“A carambola errada, taco en guardia”

Si todo esto está en juego, las elecciones de este fin de semana no solo requieren una masiva participación ciudadana, sino una especial responsabilidad de los votantes.




Elecciones a la vuelta de la esquina. No solo las más importantes en décadas -fue la apuesta consensuada para cicatrizar las heridas políticas y sociales del país-, sino además porque, cual juego de billar, sus resultados condicionarán inevitablemente el resto de las jugadas.

Tres lances deberían captar nuestra atención: Matthei - Lavín; candidatos de centroizquierda - Provoste; Pamela “la Abuela” Jiles.

Vamos al primero. Tener dos presidenciables es, en principio, un problema feliz. Sin embargo, en el caso en cuestión, mientras Lavín afirma que llevar dos candidatos es un despropósito, Matthei ve en ello un aporte a la primaria de Chile Vamos: ella aportaría los votos duros mientras Lavín sumaría hacia el centro. ¿Qué habría que mirar el domingo? El desempeño de Matthei y el de Daniela Peñaloza. Aunque los escenarios son distintos (Lavín no es su delfina) las votaciones forzarán el gallito. Habrá que analizar también el porcentaje y composición de la votación de derecha, o lo que es lo mismo, observar hacia dónde se mueve la aguja; después golpear la bola cuidándose de no llevar la discusión hacia temas de género (en esta oportunidad el eje parece no estar ahí) ni hacer de ella una disputa mediática que termine transformando la abundancia en carencia.

Vamos al escenario de centroizquierda. Los candidatos actuales no marcan, no hay caso. Por su lado, Yasna Provoste, en un rol “de Estado”, se consolida como inesperado catalizador. Bajar a los candidatos parece difícil y quizá la solución camine porque lo hagan solos. Un acto así los revestiría de heroísmo y, por sobre todo, los libraría de la ineludible responsabilidad del fracaso. Este hecho permitiría a la DC quedarse con el botín y descartar con dignidad a la candidata actual sin deslegitimar el proceso mediante el cual la ungieron. ¿Qué habría que mirar en este caso? El peso de los distintos sectores de oposición entre sí, en relación con el oficialismo y, especialmente, con la izquierda más extrema. Si la conclusión es que las aguas necesitan ser reencauzadas para llegar al objetivo, entonces Provoste estará en posición de tomar el testigo.

Nos queda Pamela Jiles y el candidato Pablo Maltés, con su relato de abstinencia como antídoto al nepotismo. El candidato a gobernador por la Región Metropolitana es la apuesta política y la mayor inversión económica del Partido Humanista. “El Abuelo” se ha favorecido de lo que el marketing denomina share of voice, esto es la cantidad de veces que se habla de alguien. Estar en la voz y discurso de Jiles es ventajoso en este sentido, pero las elecciones permitirán constatar el peso real de su estrategia político-farandulera. La diputada ha tenido la habilidad de entender, como sostiene Martín Caparrós, “que en tiempos de desorientación global, nada es más eficaz que inventar un bloque local, un nosotros hecho de pertenencia y ofensas compartidas”. Los nietitos son la concreción de ese principio y el móvil a partir del cual opera: “Nietitos, ganamos”, declaró en relación con el 10%; “Los nietitos los detestan”, vociferó, en una macabra puesta en escena al más puro estilo de Cruella De Vil, enrostrando a Boric su dificultad para obtener firmas. Tendremos que ver si esta aspiración de identidad y pertenencia es solo una pulsión o su nivel de aprobación se concreta en votos. De ser así, las alarmas se encenderán en todos los sectores, porque evitar su irrupción se transformará, con toda razón, en prioridad nacional.

Si todo esto está en juego, las elecciones de este fin de semana no solo requieren una masiva participación ciudadana, sino una especial responsabilidad de los votantes. Ha llegado la hora de ponerle tiza al taco.

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