Carlos Ruiz: “Lo del domingo no es sólo Gabriel, no hay que menospreciar la tremenda votación de Jadue”

Carlos Ruiz. Foto: Pedro Rodríguez.

El sociólogo espera que el triunfo de Gabriel Boric en las primarias presidenciales de Apruebo Dignidad “termine por consolidar al Frente Amplio como fuerza política”, pero advierte que más que disputar hegemonías hay que ampliar la alianza de izquierda.




No le acomoda la palabra mentor –no me gusta la palabra, dice-, pero si se establecieran las figuras que más han influido en el candidato presidencial de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, el sociólogo e intelectual Carlos Ruiz (57 años) ocuparía un lugar de privilegio. Durante las protestas estudiantiles que catapultaron a Boric y otros en la primera línea de la opinión pública, Ruiz fue una presencia permanente en la vida del también diputado. Pero rompieron en 2016 –políticamente, no en lo personal, aclara- por diferencias sobre cómo avanzar en política y fortalecer al Frente Amplio.

¿Cómo vivió los resultados del domingo?

El resultado me emociona. Voté como cualquiera y me impresionó mucho la altísima votación de Gabriel y espero que esto termine de consolidar al Frente Amplio como una fuerza política. A eso sumaría que Jadue obtuvo una tremenda votación y la suma de ambos generó un respaldo a un bloque de izquierda como no existía hace muchas décadas en Chile. De ahí la oportunidad histórica. Me parece que hay una intención un poco perversa en atribuir la victoria de Gabriel a los errores de Jadue. Eso comete dos falacias: desconoce los méritos de la excelente campaña de Gabriel y que la votación de Jadue es enorme. Sólo tiene como intención confundir las posibilidades de unidad de la izquierda. Lo del domingo no es sólo Gabriel, no hay que menospreciar la tremenda votación de Jadue.

¿Cómo vio a Boric durante la campaña?

Gabriel es un excelente candidato, pero por sobre todo logró sintonizar -aunque no quiero decir que sea un problema totalmente resuelto- la esfera política que ha sido sorda con una ciudadanía mucho más activa y demandante, ante la cual hay que ponerse en voluntad de escuchar. Esta no es la ciudadanía pasiva que se acostumbró a ver la derecha y la Concertación en los años 90 y que les permitía desarrollar la política en modo cocina, por decirlo de alguna manera. Todo eran cálculos, pura aritmética de suma y resta entre expertos electorales y nada de determinación ciudadana. Queda mucho por andar y la izquierda en este rato tiene que plantarse en una dimensión más de proyecto que de administración, no es sólo un listado de políticas públicas. Toda la esfera política en este momento está ante una demanda de entender, de asumir que está frente a una ciudadanía más activa.

¿Ve que cambió la hegemonía dentro de la izquierda?

Esas son cuentas estáticas que siguen sacando la calculadora para sumar y restar en el álgebra mental de los años 90. Todavía hay un problema de mentalidad de muchos sectores de la esfera política que no terminan de asumir que los proyectos hay que construirlos de cara a la sociedad. No creo que se trate de hegemonías, al contrario, todavía hay que ampliar mucho más esta alianza de izquierda, conversar de forma abierta con la Lista del Pueblo, pero también con los movimientos sociales. Hay muchas fuerzas sociales que no están en ese proceso y discutir si algunos sectores van a aceptar o no la posibilidad de que podamos encaminar un proyecto de transformaciones por la vía institucional. Hay un sector muy amplio de la población que electoralmente está en silencio. No podemos dar todavía por hecho que en Chile existen mayorías políticas sustantivas.

¿Habló con Boric después de su triunfo?

No, no hemos conversado. Le escribí nomás.

¿Y durante la campaña conversó con él?

Apunté a algunos elementos que me parece que puedan contribuir a las dimensiones del proyecto, me consultó cómo se podrían concretar como propuesta. Pero no quiero atribuirme nada, estas cosas a veces suenan a equívoco, no me quiero atribuir cosas que dependen de un esfuerzo más bien enorme de movilización nacional y de una cantidad de equipos enormes que se movilizaron, de fuerzas a nivel de base y de equipos. Hace mucho tiempo que el FA no trabajaba tan articuladamente y esto le deja una gran experiencia.

