Extracto del nuevo libro de Josefina Araos: “El pueblo olvidado. Una crítica a la comprensión del populismo”

La historiadora, investigadora del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) y columnista de La Tercera propone tomarse en serio el populismo y desplazar la mirada desde el líder a sus seguidores, para comprender el auge de este fenómeno.




A continuación presentamos un extracto del libro “El pueblo olvidado. Una crítica a la comprensión del populismo”, de la investigadora del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), Josefina Araos. En él, la historiadora propone tomarse en serio el populismo y desplazar la mirada desde el líder a sus seguidores, para comprender el auge de este fenómeno. Este ensayo, de la también columnista de La Tercera, será presentado el miércoles 17 de noviembre, a las 18:30 horas, por el periodista Juan Ignacio Brito y el politólogo Juan Pablo Luna.

REFLEXIONES INICIALES

Las ideas que nutren este texto empezaron a esbozarse antes de octubre de 2019. Por esos días, el movimiento feminista cobraba especial fuerza y visibilidad en nuestro país, y junto con la crisis del calentamiento global y el temor a la llamada “explosión populista”, acaparaban buena parte del debate público local y sus vaticinios respecto del futuro. Sobre la “ola populista” en particular, la discusión chilena parecía simplemente reproducir los términos de un fenómeno y un debate que tenían más impacto en Europa y Estados Unidos que en nuestro propio territorio. Sin embargo, su fuerza aparentemente incuestionable tenía a todo un mundo intelectual y político bastante inquieto. Frente a ellos surgía la posibilidad real de que un líder carismático pudiera echar abajo todo lo avanzado, prometiendo resolver rápido las tensiones que las democracias occidentales —entre ellas la de Chile— venían mostrando desde hace varios años. La inquietud era un indicador de que algo andaba mal, pero no alcanzó para identificar dónde estallaría la crisis ni con qué magnitud. De este modo, el debate tendió a concentrarse en la construcción de un enemigo imaginario, lleno de referencias a amenazas vagas y generales que confirmaban problemas objetivos de la política chilena, pero poco decían de sus causas y orígenes singulares.

Josefina Araos

Octubre apareció de improviso, sin ningún tipo de anuncio, como un quiebre brutal y repentino. A pesar de que diversos analistas venían advirtiendo desde hace un tiempo y desde distintos prismas y posiciones políticas los riesgos de una crisis de esa magnitud, la clase política no había logrado articular ninguna interpretación para comprenderla. Mi propuesta es que el fantasma de la amenaza populista constituyó en ese momento —y lo sigue haciendo, de cuando en cuando— uno de los principales puntos ciegos que explican la sorpresa y parálisis en que la clase política tradicional aún está inmersa. Ayudarla a salir de ese encierro es una de las esperanzas de este ensayo.

Los motivos detrás de la crisis de octubre en Chile —o de la “ruptura” que allí tuvo lugar, para usar los términos de Sol Serrano[1]— son múltiples. No es el objeto de este libro analizarlos ni detallarlos. Pero la irrupción de esta crisis hizo evidentes las falencias estructurales del lente y las premisas de quienes, hasta esa fecha, estaban concentrados en levantar un fantasma, sin mirar con cuidado lo que ocurría en su propio entorno. Mientras la discusión pública dominante buscaba la irrupción de un líder, la fractura explotó en el ámbito que nadie había querido considerar como punto de arranque de procesos sociales y políticos: la sociedad. Y aunque muchos sintieron confirmado su temor, tenían delante un fenómeno que no respondía a las categorías con que se había intentado anticiparlo. No hay movimiento más carente de liderazgo que el de octubre; y, aunque hubo violencia organizada en los incendios del metro, en el masivo apoyo al descontento no hubo ninguna manipulación. Se hizo así evidente la insuficiencia de los marcos interpretativos disponibles. Y aún no damos con el esquema correcto. La furia con que explotó nuestra crisis todavía nos tiene intentando interpretarla y canalizarla, para que no termine desbordando aquello que tanto costó construir —aunque algunos parezcan empecinados en desconocer que habíamos conseguido algo digno de cuidar—. De alguna manera, el libro que aquí presento nace de la evidencia de esta dificultad, que se ha convertido en un punto ciego y que, me parece, se expresa con particular claridad en la manera en que solemos entender el populismo. El objetivo de las líneas que siguen es, justamente, escapar de algo que se ha transformado en una suerte de prisión comprensiva para encontrar un enfoque donde podamos reconocer el protagonismo de la sociedad en el desarrollo de los fenómenos sociales. Es la intención de desplazar la mirada —desde el líder populista hacia quienes lo siguen— para salir de un prejuicio instalado que solo mira a la sociedad como lugar de verificación, nunca como punto de arranque ni de agencia. Con esto, no me interesa hacer una idealización del llamado “despertar” de Chile, sino abrir un campo de observación poco explorado, pues en general ha sido despreciado. Se trata de incorporar al análisis de nuestra realidad social el protagonismo de la gente común, esa que en el populismo solo es considerada para confirmar el éxito del líder o para desecharla por su traición política. Y así no se hace más que perpetuar el abismo insalvable que tantos constatan desde ese viernes 18 de octubre: aquel que separa a una política paralizada de una sociedad fragmentada.

