Daniel Mansuy: “Ya no se habla más del legado del gobierno, porque hoy suena a ironía cruel”

El filósofo e investigador asociado del IES, Daniel Mansuy.

Investigador asociado al IES, el filósofo es lapidario en su evaluación del rol de Sebastián Piñera como líder de su coalición en medio de la crisis, pero también acusa que Chile Vamos dejó al Mandatario “en el descampado institucional”.




El silencio y la tranquilidad que se respiran en la Universidad de los Andes, en la comuna de Las Condes, contrastan con el bullicio político de las últimas semanas. Daniel Mansuy, profesor de esa casa de estudios, filósofo, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Rennes e investigador asociado del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), recorre los patios del campus y se lamenta de uno de los efectos que ha provocado la pandemia: la imposibilidad de que la vida universitaria discurra con normalidad en el recinto.

En conversación con La Tercera Domingo, Mansuy analiza otros efectos que ha dejado el coronavirus en nuestro país, pero en el ámbito político, que ha visto alzas y bajas de distintas figuras, crisis institucional de por medio, y un enrarecido ambiente en un año marcado por varias elecciones, incluyendo la presidencial.

A partir de los resultados que arrojó la última encuesta CEP, ¿en qué situación queda el Presidente Piñera con un 9% de aprobación?

En una situación muy precaria, casi con respiración artificial. Básicamente, él perdió el apoyo de su coalición, los candidatos presidenciales oficialistas están pensando en descolgarse del gobierno. Yo creo que ese domingo hace dos semanas (cuando Piñera anunció su propio proyecto de tercer retiro, con la iniciativa que había aprobado el Congreso en el TC), fue el último acto que pudimos ver donde los candidatos estaban dispuestos a inmolarse por el gobierno. El Presidente hoy día se vio completamente obligado a este acuerdo de mínimos comunes, que está todavía en desarrollo. Pero es de sobrevivencia. Yo creo que el Presidente va a terminar su período extraordinariamente debilitado, con su coalición hecha pedazos, con un equipo de ministros más bien débil, no necesariamente por los ministros, sino por el diseño original. Piñera se está viendo obligado a entregar mucho poder y cuando entregue la banda el 11 de marzo, no va a entregar la misma banda que él recibió. Eso es lo más llamativo: la manera en que el presidencialismo en Chile se vio inclinado frente al Congreso

Quedan 10 meses de gobierno, ¿cómo debiera enfrentarlos Piñera para no ahondar la crisis institucional y perjudicar esta imagen presidencial ya decaída?

Tiene que administrar el período eleccionario, que ya es bastante. Entre las elecciones y la situación sanitaria, con la crisis económica asociada a la situación sanitaria, el gobierno tiene toda su hoja de ruta por estos meses, no me parece que pueda agregar nada más. Pero, sobre todo, tiene que hacer mucho esfuerzo y muchas concesiones dolorosas para que el Congreso le dé gobernabilidad.

Usted ha dicho que “el piñerismo nunca fue un proyecto auténticamente colectivo”. ¿Queda algo de piñerismo después de la tramitación del tercer retiro, en que Chile Vamos se volcó mayoritariamente a aprobarlo, por lo que el gobierno no tuvo siquiera un tercio de apoyo?

No, yo creo que no queda nada. Creo que siempre fue un proyecto más personal que colectivo, en el sentido de que a Sebastián Piñera siempre le costó mucho armar equipos políticos. Por supuesto, siempre tiene gente en la que confía, pero equipos propiamente políticos nunca pudo armar o le costó muchísimo. El único momento en que eso se logró fue con Andrés Chadwick, que tenía esa doble militancia, de ser primo y político. El retiro de los fondos previsionales es grave, pero -a mi juicio- es una anécdota, porque lo realmente grave es que las bancadas oficialistas hayan dejado abandonado, en el descampado institucional, al Presidente. Porque un Presidente que pierde un tercio es un Presidente que está bajo su línea de flotación, que está en riesgo de vida, que se queda sin mecanismos de acción. En el fondo, la protección del Presidente para que el Congreso no le coma todas sus facultades es tener un tercio. Si no tiene un tercio, políticamente es bastante irrelevante. Y esto se vio muy claro cuando salió el fallo del TC: el Presidente tenía un recurso, que era el veto, pero esto requiere un tercio y salieron los candidatos presidenciales a los cinco minutos a decirle “no sueñe con que usted tiene un tercio”. Es muy raro, un Presidente en cualquier régimen presidencial que no tenga un tercio, es un Presidente que perdió todo poder.

