En lo que tiene de registro y de exposición, de explicación y de interpretación, la historia se aviene a veces con la memoria, y a veces andan un poco a las patadas. Mucho depende, entre otras cosas, de los datos y de los vestigios disponibles, de cómo organizan los recuerdos quienes recuerdan, e incluso del modo en que los vaivenes del presente moldean la visión del pasado.

Ahí está el caso de los largos años universitarios de Óscar Daniel Jadue Jadue (Santiago, 1967) reporteados a la luz de su posición en la escena política chilena de hoy. El cuarto candidato presidencial comunista desde 1920 -tras Luis Emilio Recabarren, Elías Lafertte y Gladys Marín- es también el primero que corre con opciones importantes, y ese solo hecho, junto con validar el escrutinio periodístico de su trayectoria política, convierte a este último en un territorio donde mucho está aún por conocerse y entenderse. Donde mucho acontecimiento dejó poca o ninguna huella, donde la mirada distante no tendría por qué obviar el presente inmediato y donde las expectativas, los afectos y los sesgos de cada quien también hacen lo suyo.

La estampa del alcalde recoletano, después de todo, parece demandar un relato que, si no explica cómo llegó hasta dónde llegó, al menos permita hacerse una idea de cómo se construyó un líder y desafiar la noción retrospectiva de que todo condujo al momento que lo tiene hoy a un tris de hacer historia con mayúscula. Una narrativa que podría quererse épica a la luz de una primaria, pero que tiene más bien de todo un poco, y que encuentra en voz de testigos de la época visiones convergentes, divergentes e incluso incompatibles.

Las voces ya dicen algo, y más dicen si hay también alguna imagen como la que ilustra el presente artículo: una fotografía de 1996 (aquí recortada) que hasta hoy tiene un significado profundo para quienes allí aparecieron, entonces Independientes de Izquierda y militantes de las Juventudes Comunistas de la U. de Chile, entre ellos Carla Peñaloza, hoy académica de la Facultad de Filosofía y Humanidades. La foto fue tomada en una escalinata de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), probablemente como un favor de un gráfico del diario El Siglo, y corresponde a la campaña para las elecciones de la Fech, que en este caso perseguían ante todo la reelección de Rodrigo Roco (de camisa leñadora, al centro de uno de los primeros escalones).

Tres años antes de capturarse la imagen, la administración Fech de Álvaro Elizalde (JS) se vio teñida por “situaciones de corrupción denunciadas por miembros del propio ejecutivo de la federación”, según constata Víctor Muñoz Tamayo en su libro Generaciones, lo que dio pie a un “decaimiento y un desprestigio” tales que en las elecciones de 1993 se retiraron casi todas las listas, no hubo quórum y la federación se vio reemplazada por un consejo de presidentes de centros de alumnos. La histórica organización sólo vino a retomar las elecciones de directiva en 1995. Y fue ese el año en que, frente a unas juventudes concertacionistas divididas y ante la sorpresa general, Roco se convirtió en el primer presidente comunista de la entidad desde 1973. Hijos de variadas derrotas, los “jotosos” aspiraban “al centro de alumnos cuanto mucho”, cuenta Peñaloza: “No estaba en nuestro marco ganar. No porque no nos interesara o porque no nos sintiéramos capaces, pero eran los 90”.

“En el páramo social de los 90 y hasta fines de la década”, ha escrito el historiador Luis Thielemann, “los estudiantes comunistas fueron la principal fuerza rebelde del país”. Entre 1994 y 1996, agrega, las federaciones de estudiantes vivieron un proceso de crisis, reorganización y reconstrucción institucional que fue “dirigido y nutrido por la izquierda”, y en particular por las JJ.CC., a la vez que “se enmarcó en una creciente tensión local con rectores e intendentes, y que fue derivando en un permanente enfrentamiento nacional con el Ministerio de Educación”.

