan particularmente complejo entender lo que está pasando si manejas algunos datos duros. Por ejemplo, para que se entienda, cuando Cristina Fernández abandona el gobierno, en el 2015, el 30% de los habitantes de la sociedad argentina eran pobres. Y si estos datos se comparan con los datos de 1970, usted descubría dos cosas: que en la Argentina del 70 solo el 4% de la sociedad era pobre, y que para ser pobre, en 1970, usted tenía que ser un desocupado. Si usted era un trabajador ocupado, podías ganar mejor o peor, pero no eras pobre de ninguna manera. Cuando usted mira hoy un trabajador en blanco, usted ve que alguien que puede trabajar en blanco y seguir siendo pobre. Esta brutal diferencia nos hace saber que ser un asalariado en este ciclo histórico en la Argentina tiene muy poco que ver con serlo en el ciclo histórico anterior. Cuando Mauricio Macri se va en el 2019, se salta del 30% de pobres de la época de Cristina al 35% de pobres. En este momento, la pobreza supera holgadamente el 40% de la sociedad. En consecuencia, usted está entendiendo que usted ve una especie de escalera de degradación sistemática y continua.

Joel Benítez lleva su bolso de la aplicación de entrega de alimentos Rappi mientras trabaja en Buenos Aires. El joven de 19 años, que votó por primera vez, dijo que en las primarias optó por Milei. Foto: AP

Entonces, en una escalera de degradación de estas características, aquellos que dan una respuesta reaccionaria conservadora radical, pero que todavía no se ha implementado de algún modo, o que son nuevos en el juego político, como Javier Milei, que no forma parte de ninguno de los partidos tradicionales, sino de una organización política construida radialmente alrededor de su figura, y Patricia Bullrich, que es algo así como lo que se define como una tránsfuga política que va volando desde las distintas coaliciones -arranca en Montoneros, fue ministra del gobierno de Fernando de la Rúa y de Macri y ahora es candidata presidencial-, estos puntos, estos discursos extremos, tienen la posibilidad de captar una audiencia significativa, sobre todo porque la izquierda es una izquierda que ladra, pero no muerde. En consecuencia, está claro que no hace ningún gesto simbólico real que el conjunto de la sociedad sienta como una orientación en dirección a otra cosa. Por lo tanto, admitir el fracaso del gobierno de los Fernández, que era un dato básicamente claro ya entonces, y admitir que este fracaso suponía de nuevo un giro más pronunciado, o lo menos discursivo hacia la derecha, era casi una obviedad.

Cristina Fernández había anticipado que ella veía un escenario de tres tercios, pero a la luz de los resultados de las PASO, que el kirchnerismo fuera la tercera fuerza más votada ¿era algo esperable o no?

No es el kirchnerismo la tercera fuerza más votada. Hay una cuenta ahí que está mal hecha y vale la pena detenerse un momento: la idea de que los votos de Bullrich y Rodríguez Larreta, por integrar ambos una misma coalición y un mismo partido político, son sumables. ¿Qué quiero decir? Es mucho más probable, en estas condiciones políticas, que los votantes de Bullrich miren a Milei, por lo menos lo consideren, y es mucho más probable que los votantes de Rodríguez Larreta hagan lo propio con Massa, dado que Rodríguez Larreta no es más candidato. ¿Qué estoy diciendo? En realidad, lo que usted está viendo es un candidato que personalmente tiene el 30%, como Milei, un candidato que personalmente tiene el 21%, Massa, y un tercer candidato que es Bullrich, que tiene casi el 17%, que es lo que realmente obtuvo en las PASO. Entonces la pregunta es, ¿esos son los contendientes de la cancha? Pero si usted mira cuánta gente no participó del proceso electoral, cuánta gente votó en blanco y cuánta gente anuló el voto, usted está viendo que afuera del conteo hay más que lo que obtuvo la fuerza que ganó. Dicho de otro modo, es muy difícil saber cómo se van a distribuir estos nuevos votos.

La vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández, posa con el nuevo ministro de Economía, Sergio Massa, en Buenos Aires, el 1 de agosto de 2022. Foto: Reuters

¿Y tiene algún pálpito al respecto?

Yo tengo una hipótesis al respecto, y la hipótesis es que Milei, si gana las elecciones, tiene que hacerlo en primera vuelta, porque si bien es cierto que Milei no tiene una imagen negativa equiparable al resto de los políticos tradicionales, ha construido lo que podemos denominar el miedo y el rechazo a Milei precisamente por su posición. Milei no es el candidato del establishment. Al establishment un candidato que diga que va a romper las relaciones comerciales con China y va a dificultar los acuerdos con Brasil es un suicida, no un candidato.

