Cristián Herrera, analista de políticas de salud OCDE: “Salvar vidas y sostener la economía no son excluyentes, Chile debe apuntar a cumplir ambos”

Desde Francia, el exjefe de la de la División de Planificación Sanitaria del gobierno anterior ha monitoreado de cerca la situación en el país, así como la evolución de la pandemia en Europa. Con ese antecedente, Herrera advierte que "Chile aún mantiene indicadores epidemiológicos y de carga asistencial que no permiten hablar de deconfinamiento en el corto plazo".




“Se han presentado problemas con la comunicación de riesgo”, sostiene Cristián Herrera, ex Diplas en el gobierno anterior, y actual asesor de políticas públicas en salud de la OCDE. Ese es uno de los elementos que el experto apunta entre las debilidades chilenas en el camino de definir una estrategia sanitaria para hacer frente a la pandemia por coronavirus. Y ante la fase que se avizora, el desconfinamiento que comenzará en territorios del sur del país, Herrera plantea que debe pensarse más a mediano o largo plazo.

-Estamos viendo la progresiva reapertura en Europa y acá ya se habla de desescalamiento bajo ciertos parámetros (demanda asistencial, positividad, trazabilidad). Hoy se anunciaron medidas en esa línea para la región de Los Ríos y Aysén ¿Cómo se ve el escenario en Chile?

Chile aún mantiene indicadores epidemiológicos y de carga asistencial que no permiten hablar de desconfinamiento en el corto plazo. Sin embargo, es muy positivo que los criterios para hacerlo sean estudiados y acordados ahora, en conjunto con la comunidad científica. Y esos criterios deben ser seguidos y respetados de la manera más estricta posible por todos los actores, y para esto se requiere el apoyo activo del gobierno y transparencia hacia la ciudadanía. En primer lugar, esto tiene que ver con salvar la mayor cantidad de vidas al superar la primera ola y evitar una segunda. Además, la OCDE ha estimado que el PIB de Chile se reducirá en -5,6% en 2020, pero la recesión llegaría a -7,1% si existe una segunda ola, lo que también habla del golpe económico que implicaría no tomar las medidas correctas y no implementarlas tiempo. Salvar vidas y sostener la economía no son excluyentes y Chile debe apuntar a cumplir ambos objetivos, tal como lo están haciendo otros países de la OCDE.

-¿Podríamos tener rebrotes ante un eventual desconfinamiento de manera anticipada?

En varios países europeos el desconfinamiento se hizo con análisis a nivel territorial, lo que sería equivalente a las regiones o provincias en Chile, donde algunas salieron del cuarentenas antes y otras después. Los rebrotes en algunas ciudades han obligado a reestablecer los confinamientos. La amenaza de una segunda ola sin duda está presente en todos los países, por lo que Chile debe planificar pensando en el mediano y largo plazo, pues muy seguramente un tratamiento o vacuna efectiva y segura demorarán en llegar.

-Desde el punto de vista epidemiológico, ¿cuál es el factor más determinante para definir una desescalada?

Las recomendaciones del Consejo Asesor del Ministerio de Salud son adecuadas y se ajustan a lo que otros países OCDE han determinado. Desde la OCDE hemos planteado que, para prevenir un nuevo avance del virus, se debe implementar un paquete integral de salud pública con tres componentes centrales. Primero, aumentar de manera masiva la capacidad para testear, trazar a los contactos y aislar de manera adecuada, con el fin de suprimir cada brote a nivel local y cortar tempranamente la cadena de contagios. En Chile, el rol de la atención primaria y los municipios es central para cumplir con este primer componente y coordinarse con las SEREMIs de salud, por lo que se les deben entregar las herramientas y financiamiento para que puedan hacerlo de manera apropiada.

- ¿Hay otros elementos clave?

Asegurar el uso de mascarilla (por ej. obligatoriedad de uso en el transporte público y tiendas) y de medidas de higiene estrictas. En tercer lugar, algunas medidas de contención y distanciamiento físico tendrán que mantenerse de manera permanente (por ej. cancelación de eventos masivos, fomento de teletrabajo), para lo que la comunicación de riesgos clara y cercana por parte de la autoridad sanitaria es clave. El costo de implementar estas intervenciones de salud pública para evitar nuevos brotes o una segunda ola es mínimo comparado con el escenario de aplicar nuevos confinamientos, por lo que su implementación efectiva salvará vidas y beneficiará la economía.