Usted conoció a Boric desde sus primeros pasos en la política. ¿Cómo ha sido la evolución hasta hoy como candidato presidencial?

Gabriel siempre tuvo un instinto político muy fuerte y eso no se compra en una tienda en la esquina. Segundo, destacaría que Gabriel tiene una capacidad de determinación que también escasea hoy en la esfera política y a eso agregaría que siempre ha ido buscando tratar de comprender cuáles son las nuevas condiciones que nos ha planteado este nuevo siglo, esta nueva sociedad. Él siempre ha sido muy abierto a entender eso y a entender que no estamos en el siglo XX y que el régimen político de la transición ya venía agotándose hace mucho rato. Ahora, una cosa es estar abierto a ver cómo eso se va agotando y, por lo tanto, es necesario repensar muchas cosas, y otra cosa es ir ganando la capacidad cada vez más de hacerlo y ahí es donde va el crecimiento de Gabriel.

Se ha dicho que Boric ha transitado desde una posición más radical a una más moderada...

No creo que se trata de más radical o más moderado. Insisto que Gabriel, en eso lo conozco hace tiempo, ha sido consciente del agotamiento y de la necesidad de reactualización de los proyectos de izquierda y de transformación. Eso te empuja a una búsqueda, eso no es lineal ni sencillo y Gabriel ha ido recorriendo en su carrera política ese camino, pero ha sido consecuente con esa búsqueda y hay personajes que no, que creen que todo el problema es ser radical o moderado o que es andar más rápido o más lento. Ese tipo de juicios ignoran el fondo del problema.

Usted en 2016 dijo que a Boric le tenía afecto, pero que estaba muy mal asesorado tras el quiebre que tuvieron en el marco de la Izquierda Autónoma. A la luz de los resultados, ¿cómo ve eso hoy?

Nunca formé parte militante de toda esa experiencia, además, sobre todo por una cuestión etaria, donde había mucho vínculo. Pero sí sentía que de afuera se metía mucho las manos en el proceso complejo que se vivía allá adentro y en eso todos los grupos fueron aprendiendo a pensar por cabeza propia.

En ese momento el problema era que usted tenía una mirada crítica por la búsqueda de carreras electorales. ¿Cree que se equivocaron con ese análisis?

Formé parte de la decisión e incluso de empujar la proyección de esos núcleos de jóvenes a la vía electoral, una vía ante la cual esa tradición de izquierda no había participado, a diferencia del PC, que ya tenía una trayectoria enorme, aunque el bloqueo de la transición no lo dejaba proyectarse. En ese momento muchos sectores fueron legítimamente reacios al tema de la proyección electoral y hoy algunos de ellos son figuras. He advertido sistemáticamente en contra de los virus del electoralismo, porque otra cosa es entender que los conflictos sociales tienen posibilidades de encauzarse institucionalmente en la medida en que ampliemos la institucionalidad. Es muy importante entender que nosotros estamos en esto, estamos en las elecciones, en los espacios institucionales, pero también vamos a estar fuera de los espacios institucionales, en función de un proyecto de transformación.

¿Se siente “mentor” de Boric?

No me gusta la palabra, de ningún modo. Ni con él ni con nadie. Sí tenemos mucho afecto, lo conozco de antes de ser presidente de la Fech. Gabriel ha desarrollado mucho el instinto político, con mucha capacidad de determinación.

¿Y la relación como está hoy?

Nunca se perdió. Con Gabriel no tengo y nunca he tenido un problema personal. Y tampoco durante los momentos que él atravesó, que fueron personalmente difíciles. No me gustaría reducir todo el resultado del domingo a solamente el esfuerzo de Gabriel. No quiero dejar de reconocer las características y todas las cuestiones que él le aporta a esta situación y los puntos donde él hace una diferencia que ya los mencionamos. Aquí hay un FA que se consolida y que trabaja junto como nunca lo había hecho, es impresionante, eso le devuelve mucho espíritu de trabajo y lucha al FA. Eso no se puede traducir en ninguna pretensión hegemónica. En este momento la capacidad de ampliarse con otras fuerzas, como la Lista del Pueblo o los movimientos sociales, es determinante y yo creo que la propia Paula Narváez ha levantado una apertura de miras que no ha sido capaz la propia dirección de Elizalde, que son sectores de una vida burocrática que nunca han bajado la ventana del auto y mirado para afuera.

