Francisco Álvarez, exseremi de Salud de Valparaíso: “Viendo la agresividad del virus hoy, si me hubiera contagiado este año, me mata”

El químico farmacéutico relata los complejos días que vivió el año pasado, cuando estuvo 22 días en la UCI conectado a un ventilador mecánico: "Le pedí al equipo médico: intúbenme, ya no aguanto más”. La exautoridad, tras recuperarse y retomar sus labores, lidió con las polémicas fiestas de Zapallar y la sanción al Presidente Sebastián Piñera. Salió del cargo en enero y retomó su labor en la principal UCI de Viña del Mar, regulando las terapias farmacológicas para los pacientes de Covid-19. Y advierte: "La sensación de inmortalidad que tienen los jóvenes debe terminar, el virus encontró cómo complicarlos".




Francisco Álvarez Román (34) conoció los efectos del Covid-19 desde las dos veredas: como encargado de la estrategia de control en la Seremi de Salud de Valparaíso y como paciente, tras una larga estadía en la unidad de cuidados intensivos en mayo de 2020, donde estuvo 22 días inconsciente y conectado a ventilación mecánica. El químico farmacéutico recuerda los difíciles días que pasó tras contagiarse, el mes que permaneció hospitalizado y su difícil recuperación. Ya de vuelta al cargo, hacia fines del año pasado, debió lidiar con el fuerte brote de Covid-19 en Zapallar e hizo noticia tras la sanción de $ 2,5 millones que aplicó al Presidente Sebastián Piñera por pasear sin mascarilla por el mismo balneario.

La exautoridad, que en enero salió del cargo, volvió a la red asistencial y hoy se desempeña en la UCI de alta complejidad de Viña del Mar, donde está a cargo de las terapias farmacológicas de los pacientes con coronavirus. Cuenta que la situación es más compleja que el año pasado, que el efecto de las nuevas cepas se nota y que la edad de las personas que se hospitalizan es cada vez menor: “Viendo ahora la agresividad de este virus, asociado a que están circulando las nuevas variables, pienso que si me hubiera contagiado este año, me mata. Porque, de hecho, el año pasado casi no salgo”.

Usted fue una de las primeras autoridades del país en contagiarse. ¿Cómo fue su experiencia?

Yo me contagié en mayo del año pasado, en mi lugar de trabajo, a través de una persona que no señaló que había presentado síntomas, probablemente por un tema de miedo o susto. Era un día domingo y partí con un dolor de cabeza como cualquier otro. Al día siguiente, al despertar, sentí que estaba cansado y me costaba un poco respirar. Tuve una reunión virtual y me sentí peor, así que llamé a mi novia, que es enfermera, y le dije que iría a la urgencia. Caminé hasta la clínica más cercana, que queda a una cuadra y media, pero cuando iba en la mitad, ya no me podía el cuerpo. En la urgencia me pusieron oxígeno de inmediato, estaba saturando 80 (lo normal es más de 95) y me dijeron que los exámenes no se veían bien; me pasaron directo a la UCI.

Tuvo un deterioro muy rápido...

Quedé impactado. Entre el dolor de cabeza, que fue el único síntoma, y que me ingresaran a la UCI pasaron apenas 12 horas. Yo ya había trabajado en UCI y sabía lo que me iba a pasar. Primero estuve conectado a ventilación mecánica no invasiva, con cánula de alto flujo, y empecé a mejorar. Pero de un minuto a otro empeoré. Me pasaron a otro dispositivo no invasivo (CPAP), pero la sensación que yo tenía era la de ir en un auto a 100 km/h y sacar la cabeza por la ventana. Estuve media hora así, no lo toleré bien. Aguanté dos horas más, hasta que me dicen ´Francisco, la situación es muy compleja´. Y yo quedé mirando al equipo médico y les pedí: “Intúbenme, ya no aguanto más. No puedo seguir respirando”.

¿Cómo se sintió en ese momento?