-Hay un factor inverso que impactó en los países del cono sur, que es que el virus ingresó ad portas del otoño-invierno y ahí se generó su peak. En Chile nos quedan al menos dos meses con bajas temperaturas. Considerando eso, ¿es sensato empezar a pensar en la reapertura?

La ciencia aún no ha logrado dilucidar la relación entre contagio y estacionalidad del Covid-19, por lo que no se puede afirmar con total certeza. Pero lo cierto es que durante el invierno, el frío, el aire más seco y el hecho de que las personas tienden a pasar más tiempo al interior, con menos ventilación y menos espacio personal que en el verano, se pueden traducir en condiciones para una transmisión más eficiente del virus. Además, otros coronavirus humanos han mostrado un patrón estacional. En cualquier caso, si en Chile (o en algunas regiones del país) llega el momento de que las condiciones son seguras para hacer un desconfinamiento, el paquete de tres medidas de salud pública antes descrito tendrá que ser aplicado con alta rigurosidad, sin importar la estación del año. A la vez, el sistema debe estar preparado para que posibles cuarentenas tengan que ser aplicadas en comunas o regiones durante los próximos meses, donde es importante señalar que en otros países esto ha funcionado con cordones sanitarios que abarcan zonas geográficas muy bien definidas, limitando fuertemente los movimientos para evitar los contactos entre las personas, y entregando apoyo a los hogares vulnerables para que puedan cumplir con el mandato público.

-La ocupación hospitalaria de camas intensivas ha disminuido, pero aún no es una tendencia sostenida en el tiempo. ¿Debe ser un indicador relevante, si se piensa en un relajamiento de las medidas que pueden traer rebrotes?

Es un indicador muy relevante, conectado con la importancia del gran trabajo que el personal de salud seguirá haciendo en los hospitales. En esa línea, es igualmente necesario contar con un adecuado número de elementos de protección personal para resguardar a los trabajadores de la salud en todos los niveles (incluyendo la atención primaria y SEREMIs), e idealmente tener una reserva suficiente de estos en el caso de que existan nuevos brotes o una segunda ola.

-¿Cómo ha sido la respuesta del país, a cuatro meses de iniciada la pandemia, en comparación a las otras naciones miembro de la OCDE? ¿Dónde han estado las fallas, y dónde los aciertos?

Virtualmente, todos los países OCDE reconocen que ciertas cosas debiesen haber sido distintas. Entre los desafíos que han encontrado Chile y otros países, está la dificultad en la instalación y ampliación de un sólido sistema de testeo, rastreo y aislamiento, y se han presentado problemas con la comunicación de riesgo, lo que puede disminuir el nivel de urgencia que esta pandemia requiere y relativizar los mensajes adecuados para la prevención a nivel individual y poblacional. Por otra parte, mientras todos los países han entregado apoyos económicos a familias, trabajadores y/o pequeñas y medianas empresas, el alcance y la velocidad de implementación ha variado. Estas medidas son especialmente importantes en Chile dados los altos niveles de desigualdad social e informalidad en el mercado laboral, que dificultan la implementación del confinamiento.

-¿Y en el ámbito sanitario?

Chile ha logrado ampliar la capacidad de atención en cuidados intensivos -lo que ha ayudado a tener una menor magnitud de colapso en el sistema- y está desarrollando una iniciativa de salud mental que ayudará a enfrentar la carga que ya existe y continuará más adelante. Chile también ha comenzado a tomar un rol activo para el desarrollo de una vacuna, al participar en ensayos clínicos internacionales. Esto es muy importante y debe tomar una mirada global, en particular con la región de América Latina, por la urgencia de aumentar la solidaridad y colaboración internacional para superar esta crisis, pero también porque la migración entre países continuará y mientras antes tengan todos la futura vacuna, el beneficio será sinérgico.

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