En este sentido, mi libro no es tanto sobre el populismo como sobre el modo en que este ha sido abordado en la discusión pública. Trata, particularmente, sobre los prejuicios que sostienen una aproximación que se ha vuelto hegemónica para entender el populismo, pero también otros fenómenos sociales. Por lo mismo, el lector no encontrará aquí una definición exhaustiva del término ni una caracterización general del mismo: lo que me interesa es identificar los puntos ciegos que atraviesan una estructura de comprensión de la realidad que redunda en un desprecio sistemático por nuestra trayectoria histórica y nuestra cultura. Como veremos, esta actitud se encontraría en la base de nuestras dificultades al momento de interpretar de manera adecuada nuestros problemas y de ofrecer caminos eficaces de resolución de los mismos. Lo que sí encontrará el lector en estas páginas es una suerte de reconstrucción de ese desprecio a partir del análisis crítico de la forma en que se ha entendido un fenómeno como el populismo, que hoy se toma la discusión pública y resume nuestros peores temores. Si bien la intención de desentrañar el origen y los rasgos de ese desprecio recorre estas páginas como hilo conductor, el populismo se presenta como el lugar donde este mejor se expresa, y eso explica su protagonismo.

Es importante precisar también el registro de este texto, que se reconoce explícitamente como un ensayo y, por lo mismo, como heredero de una larga tradición intelectual latinoamericana. Desde distintas perspectivas y objetos, esta corriente ha intentado abordar las preguntas acuciantes sobre nuestra singularidad y, desde ahí, sobre nuestro destino en el horizonte cultural de Occidente, donde siempre parecemos estar instalados en una posición precaria. Donde no dejamos de sentirnos parte y, al mismo tiempo, extraños. Al no ser un texto estrictamente académico, no hay aquí una revisión exhaustiva y sistemática sobre populismo, sino una selección de referencias que me permiten ilustrar y fundamentar mi tesis. Así, el corpus de autores que sostiene este trabajo busca reconstruir la aproximación dominante al fenómeno populista dando forma a una nueva estructura comprensiva para abordarlo sin sanciones a priori. En este ejercicio no pretendo de ningún modo desconocer los problemas objetivos que exhiben los liderazgos que habitualmente llamamos populistas y que explican los cuestionamientos que pesan sobre ellos. Sin embargo, la pregunta que mueve esta reflexión no es por la dimensión negativa del fenómeno —ya profusamente constatada por diversos autores— sino por la posibilidad de observar en el populismo y en su recurrencia en América Latina algunas luces de las tareas pendientes de nuestras democracias, siempre tambaleantes.

[1] Pablo Marín, “Sol Serrano: ‘Hoy, poder, autoridad e ilegitimidad son sinónimos’”, La Tercera, 10 de noviembre de 2019.

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