Tuve mucho miedo, aunque mi ventaja era que muchas de las personas que me atendieron eran amigos míos y eso me daba cierta tranquilidad. Pero al momento de la anestesia, cuando sabes que te van a sedar y empieza el procedimiento, tú sabes que tienes dos opciones: o sales con vida o te mueres. Pero no sabes cuál te va a tocar. Es una situación dramática. Me imagino a un paciente que esté ahí solo, pese a que en la UCI existe el cuidado humanizado y eso no se ha perdido, pero es realmente como vivir una película de terror.

¿Por qué cree que su caso fue más grave?

En el invierno pasado el virus atacaba a personas con factor de riesgo o enfermos crónicos. Yo tengo asma, pero mi última crisis fue cuando niño, tenía cinco años. Después, ningún problema, nunca. Incluso, de todos los años que trabajé en la UCI, nunca me enfermé ni me pasó nada. Pero ahora tenemos un virus más agresivo, que está afectando a muchas personas jóvenes sin factor de riesgo. Viendo ahora la agresividad de este virus, asociado a que están circulando las nuevas variables, y pienso que si me hubiera contagiado este año, me mata. Porque, de hecho, el año pasado casi no salgo. Estuve, en total, hospitalizado un mes y 22 días en la UCI.

¿Qué sintió al despertar y saber que habían pasado casi tres semanas?

Del proceso de haber estado en ventilación no tengo muchos recuerdos. Sí tuve muchas pesadillas. Las recuerdo porque las sentí como si hubiesen sido en el mundo real, podía incluso sentir y oler cosas. Lo que soñaba, reiterativamente, era muy traumático: aparecía colgado en diferentes puntos de la ciudad, del cuello. Y trataba de salir de esa situación. Yo asocio esos sueños a la molestia de estar intubado, y fue desesperante, porque llegué a soñar que moría. En general, los pacientes Covid tienen un mal despertar, porque han estado muchos días sedados. Es todo un proceso, le llamamos “aterrizaje”. A mí me extubaron, pero no aterricé hasta cuatro días después. Fue lento y forzoso. Recuerdo que llegó la kinesióloga y me dijo: ´Vamos a intentar que te sientes en la cama´. Y yo no pude, no era capaz de moverme. Y había perdido 18 kilos. Luego vino tener que aprender todo de nuevo: a moverme, comer y caminar. Uno queda, además, muy débil emocionalmente.

¿Fue difícil la recuperación?

Sí. Pero la mía, en particular, fue más rápida. Dediqué dos horas a entrenar cada día. Estuve seis semanas con terapia, me costó mucho volver a reír, no podía sonreír, trataba, pero no se movían los músculos. En agosto volví a mi trabajo como seremi de Salud de Valparaíso, y yo me había contagiado en mayo.

El personal de salud y los expertos coinciden en que las condiciones actuales son peores que las del año pasado...

Es que la situación es mucho más compleja, y en las UCI es dramático. Cuando se dice que hay cierta cantidad de camas disponibles, hay un factor oculto: detrás de cada una de esas camas hay un paciente esperando entrar a ocuparla. Ahora las condiciones son mucho más difíciles que las que vimos en el invierno pasado, estamos viendo a jóvenes de 18 años hospitalizados, personas de 28 a 35 años conectadas a ventilación mecánica. La sensación de inmortalidad que tienen los jóvenes debe terminar, se acabó, porque el virus encontró cómo complicarlos y ya varios han fallecido, lamentablemente. Hemos tenido a familias completas conectadas a ventilación mecánica, y el virus es tan agresivo e impredecible, que un paciente que evolucionó bien, de repente decae y hay que empezar todo de nuevo. Uno va conociendo las historias de los pacientes, la forma en que se contagiaron algunos y da impotencia, porque muchos se podrían haber evitado, hay gente con un actuar irresponsable y otras personas que se estaban cuidando y alguien cercano les llevó el virus.

La gestión de la pandemia

Los casos en la Región de Valparaíso han alcanzado nuevos peaks. ¿A qué lo atribuye?