A contramano de los aires que soplaban más fuerte por entonces, la “Jota” ganó en 1995 y el predominio comunista en la Fech se mantendría ininterrumpidamente hasta 2003. Pero la gente de la foto no tenía cómo saberlo: para las elecciones de octubre de 1996, donde los concertacionistas se presentaban unidos, a la militancia sólo le quedaba desplegarse por la reelección.

La lista encabezada por Roco, en un sistema de listas integradas, se llamaba Estudiantes de Izquierda, a propósito de una iniciativa asambleística que los comunistas de la “U” habían venido promoviendo, y en rigor cualquiera de sus integrantes, quien sacara más votos, podía alcanzar la presidencia. Pero, tal como el 95, la carta era Roco: a él se apostaban las fichas. Sus compañeros de lista, eso sí, tendrían menos visibilidad, pero debían sumar votos, sobre todo en las facultades y campus grandes. De ahí que, a un lado y otro de Roco (Artes), figuraran en la imagen Scarlett Vásquez (Ingeniería) y Marisol Prado (Medicina, quien resultaría electa secretaria general). A la izquierda, un par de escalones debajo de Vásquez, asoma pelilargo un titulado de la FAU por entonces aún muy vinculado a -y conocido en- dicha facultad, pero que ahora estudiaba Sociología en el Campus Juan Gómez Millas. Tenía ya 29 años y se llamaba Daniel Jadue.

Hoy, Peñaloza bromea con los anacronismos diciendo que las JJ.CC. se dieron el lujo de llevar el 96 a Jadue como “galleta”. No era el estelar de la lista, no se esperaba que llegara a la directiva, pero se contaba con que contribuyera al triunfo (y así fue). Más en serio, la actual senadora universitaria, que tras estudiar Historia fue compañera suya en Sociología, agrega que por entonces lo de Jadue no era la figuración del dirigente, sino, más bien, el trabajo partidario del día a día en el cual asomaban ciertos rasgos del personaje. Como para entonces ya ejercía de arquitecto y hacía clases en la FAU, no era de quienes más iban a clases, pero cuando iba a la Facultad de Ciencias Sociales su presencia no pasaba inadvertida.

A esas alturas reconocido como muy lector y “preparado” para intervenir en clases y asambleas, tenía, al decir de su excompañera de carrera y de militancia, “una personalidad súper extrovertida: alguien que habla fuerte, que no se calla su opinión”. Que se hacía escuchar, arropado por la experiencia de quien se tituló en otra carrera y ya no vive con sus padres. Y era, prosigue, “un tipo divertido, muy amistoso”. Siendo, además, de los pocos con auto propio, cuando las jornadas partidarias se extendían hasta muy tarde, iba a dejar a sus camaradas por Santiago en un vehículo marca Lada que a veces se llenaba cual micro de antaño. Algo de protector y de paternal había en este militante que solía prestar su casa para las reuniones políticas y que se conseguía la salsoteca recoletana Maestra Vida para la realización de actividades que financiaran las campañas de la Fech.

Animal político

En absoluto comunista, pero descendiente de palestinos, como Jadue, un exalumno del Colegio Árabe que lo conoce desde los 80 lo recuerda como un “animal político” en el sentido de que le gustaba participar de debates y discutir de política en actividades sociales, muchas veces de modo acalorado. Eso sí, agrega, “siempre tuvo una pasión por la política, pero esa pasión muchas veces lo cegaba”.

En octubre de 2015, el alcalde de Recoleta inició la marcha blanca de la farmacia popular de la comuna. FOTO: ARIEL MORALES MEZA/LA CUARTA

Tamaña pulsión se dio de distintos modos. Cierto día de 1997, año en que una gran movilización estudiantil se acompañó de marchas y tomas, en Cs. Sociales se realizó un plenario de la Fech, según recuerda Peñaloza. Jadue estaba ahí, pero contaba los minutos: estaba invitado junto a su pareja a un matrimonio, y la reunión no terminaba. Finalmente, se fueron, y el pleno siguió la discusión. Un rato después, sin embargo, “Daniel aparece de nuevo, con terno, muy elegante. Y todo el mundo, salvo los que sabíamos del matrimonio, lo miraba con cara de... ‘¿y a este qué le pasa?’. Él quería ver si todavía seguía el pleno, porque quería decir no sé qué cosa. Era alguien de mucha intensidad”.