Daniel Mansuy es profesor de la Universidad de los Andes.

¿Y cuánta responsabilidad tiene Piñera, por su carácter personal, en la crisis por la que atraviesa su sector?

Esto va para los dos lados, porque para ser justo acá hay una coalición que creyó en Sebastián Piñera, lo llevó de candidato y, más allá de lo mal que lo ha hecho el gobierno, es una deslealtad mayúscula con la institución, no con Sebastián Piñera, haberlo dejado botado. La derecha tiene un problema gravísimo de responsabilidad institucional, porque a tu gobierno no lo puedes dejar botado. Dicho eso, el Presidente, por supuesto, tiene una responsabilidad, porque nunca logró construir una plataforma política, nunca fue un líder efectivo de la coalición y nunca tuvo redes políticas. Lo abandonaron porque la lealtad con él era baja y el problema es que él no cultivó esas lealtades. El café, la persuasión, la operación política incluso, recoger inquietudes, al Presidente nunca le interesó.

En entrevista con La Tercera, el senador Carlos Montes (PS) planteó que La Moneda busca apurar un acuerdo para aplacar el costo electoral que podría afectar a su coalición en la megaelección del 15 y 16 de mayo. ¿Será, como dice él, un “abrazo de oso” este eventual pacto?

Si al gobierno le hubieran preocupado un poco las elecciones, habría hecho muchas cosas muy distintas hace mucho tiempo. Y creo que si a la derecha le va mal -y es posible que le vaya peor de lo que suponía hace unos meses-, va a ser porque el gobierno de hoy día es un costo infinito. Ser oficialista sale caro a la hora de ir a buscar votos. Creo que el senador Montes forma parte, legítimamente, del bando de los escépticos de este acuerdo de mínimos comunes. El gobierno está en esto por una cuestión de sobrevivencia, no por una cuestión electoral. Creo que lo que sintomatiza más la declaración del senador Montes es que hay una división en la izquierda respecto de cuánto avanzar en este acuerdo y cuánto no.

¿Cuánto cree que puede afectar electoralmente a Chile Vamos el momento político actual?

Uno de los motivos por los que ganó Piñera con cierta holgura -para la derecha, una votación histórica- es porque movilizó a su electorado, y con voto voluntario eso es fundamental. Mi intuición es que el electorado de derecha hoy día está muy desanimado, con sentimiento de abandono, de traición incluso, con el sentimiento de que este gobierno no fue lo que prometía. Por tanto, creo que el gran riesgo de la derecha en las elecciones de una semana más es que su electorado no se va a movilizar masivamente.

“Piñera habrá llevado a la derecha dos veces a La Moneda, pero dejará tras de sí un desierto”. Esa frase es suya, la dijo en julio del año pasado. ¿Aún sostiene esa idea?

Sí, claro. El desafío de la derecha post Sebastián Piñera es realmente impresionante, porque está debilitada la Presidencia de la República y la coalición y la confianza interna están hechas pedazos. Piñera se preparó dos veces para llegar a La Moneda, dos veces gobernó, o sea, se preparó ocho años y gobernó ocho años, son 16 años de predominio piñerista. ¿Y qué habrá dejado el piñerismo, doctrinariamente, de proyecto de futuro para la derecha? Es una tragedia para la derecha. La derecha tiene que reconstruirse desde el fondo, tiene que hacerse de nuevo. Supongo que ya no se habla más del legado de este gobierno, porque hoy día suena a una ironía cruel. Dicho eso, la izquierda está tan desordenada también, que es perfectamente posible que la derecha vuelva a ganar, pero lo que va a tener que responder es para qué quiere gobernar, que es lo que Piñera, en 16 años, nunca logró transmitirle al país.

