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Cristóbal Palma

Cristóbal Palma

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La Tercera PM

Amanecí inspirado

10 de Enero de 2019/SANTIAGO El Presidente de la Repœblica, Sebasti‡n Pi–era,junto a la Ministra de Educaci—n,Marcela Cubillos, firma el Proyecto de Ley que Òperfecciona el Sistema de Admisi—n EscolarÓ. FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

En Mafalda, Susanita ya nos advirtió que en el fondo “los pobres son pobres porque quieren”. Entonces es imprescindible que nuestras políticas públicas vayan orientadas en identificar quiénes realmente quieren dejar de serlo.


El otro día amanecí inspirado y tuve una idea tan buena que no me aguanto las ganas de compartirla con ustedes: “Hospitales de Excelencia”. ¿Qué tal?

Aun no desarrollo bien el detalle de la propuesta, pero en líneas generales la idea es devolverle los patines a los pacientes que se lo merecen, entonces en estos hospitales lo que se busca no es tanto satisfacer un derecho básico de manera equitativa, sino premiar el mérito del paciente y el esfuerzo de su familia. Todavía me falta definir cómo medir “esfuerzo” o “mérito”,  pero tomando en cuenta que la mitad de los trabajadores en Chile gana menos de 380 mil pesos, que nuestro país lidera todos los rankings de cantidad de horas de trabajo por semana, y que la distribución del ingreso es una de las peores del mundo, claramente no estamos en presencia de un sistema estructuralmente injusto, sino que en una situación de flojera generalizada y eso tenemos que combatirlo.

Entre los múltiples beneficios de segregar utilizando criterios subjetivos (como lo es el “esfuerzo”), al separar a pacientes meritorios de los pacientes sin mérito, no solo los “Hospitales de Excelencia” se podrán adecuar de mejor manera a los requerimientos de los pacientes meritorios, sino que en paralelo los “Hospitales Mediocres” (que es como propongo llamar al resto), también podrán ajustar sus servicios al menor nivel y esfuerzo de los pacientes que reciben.

Se me ocurre que una buena edad para hacer el corte de quienes pueden acceder estos hospitales (que con el tiempo no tengo dudas se transformarán en emblemáticos) es tipo a los diez años, edad suficiente para definir qué pacientes han hecho un esfuerzo real y cuáles se han dejado estar en sus situaciones de precariedad. En Mafalda, Susanita ya nos advirtió que en el fondo “los pobres son pobres porque quieren”. Entonces es imprescindible que nuestras políticas públicas vayan orientadas en identificar quiénes realmente quieren dejar de serlo.

Otro de los objetivos que busca mi propuesta es la autonomía de estos centros de salud, dando así manera mayor libertad para que puedan desarrollar sus proyectos institucionales. De esta manera cada hospital, en vez de recibir a los pacientes según orden de llegada y urgencia (donde está el mérito ahí?), estos podrán restringir sus servicios exclusivamente a pacientes sin mayores problemas de salud, asegurando de esa manera mayores estándares de excelencia.

¿Qué les parece mi idea? Estaba pensando llamarla algo así como “Admisión Justa”, pero estoy abierto a otras propuestas de nombre. Sé que hay gente pegada en ideas añejas y del pasado (como que el derecho a una buena salud, educación, vivienda, etc no esté condicionada al azar de las condiciones socio-económicas en las que naciste), que va a considerar segregar a las personas utilizando mecanismos perversos como una política pública absurda, pero a esa gente les digo: ¿Y Venezuela? ¿Y Cuba? (No tiene nada que ver con esto, pero siempre lo tiro por si acaso).

Por último, y como realmente ando inspirado, se me ocurrió también que para diseñar, promover e implementar esta política pública, voy a convocar un grupo de gente que (tal como quien les escribe) cumpla dos requisitos fundamentales. Uno: que ninguna de estas medidas afecte en los más mínimo sus vidas o la de sus familias. Dos (y lo principal): ya que todo el proyecto se centra en el esfuerzo y mérito de los pacientes, mi equipo va a estar conformado por gente que la posición que ocupa esté determinada fundamentalmente por haber nacido en una situación de privilegio. Porque reconozcámoslo, no hay merito más profundo que aquel con que se nace.

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