Eran, por lo demás, días intensos para Jadue. Según cuenta hoy Rodrigo Roco, “hubo un período (96-97) en que le decíamos en broma ‘el triestamental’, porque era profesional (funcionario) del Instituto de Investigación para la Vivienda de la U. de Chile (Invi), hacía clases en la FAU y era estudiante en la Facultad de Ciencias Sociales”. Podía pasar, entonces, que en una misma asamblea opinara “como estudiante” y luego en calidad de académico. Lo difícil era restarse de participar, más aún en un campus conocido como la cuna del “autonomismo”, donde agrupaciones como Estudiantes por la Reforma, la Surda y otras se hicieron fuertes a la izquierda de la “Jota”, dejándola en minoría.

Tras la campaña del 96, prosigue Roco, el futuro alcalde “continuó con otras labores en la dirección de las JJ.CC. de la U. de Chile, llegando a ser su secretario, algo habitual en la vida militante (se está en diferentes roles, según las necesidades)”. Su candidatura, remata, “no fue un hecho aislado del movimiento por la defensa de la universidad estatal que estábamos impulsando desde las JJ.CC. y la Fech junto a varias otras fuerzas”. Y el hoy diputado comunista Daniel Núñez, otro que estudió Sociología en la “U”, pero antes que Jadue, complementa: “Su destacada trayectoria lo hizo ser miembro del comité central de las JJ.CC. a fines de los 90”.

Algunos dirigentes de entonces renunciarían más tarde a la militancia o se distanciarían del partido, pero no Jadue. Más por convicción y disciplina que por haberle caído en gracia a la directiva.

Daniel Jadue junto al río Mapocho, en abril de 2015 FOTO: SEBASTIAN BELTRAN / AGENCIAUNO

Largo viaje

El período 95-97 resalta y da luces acerca del devenir político de Jadue, pero es breve si se le pone en el contexto de su trayectoria universitaria: hay más de dos décadas entre su ingreso a Arquitectura en la U. Católica (1984) y el 16 de enero de 2007, cuando la U. de Chile le otorga oficialmente el título de sociólogo (para no mencionar su magíster en urbanismo, conferido en 2012). En todo ese tiempo asoman episodios relevadores, algunos de los cuales han adquirido el carácter de leyenda.

Respecto de lo último, cabe detenerse en su paso por el Campus Lo Contador de la UC. Meses atrás, una nota de prensa afirmaba que mientras cursaba segundo año de Arquitectura fue expulsado por apoyar una toma en el campus (“lo echaron cagando”, cuenta en off un cercano de la comunidad palestina, que dice haber conocido el episodio de boca del propio Jadue). También se consigna que, después de eso, estuvo dos años fuera del país, al que volvió en 1988. El reporteo para este artículo no pudo confirmar ni desmentir esto último, tampoco que haya habido una toma en Lo Contador, pero sí estableció que el hoy alcalde figura inscrito como estudiante de la UC entre 1984 y 1988.

A fines de la década se incorpora a Arquitectura en la FAU, llevando consigo un bagaje de años en la promoción de la causa palestina. “No tuvo participación en las actividades estudiantiles enmarcadas en la lucha contra la dictadura”, recuerda Marcelo Carvallo, presidente del centro de estudiantes entre 1987 y 1988. “Su preocupación siempre fue el tema palestino”. Cuando hacíamos mítines, recuerda otro exalumno, “él sacaba la voz, siempre con el pañuelo palestino. Era de quienes visibilizaban el tema”.

