El peso de ser testigo del horror

Mel Contreras vio morir a Lissette Villa en 2016 y el trauma continúa hasta hoy. Su madre busca justicia a través de una acción inédita: sería la primera demanda de una víctima del Sename en contra del Estado.




Mel Contreras (15 años) ha repasado la historia tantas veces que duele. Siempre duele. Lo ha hecho con su madre, psicólogos, abogados y fiscales. La revive en sueños angustiantes, donde aún puede recordar el día en que se convirtió en la única testigo de la muerte de Lissette Villa, su amiga y compañera de habitación dentro del Cread Galvarino del Sename.

Desde su cama lo vio todo.

"La acostaron en el piso y la tía Cony con la tía Thiare la contuvieron de tal forma que la tía Cony se subió arriba de la Lissette (...). Boca abajo, se sentó aquí, justo en esta parte donde está el corazón. Y la tía Thiare le afirmó los pies y manos, y la Lissette se estaba mordiendo los labios y le estaban sangrando, después quiso ir al baño; como no podía ir al baño se hizo pis y las tías le dijeron: 'Eso, hazte nomás, total tú te vas a bañar de nuevo'. Las tías le pusieron dos toallas, una en los pies y otra en la cabeza, pero no tapándole la cara, sino de la frente hacia arriba. Después la Lissette se tranquilizó y pasó un buen rato y las tías le dijeron: 'Lissette, levántate del suelo'. La Lissette no se levantó ni respondió, por más que la movían no despertaba", relató a una sicóloga de la institución, el 21 de abril de 2016.

La muerte de la menor, que tenía 11 años, se convirtió en el retrato más feroz de la desprotección de niños y niñas dentro de los hogares del Sename. El Servicio Médico Legal informó que había fallecido -el 11 de abril de 2016- por una "asfixia por sofocación producto de compresión mecánica externa". La Contraloría ordenó un sumario administrativo que acumuló 21 tomos y la Fiscalía Regional de Los Lagos formalizó a cuatro funcionarias por delito consumado de apremios ilegítimos.

La versión de Mel Contreras ha sido una de las pruebas más importantes en la investigación. A Lissette la había conocido en el hogar de menores. Compartían camarote y jugaban juntas.

Verla morir cambió su vida. Le diagnosticaron depresión postraumática y desde entonces debe ir todas las semanas al sicólogo. La ansiedad la hace transpirar en exceso y le provoca fuertes dolores de estómago y de cabeza. A menudo sueña con ella: le pide que, de alguna manera, haga justicia por su muerte.

Es por estas secuelas que los abogados Patricio Leguina y Alberto Raposo presentarán una demanda en contra del Estado por los daños y perjuicios que sufrieron la niña y su madre, María Díaz. Trabajaron durante un año para recolectar antecedentes y en las próximas horas introducirán un escrito en el que exigen el pago de $ 250 millones para ambas. "Consideramos que es más conveniente, respecto del tipo de prueba, accionar por esta vía. Tras un análisis bastante detallado nos dimos cuenta de que existía un daño moral que afectó a la niña y a su madre. Consideramos que quien debería responder por el daño causado es quien lo ha provocado, por una falta de servicios que fue evidente", comenta Leguina.

"Cuando me enteré de que había 1.300 muertes de niños en el Sename me quedé helada. Yo pensé que era Lissette nomás. ¿Qué le pasa a esta sociedad? ¿Qué le pasa al Sename? ¿Al gobierno? ¿A la fiscalía? ¿A los Juzgados de Familia? ¿Están todos sordos, ciegos y mudos? Mel es una sobreviviente. Le doy gracias a Dios que tuvo piedad con mi hija", dice María.

Según los abogados, la demanda sería la primera en su tipo presentada por la familia de una víctima del Sename.

***

María sentía que no podía más. Su hija mayor, Belén, había muerto de un cáncer a los 24 años. Desde ahí, su mundo se empezó a derrumbar. Debía hacerse cargo de Jesús, su hijo que tenía discapacidad intelectual producto de una hidrocefalia, y de Mel, la menor, pero se sentía incapaz. Entró en una depresión profunda que derivó en alcoholismo.

Según consta en la demanda, el 30 de julio de 2014, el Centro de Medidas Cautelares de los Juzgados de Familia de Santiago decretó el ingreso de Mel Contreras al Cread Galvarino para realizar una "profundización diagnóstica con énfasis en daño emocional a raíz de supuestas vulneraciones sufridas en la esfera de la sexualidad, eventualmente ocasionadas por el hermano con déficit mental".

El informe sicológico ordenado en ese momento por los Tribunales de Familia señaló que no había indicadores que dieran cuenta de un daño "emocional grave, posible de ser asociado a experiencias traumáticas en el área de la sexualidad".

Este documento también entregó sugerencias para su crecimiento: "Si bien se aprecia un desarrollo satisfactorio de habilidades sociales y confianza básica, resulta crucial a su edad fomentar habilidades de autocuidado y medidas de prevención respecto de posibles transgresiones en el plano sexual. Esto visualizando el egreso con la madre en el corto plazo, donde Cread Galvarino podría comenzar proceso de vinculación y evaluar capacidades de cuidado de la madre".

Tras ser separadas, María se propuso cambiar para recuperarla. Dejó el alcohol y entró a estudiar una carrera técnica para encontrar trabajo. Quería demostrarles a los tribunales que era capaz de cuidarla.

"Mi depresión era severa. Imagínate lo difícil que fue ponerme a estudiar. Yo pensaba que no lo iba a lograr; lo hice, puse tantas fuerzas y tantas ganas, porque quería tener a mi pequeña. Que nos pudiéramos abrazar y estar juntas", cuenta.