Milei es el candidato de aquello que el orden político condena a lugares que desde su autopercepción no son los que les corresponden, y esto permite identificaciones de nichos muy distintos. No solo las víctimas pobres se ven en esta situación, sino aquel que es un trabajador calificado y gana, entre comillas, razonablemente mejor que los otros, pero que no tiene ni un auto de gama en la puerta de su casa, ni vive en las condiciones que él cree que debiera vivir y que le explica que son las condiciones civilizadas de vivir, bueno, él también quiere formar parte de un juego que le permita acceder a esto. Entonces, es perfectamente posible que Milei gane en primera vuelta si saca el 45% de los votos y una diferencia superior a los 10 puntos con el que lo sigue en la carrera. Ambas asimetrías son posibles en primera vuelta. Si no sucede esto, el candidato con más chance a jugar contra Milei no es Bullrich, es Massa. Massa puede ser visto por la sociedad argentina como un candidato más, entre comillas, razonable y menos corrido a derecha. En segunda vuelta es posible, muy posible, que Massa le gane a Milei. Esto es, que el temor que Milei suscita sea más importante que el fracaso que Massa supone, en tanto en este momento es ni más ni menos que el ministro de Economía que gobierna una crisis.

El candidato presidencial argentino Javier Milei, de la alianza La Libertad Avanza, asiste a un evento empresarial en Buenos Aires, el 24 de agosto de 2023. Foto: Reuters

¿Y en ese sentido cree que es un error que Massa no haya renunciado todavía a ser ministro de Economía?

Él no puede renunciar. El gobierno depende de Massa. Si a Massa se le ocurre renunciar en este momento, no hay más gobierno. Es factible que renuncie el presidente y nadie se va a enterar siquiera, pero no es factible que renuncie Massa, porque eso supone una catástrofe de los mercados directamente. Massa es el ministro que administra la crisis y es el ministro al cual el establishment le pone las fichas en este momento.

Tras las PASO, el periodista Jorge Lanata dijo que “estamos asistiendo al comienzo del final del kirchnerismo”. ¿Lo ve así?

Aquí tienes que entender que estás viendo un fenómeno en recesión. Si miras los votos que obtuvieron los Fernández en las elecciones de 2019 y los comparas con los votos que obtuvo Macri en el 2015, te vas a dar cuenta de que a Macri lo votaron 55.000 personas más en el 2015 que a los Fernández en el 2019, habiendo dos millones de votantes nuevos en el padrón. Lo que estás viendo es un proceso de deslegitimación del orden político donde se trata de saber quién se desangra más rápido. Por lo tanto, este camino pareciera ser el camino. Si la situación argentina no se modifica dramáticamente y no es pensable, por lo menos en un sentido positivo, este declive pareciera acentuarse de continuo. En esas condiciones, la posibilidad de sobrevida del kirchnerismo y del peronismo en su conjunto como partido capaz de gobernar la sociedad argentina se va reduciendo velozmente.

El ministro de Economía de Argentina y precandidato presidencial Sergio Massa, de la alianza Unión por la Patria, habla en el escenario de su sede de campaña durante un evento tras las primarias, en Buenos Aires, el 14 de agosto de 2023. Foto: Reuters

¿Electoralmente este es un punto de inflexión para el peronismo o no?

En la historia política del peronismo hemos visto distintos momentos donde el peronismo declinó incluso electoralmente todavía en vida el general Perón. Pero el peronismo tenía una posibilidad dentro de ese ciclo histórico, donde todavía el fordismo era la estructura fundamental del movimiento obrero y de la arquitectura de producción fabril, que ya no existe más. Ya no existen las fábricas nacionales, existe la fábrica global. Y China es el territorio de la fábrica global, razón por la cual la idea de que el programa de sustitución de importaciones puede hacerse como se hizo hasta 1976 en la Argentina, en fin, es una idea que peca de una terrible ingenuidad y de imposibilidades prácticas y materiales obvias.

¿Para usted es posible imaginar una Argentina sin peronismo?

Es una Argentina muy difícil de imaginar. El peronismo existe desde antes de que yo naciera. Por lo tanto, me estás preguntando cómo sería la vida sin mi papá y mi mamá. Todos sabemos que en un momento determinado papá y mamá dejan de estar. Pero esto no es imaginable y esto no deja de ser bastante terrible como experiencia. Pues bien, la sociedad argentina va a tener que inventar otra cosa. Ya no se trata de una invención desde arriba, sino desde una invención desde abajo, como el peronismo fue en 1945.