Una visión complementaria tiene un arquitecto hoy radicado en Europa que tomó, con Jadue como profesor, un curso extraprogramático que abordaba temas de política y ciudad (un curso “muy instructivo” de formación política, cuenta), y una más acusatoria provee su colega Benny Dvorquez, para quien el expresidente de la Unión General de Estudiantes Palestinos (Ugep) “no perdía la oportunidad de promover su odio hacia los judíos”. Otro jalón en la historia de reproches por un “antisemitismo” que Jadue desmiente, pues su problema, según ha declarado, es con el sionismo.

En enero de 1993 recibió el “cartón” de arquitecto y ese mismo año, según se lee en Wikipedia, renunció al Frente Popular para la Liberación de Palestina, decepcionado por los Acuerdos de Oslo que firmaron Israel y la OLP. Inmediatamente después, conforme a este relato, se habría enrolado en las JJ.CC. Ahí es donde el mismo descendiente de palestinos que lo llamó “animal político” piensa que su tránsito formal al comunismo ya había ocurrido. Años antes, haciendo las veces de profesor de dabke (danza árabe tradicional), llevaba Jadue a sus estudiantes a recintos como el gimnasio Manuel Plaza para participar en actos del PC: “Íbamos a bailar, porque ellos solidarizaban con la causa palestina”.

El 28 de enero de 2019 encabezó el lanzamiento de la Libreria Popular de Recoleta. FOTO: SEBASTIAN BROGCA/AGENCIA UNO.

“Conocí a Daniel en 1995. Era un encuentro de la Ugep en FAU”, cuenta por su parte el exdiputado y actual constituyente Fuad Chahin, quien evoca luego la participación conjunta en charlas, exposiciones y otras actividades, así como en un congreso constituyente de la Fech. Las diferencias políticas no fueron obstáculo, dice, para que en 2006 compitieran en la misma lista para renovar la Federación Palestina de Chile: el abogado DC asumió como vicepresidente de relaciones políticas y Jadue, como vicepresidente de comunicación y desarrollo organizacional.

“Se dedicaba mucho a formar jóvenes, a dar charlas en distintas instancias, particularmente en colegios y universidades”, prosigue Chahin. “Siempre tuvimos la visión de que los palestinos debíamos tener mucha presencia en todos los ámbitos, particularmente en la política”. En esto coincidían incluso con gente de derecha, como el recientemente electo presidente de RN, Francisco Chahuán, quien, por su parte, destaca la defensa que ha hecho Jadue de la tesis de un solo Estado -laico- en el que convivan israelíes y palestinos.

Conocida es la transversalidad de las redes tejidas por Jadue a lo largo de las décadas. Y también, aunque quizá no tanto, lo son ciertos rasgos de su carácter. En la propia comunidad palestina hay memoria de esos momentos en que “lo traiciona su temperamento y su ánimo de polemizar (…), incluso con quienes tenemos cariño y respeto por su compromiso con la causa”, al decir de una fuente, lo que, a su juicio, deriva en “un lenguaje y unas formas hostiles que hacen que, muchas veces, la fortaleza que le dan sus capacidades y sus conocimientos terminen opacándose por la rudeza en las formas”. Otro tanto aporta un participante del proceso de “refundación” de la Fech, en 1995: según cuenta, Jadue “iba a todos los debates” que en las distintas facultades presentaban a los candidatos y sus programas, interviniendo en ellos de forma “muy agresiva con los candidatos que no fueran de las JJ.CC., tratándolos de vendidos y esas cosas”.

Como suele pasar, no todos recuerdan de igual forma, y hay quienes subrayan -como se lee más arriba- el lado solidario y amistoso del candidato que hoy se bate en primarias. No está, eso sí, la voz del propio Jadue, quien decidió no participar de este artículo: “No, gracias, compañero”, se excusó por WhatsApp.