Dice que el FA no tiene que ser hegemónico. ¿Cómo ve que debiera ser el rol de Daniel Jadue y del PC en la campaña?

El PC y Daniel Jadue son componentes insoslayables de esta construcción que viene avanzando.

¿En qué podría aportar Jadue en la campaña?

Si me pongo a dar recetas podría entorpecer el proceso que quiero que tenga el mejor de los desarrollos. No sé siquiera qué pretende o en qué condiciones está Daniel. No me arrogaría la posibilidad de responder eso.

Sobre los programas de ambos candidatos, ¿en qué cosas ve similitudes y en cuáles diferencias?

La idea de gradualidad o de poner en moderación versus la radicalidad es no hacerse cargo de una demanda de fondo que hay que ser capaz de superar. Ahí corresponde una discusión abierta. Yo lamento que en los debates que ellos tuvieron no pudieran haber conversado tranquilamente como dos personas de izquierda y legitimar sus diferencias, pero dentro del marco de lo que es legítimo discrepar como gente de izquierda. Eso hay que aprender a aceptarlo y eso es una barrera que tenemos que vencer. Hay una posibilidad de un proyecto de transformación en vez de volver a construir burocracias estatales que pretende manejar todos los cambios. Esa es una lección profunda que debemos sacar de las experiencias socialistas del siglo XX.

¿Los programas en Apruebo Dignidad se hacen cargo de este análisis?

Nos falta avanzar. Llegamos a una primaria con un resultado tremendo, pero todavía para ser proyecto de gobierno y, además, para tener un gobierno que sea capaz de iniciar una transformación de verdad, y que no caiga en los fracasos que hemos visto por otros lados, hay que hacerse cargo de estas cuestiones.

¿Y cómo se hace eso?

Teniendo una discusión abierta, esto no se va a resolver entre cuatro paredes. La izquierda no puede repetir las fórmulas gastadas y fracasadas de la Concertación, como formas de llegar a acuerdos y a la distribución de espacios para carreras políticas. La demanda ante la cual estamos parados es de otras dimensiones, hay que hacerse cargo de lo que fue la tremenda revuelta social que precede a todo este proceso. Ahora se van a articular distintas tradiciones de izquierda y otras que no vienen de la vieja tradición de izquierda. Ese proceso va a ser complejo y hay que dejar que esa discusión fluya.

¿Y Boric puede liderar ese proceso, de encuentro de dos izquierdas?

Todos los que podamos colaborar en eso vamos a estar dispuestos. Me cuento entre ellos.

Destacaría que el PC ha hecho importantes adecuaciones. Hay una izquierda que tiene la posibilidad de volver a pararse en dos patas. Ahora, cómo lo van a hacer los comandos, a quién van a poner en cada lugar, eso no lo sé.

La centroizquierda quedó en una situación compleja. ¿Cómo los ve frente a la izquierda?

Este partido no se puede dar por jugado. Estamos muy bien encaminados, pero no podemos descuidarnos. No hay nada garantizado para echarse en una hamaca. Todos los sectores sociales que confiaron en esto van a tener todo el derecho del mundo a pasar las boletas si es que este bloque no sigue trabajando y no crece todavía más.

¿Cómo se puede enfrentar a Sebastián Sichel?

No tengo recetas. Sichel tiene su propio listado de problemas. Tiene que lidiar con un sector cavernario, de ese estilo tipo (Carlos) Larraín que opera como dueño de RN, por ejemplo, ese tipo de expresión de una política del siglo XIX. Hay una generación de jóvenes que se siente de derecha, pero que le está exigiendo a la derecha otro tipo de comportamientos políticos, no más Larraín. Hay un grito de eso en el voto que hubo y que no se sienten tampoco herederos de la herencia pinochetista, que lidian con ella de una manera dificultosa.

¿Hay posibilidades de un espacio de disputa entre los votos de Boric y Sichel?

No me meto en la discusión de la ingeniería electoral, pero creo que no. Podría ser muy poca gente, pero habría que estar bien perdido para pensar que las cosas se parecen. Esa idea se ha utilizado como manipulación para empezar a desfigurar el proyecto que puede construir este bloque de izquierda.

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