Tercera PM
Presenta:
Cristián Valdivieso

Cristián Valdivieso

Criteria Research

La Tercera PM

El fin de la luna de miel y los desaciertos gubernamentales

Foto: AgenciaUno.

Más allá de los desaciertos lingüísticos y conductuales del Presidente y sus ministros, la abrupta caída podría estar mostrando algo más estructural. Parecería que estos errores operaron como enzimas aceleradoras de un proceso creciente de frustración entre una ciudadanía que empieza a sentir incumplimiento en torno a la promesa central de la campaña piñerista.


Las enzimas son las proteínas que aceleran procesos químicos en los seres vivos. Pareciera que los desaciertos gubernamentales del último tiempo están cumpliendo la función de enzimas, apurando el término de la luna de miel entre el Gobierno y la ciudadanía.

Al igual que las enzimas en los procesos biológicos, los errores comunicacionales de algunos ministros y del propio mandatario -más que causas únicas de la baja- parecen haber sido aceleradores de un proceso paulatino de desafección ciudadana, no sirviendo por sí solos como explicaciones del fin de un primer ciclo en la relación Gobierno-ciudadanía. Esto, a la luz de la caída significativa en la aprobación presidencial y gubernamental que mostró la Agenda Ciudadana Criteria del mes de julio.

En la medición de julio, el Presidente sigue contando con más promotores que detractores de su gestión, aún cuando estos últimos aumentaron significativamente, probablemente debido a un conjunto de declaraciones y conductas por parte de algunos integrantes del equipo presidencial. Concretamente, de una aprobación de 60 puntos en la medición de junio, la aprobación al desempeño de Sebastián Piñera al mando del Gobierno cayó a 49% en julio. Perdió 11 puntos en sólo un mes, mientras su desaprobación se incrementó en 12 puntos en el mismo período. En simultáneo, el juicio sobre la labor que está desempeñando el Gobierno quedó empatado entre aprobadores y desaprobadores (47% vs. 45%), cristalizando así el término de la luna de miel.

Apuntar como únicos responsables de la pronunciada baja en la aprobación del Presidente en particular y del Gobierno en general a un trío de ministros bautizados mediáticamente como los VAVASA (por los apellidos de los ministros Varela, Valente y Santelices) es un error de diagnóstico. Esta explicación simplista no servirá al Gobierno para entender este descenso que, entre otros factores, también se explica por el mal desempeño mediático del propio mandatario. Por cierto, que la reaparición de una suerte de soberbia presidencial expresada en acciones como “mechonear” impulsivamente a la intendenta de Santiago; su comentada comparación del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, con un perro; su metáfora arbórea para explicar el cierre de IANSA en Linares -entre otras- no pueden ser omitidas, depositando toda la responsabilidad del descenso en el políticamente inexperto trío ministerial.

Con todo, y más allá de los desaciertos lingüísticos y conductuales del Presidente y sus ministros, la abrupta caída podría estar mostrando algo más estructural. Volviendo a la analogía inicial, parecería que estos errores operaron como enzimas aceleradoras de un proceso creciente de frustración entre una ciudadanía que empieza a sentir incumplimiento en torno a la promesa central de la campaña piñerista. Y es que, si bien aún no completamos medio año de Gobierno, las mismas encuestas muestran que la promesa central de tiempos mejores para la economía (que en lenguaje ciudadano se entiende como mejoras en el bolsillo personal), aún no se concretan. La mayoría encuestada declara no percibir por ahora mejoras en la economía del país e incluso menos en la economía personal. Y, particularmente en esta medición, un descenso significativo en las expectativas económicas futuras.

Siendo aún esta frustración una tendencia preliminar, y manteniéndose un mayoritario optimismo hacia el futuro, el Gobierno debería estar tomando nota de esta primera señal que da cuenta de la instalación de cierta suspicacia ciudadana respecto del arribo de tiempos mejores, insisto, para el bolsillo, prometidos en campaña.

Es en este contexto más amplio, que releva la necesidad de hacerse cargo de la potencial frustración de expectativas económicas antes que dar golpes de efecto, lo que en mi opinión captó el Presidente al decidir postergar un cambio de gabinete, poniendo su capital político para apuntalar a un par de ministros. Visto en perspectiva, debe haber juzgado que el sacrificio inmediato de sus colaboradores no vendría aparejado de un rebote suficiente como para recuperar con ese acto todo el porcentaje perdido de aprobación en las encuestas.

Más que mal, incluso cuando las enzimas lingüísticas y conductuales hayan adelantado el término de la luna de miel, la aprobación presidencial sigue siendo alta. Todo parece indicar que el mandatario optó por guardar para otro momento un cambio ministerial y enfocarse en el manejo de las expectativas y el impuso de la economía. Finalmente, la mejoría en la percepción de la económica será la enzima que -posiblemente- le devuelva el capital de confianza perdido en julio.

 

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