En el momento actual, ¿habrá espacio para alcanzar un acuerdo de mínimos comunes, considerando también las desconfianzas mutuas?

Es una cornisa muy frágil y muy pequeña, las desconfianzas son brutales, pero creo que la duda de la izquierda es si es que está perdiendo más que ganando, hay un cálculo electoral ahí. Hay una parte de la izquierda que no le quiere regalar ningún espacio al Frente Amplio, al PC, a Pamela Jiles, a todo ese mundo que ha mirado con más distancia este acuerdo.

¿Y cómo evalúa el “fenómeno Pamela Jiles”?

Es un fenómeno preocupante, pero creo que hay que entenderlo a la luz de la crisis de la política, que tiene que ver con que, en un largo proceso, desde 2011 hasta acá, los políticos, por rabia contra la transición, han venido renunciando a su función de mediación; es decir, los políticos no tienen como trabajo recoger tal cual las aspiraciones de la calle, sino que tienen que recibirlas y procesarlas para darles una respuesta institucional. Y como los políticos han ido renunciando a eso, tratando de plegarse cada vez más a “la calle”, le dan todo el espacio a figuras como Pamela Jiles, que representan justamente la desintermediación y la desinstitucionalización, o sea, el contacto directo. Es muy llamativo que ella se autodefina como “la abuela”, porque abuela es un término afectivo, no institucional; es porque ella representa la antipolítica y tiene un talento impresionante para hacerlo.

Otro liderazgo que ha destacado en los últimos días es el de la presidenta del Senado, Yasna Provoste. ¿Cómo evalúa el rol que ella está cumpliendo?

Creo que Yasna Provoste encontró el tono; ella entendió que la política no es la expresión del yo ni la subjetividad, sino que es la expresión de la responsabilidad institucional y, por tanto, eso le permitió asumir una posición de liderazgo que, ante los políticos que están tan vueltos locos con la manifestación de su yo, la puso de inmediato en un pedestal distinto. Cuando habla Provoste estos días uno sabe que está escuchando a la presidenta del Senado, no los gustos ni los afectos de Yasna Provoste. Ella encontró un tono institucional, que le podría dar, si tiene éxito, un giro al momento chileno, porque eso es exactamente lo que necesitamos. Y suma una virtud: es del ala izquierda de la DC, por tanto, es una persona aceptable desde la DC hasta los sectores menos radicales del Frente Amplio.

¿Ve una intención real de Provoste por llegar a un acuerdo o piensa que detrás hay un afán electoral?

A mí no me parecen excluyentes. Cualquier político de primera línea tiene expectativas de llegar a un acuerdo importante con el gobierno, porque es para asegurarle gobernabilidad al país en un período electoral y con crisis sanitaria. Y si eso resulta bien y tiene rédito electoral, no me parece incompatible. Va a tener, sin duda, dificultades, la primera de ellas es que su partido tiene una candidata y no creo que sea una candidata que vaya a mostrar demasiado impulso por bajarse después de que lleva años buscando eso. Pero en algún minuto puede ser un hecho político tan macizo que, si le va bien, puede terminar imponiéndose por sí mismo.

Y respecto del escenario presidencial de la derecha, ¿cómo ve lo que está ocurriendo en la UDI, con Evelyn Matthei y Joaquín Lavín en disputa?

Está tan revuelto el escenario que me cuesta pensar que un partido como la UDI vaya a llevar a una primaria a dos candidatos, con todos los riesgos que eso significa. Todos sabemos que en una primaria por supuesto que hay otros factores, pero la máquina interna pesa, entonces dividirla en dos me parece un suicidio político. Yo no entendería que la UDI llevara dos candidatos. No tengo idea cuál va a elegir, intuyo que va a ser Lavín, porque tiene más posibilidades. Mi punto no es Lavín o Matthei, sino que no creo razonable que la UDI lleve dos candidatos a la primaria, porque está todo tan líquido que corren el riesgo de que Sichel -que es la amenaza más seria- prenda por algo y la UDI se quede abajo de la mesa.

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