El permiso de vacaciones es uno de los factores. En la región ya son dos millones de personas, a eso hay que sumarle la población flotante y el hecho de que el virus va donde estén las masas. Pero más allá de eso, la gente mandaba de vacaciones la pandemia, nos pasó que cuando hacíamos operativos de toma de PCR en las playas, la gente se negaba y decía ‘estoy de vacaciones y no las quiero echar a perder, por lo tanto, no quiero hacerme el PCR’. También influyó que las personas salieron de Chile y llegaron contagiadas con las nuevas variantes. El concepto de vacaciones es uno de los principales factores de la situación que estamos viviendo ahora.

¿Qué cree que se debe hacer para revertir el aumento de casos?

La comunicación de riesgo es clave. Tenemos que ser claros en decir cuál es la situación de nuestro país. Una pandemia se resuelve con medidas de salud pública, entre ellas la prevención, junto con el proceso de vacunación, más que resolverlo con tratamientos médicos, por lo que debemos llegar antes. Junto con la comunicación de riesgo hay que fortalecer la trazabilidad, para que sea adecuada y llegue a tiempo, algo que se debe verificar también en terreno, y en este punto el trabajo en conjunto con la atención primaria es clave, porque son ellos quienes conocen a la comunidad de cada uno de sus territorios y localidades. Hay personas que a veces me llaman y me dicen ‘sabes que me llamaron cuando casi o ya había cumplido mi cuarentena’, y no podemos llegar tarde, pues tenemos que asegurar que todas las personas contagiadas como sus contactos estrechos tengan que cumplir su aislamiento, su cuarentena.

¿Es crítico del manejo de la pandemia?

Yo soy exautoridad, y es difícil estar en el cargo. No creo que existan autoridades que quieran tomar malas decisiones, pero claramente a uno le gustaría que se tomen medidas para evitar lo que está pasando. Es clave mejorar la prevención, nuestro país ha sido puesto en estos días como un mal ejemplo, hay que asumirlo, hacer la autocrítica, reconocerlo y seguir avanzando. Hay que admitir lo que se hizo bien y lo que se hizo mal, para no volver a eso. Y la única forma es reconocer errores, establecer medidas necesaria para evitar que se sigan muriendo personas por Covid cada 15 minutos en el país.

El caso Zapallar

A usted le tocó fiscalizar e indagar el brote de casos que ocurrió en Zapallar, luego de las fiestas clandestinas...

Me tocó investigar cómo se desarrollaron las historias y realmente sentí impotencia, porque estos jóvenes no solo hicieron una, sino varias fiestas y no les importó nada, ninguna medida de autocuidado. Fueron más de 60 los contagiados, y cuando uno hacía la trazabilidad, los mismos papás o mamás desconocían haber estado con sus hijos. Te daban la dirección, ibas a buscarlos a las casas y no estaban, así que teníamos que coordinar con mis colegas de la Región Metropolitana para que los fuera a ubicar allá. Ese nivel de irresponsabilidad daba rabia e impotencia, porque hay personas que han sufrido mucho con este virus.

¿Costó hacer la investigación epidemiológica en ese brote?

A los trazadores, cuando hacían la investigación, les negaban todo, que nunca habían estado en ningún lado, no aclaraban cómo se contagiaron. Había papás y mamás que decían ‘no, no estoy con mi hijo’ y el hijo al lado. Negaban compartir el mismo techo. Después uno llegaba a hacer la fiscalización a la casa y los encontraba. En una fiscalización a una casa se escondió toda la familia, por eso yo tomé la decisión con el equipo jurídico de establecer la denuncia en la fiscalía, porque no estaban entregando la información. Después, al hacer la georreferenciación, nos dimos cuenta de que todos vivían cerca.

También en Zapallar usted debió multar al Presidente Piñera por pasear por la playa sin mascarilla...

Yo lo hablé con él, estuvo de acuerdo, y yo, como autoridad sanitaria, tenía que cursarle el sumario. No hubo ningún problema con eso.

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