En sus visitas, María veía cómo su hija cambiaba su personalidad paulatinamente. La notaba más alterada y enojada. En el hogar le decían que se subía a los techos a reclamar para ver a su madre. No quería estar ahí.

Mel le contaba sobre Lissette. Decía que era una niña alegre, pero que a veces le robaba comida, ya que su familia nunca la visitaba.

Un día le dijo lo que había visto desde las alturas del camarote que compartían: como su amiga no quería irse a dormir, las maniobras de inmovilización que le practicaron las tías del Sename y la ambulancia que se llevó a Lissette del Cread Galvarino.

"Me pregunta hasta hoy por qué la mataron. Y al no poder contestar esa pregunta, como madre quedo atada de manos", reconoce María.

Después de la muerte de Lissette, las cosas se hicieron más difíciles para Mel. Empezaron las pesadillas y los primeros efectos del trauma. Según establece la demanda, el 24 de abril de 2016, la institución le pidió disculpas por haber sido "objeto de una forma vicaria de maltrato".

El fiscal que por entonces estaba a cargo del caso, Marcos Emilfork, llegó al hogar de menores para hablar con Mel. La declaración, según recuerda su madre, duró seis horas, con preguntas muy duras y en las que usaron un perro entrenado especialmente para contener a la menor.

Tras pasar por esa experiencia, el 3 de mayo volvió a ser visitada por un sicólogo del Sename para evaluar su estado anímico. Ella pidió no volver a ser entrevistada por la muerte de Lissette.

Otro informe, del 8 de junio, reveló que Mel estaba cada vez más decaída. "La niña refiere no sentirse del todo bien en términos anímicos, porque comienza a evidenciar sintomatología propia de extensos períodos de institucionalización, lo que ella atribuye al hecho de ser víctima reiterada de agresiones por parte de un grupo de pares".

Hoy, María siente que pudo haber hecho las cosas de otra forma.

"Nunca me imaginé que iba a pasar por esto. Quizás teníamos una vida miserable, pero no pensé que la cura iba a ser peor que la enfermedad", dice.

***

A pesar de todos los problemas, María demostró que era competente para cuidar de su hija. Había encontrado trabajo y dejado atrás sus adicciones. En febrero de 2017, Mel salió definitivamente del Sename. Ahora las dos viven en un edificio de departamentos ubicado en Peñalolén. En el colegio ha empezado a destacarse como una incipiente jugadora de fútbol.

"Es una niña muy dulce, es una niña que me ama con locura. Llega a ser hostigosa. Dice que soy la mamá más linda del mundo y esas palabras me hacen levantarme cada día", asegura la madre.

Si algo bueno dejó el Sename en Mel fueron los talleres de música que las Escuelas de Rock realizaban en el Cread Galvarino. Ahí conoció el hiphop y empezó a improvisar letras.

Ya escribió dos canciones que se llaman A mi madre y mi familia y Esto lo hago por Lissette.

En enero de 2017 fue invitada por Sinergia a cantar en la Cumbre del Rock Chileno frente a 30 mil personas. Llamó la atención de todo el público por su desplante. Ese día conoció a Jorge González, quien la felicitó por su show.

Su madre le diseña el vestuario, casi siempre con pantalones rasgados y gorros de colores, y la acompaña a todas sus presentaciones. Además de la cumbre han estado en Lollapalooza y en el Rockódromo de Valparaíso, entre otros escenarios.

El sueño de la niña es llegar al Festival de Viña del Mar y conocer a Ana Tijoux, su artista favorita.

***

Mel era la única en casa cuando Belén, su hermana mayor, empezó con los malestares. No entendía lo que pasaba. Gritó y se encerró en su pieza. Desde allá vio cómo llegaba su madre para pedir ayuda a los vecinos. Pero fue demasiado tarde.

Presenciar una segunda muerte, la de Lissette, volvió a abrir el dolor. Con solo 15 años, Mel ha convivido con tragedias demasiado cercanas.

"Mi vida es dura. La vida de mis hijos es dura. Haber perdido una hija con cáncer, tener un hijo con hidrocefalia y a Mel en el Sename. Mi propia depresión y estar en el tratamiento hasta hoy. No tener un alta, no poder salir de esto. Es como estar encerrada en un cajón. No me siento una mujer normal", cuenta su madre.

Un informe del Sename del 12 de diciembre de 2016 reveló cómo los fantasmas también volvían en la cabeza de María.

"Dadas las circunstancias en que se encuentra la madre, dupla sicosocial opta por apersonarse en el domicilio, donde doña María se muestra muy afectada emocionalmente, debido a que su hija posterior a declaración vertida en PDI comenzó a presentar sintomatología física y emocional asociada al deceso de su par L.V.P. al interior del Cread Galvarino. Esta misma circunstancia lleva a la madre a revivir deceso de su hija mayor, Belén".

Por esa razón es que la demanda en contra del Estado contempla una reparación no solo para Mel, sino que también para la madre. Ella reconoce que ha recaído en su depresión al saber los detalles por los que tuvo que pasar su hija menor. Actualmente, las dos van al sicólogo y están medicadas.

Otro elemento importante es la revictimización que Mel vivió desde que murió Lissette. Repasar los sucesos una y otra vez la ha afectado emocionalmente, al punto de no poder llevar una infancia normal. Sus sicólogos advierten que no es posible saber cuándo podrá superar el trauma.

"Nadie está preparado para ver la muerte de otra persona en esas condiciones. Mi hija la vio morir y ser torturada. A una compañera con la que conversaba y jugaba", explica la madre.

María asegura que lo importante no es el dinero que conseguirían si los tribunales civiles fallan a su favor. La madre quiere marcar un precedente: que su hija llegó al Sename y salió peor de lo que estaba; que no la lograron proteger; que vulneraron sus derechos humanos.

Comenta