Tercera PM
Presenta:
Rodrigo Munizaga

Rodrigo Munizaga

Periodista y crítico de Espectáculos

La Tercera PM

Game of Thrones: Un capítulo lento para un final

Game of thrones, primer capítulo de la octava temporada. Foto: HBO.

El primer capítulo de la octava temporada de Game of thrones (GOT) terminó exactamente igual que el final del capítulo piloto: con Jamie y Bran. En la serie nada ha quedado al azar, como un círculo que comienza a cerrarse, como un rompecabezas perfectamente diseñado y que, de paso, recuerda la evolución que han tenido ambos personajes: Jamie ya no es el villano del principio y Bran tampoco es el niño ingenuo de hace ocho años.

Hubo que esperar dos años para esta octava temporada –en 2018 no hubo serie y aún así la app HBO Go no tomó precauciones y colapsó nuevamente, dejando a muchos sin poder verla en vivo- y el primer episodio no ha estado a la altura de las expectativas de la ficción más popular de la última década, en la más premiada en la historia de los Emmy y en una que ya es un clásico televisivo.

Como ha sucedido antes, el reinicio siempre se da el tiempo de situar la acción y tirar línea sobre lo que vendrá con lentitud, pero al tratarse del ciclo final, uno habría esperado más acción y desarrollo, tomando en cuenta que solo restan cinco capítulos y hay demasiadas tramas por cerrar.

Finalmente Jon Snow se ha reencontrado con sus “hermanos” (el abrazo con Arya era esperado y hubo emoción en esa secuencia), se ha enterado de que es un Targaryen y voló arriba de un dragón, en una inusual toma romántica junto a Daenerys (en GOT hay más muertos que besos), pero no apareció el ejército de los Caminantes Blancos y muy poco Cersei, la mejor villana de la serie, salvo para mostrar sus devenires con Euron, un personaje que ha cobrado protagonismo como malvado, pero sin las sutilezas que acostumbra el guión: es alguien repelente y poca cosa, sin una cuota de humanidad, que sabemos que morirá y a nadie le importará.

La historia de los hermanos Theon y Yara Greyjoy ha vuelto a tener presencia, pero su trama perdió interés y se sabe que no serán relevantes ahora, donde importa más el destino de los personajes principales.

A estas alturas, varios personajes se han desdibujado (Tyrion se quedó sin historia hace dos temporadas, luego de ser el más interesante) y la serie ha puesto el foco, en su tramo final, en quienes siempre han sido los protagonistas: los Stark, la familia con principios claros y resilientes como pocos. El retrato de ellos ha sido desde el cariño y con constante evolución, una de las virtudes de Game of thrones: casi todos los personajes, incluso los secundarios, tienen varias capas, son multidimensionales como rara vez sucede en una serie de entretención.

Pese a su lenta partida, GOT es un fenómeno global y una adicción porque no se puede adivinar qué vendrá. En un capítulo no matan a nadie y al siguiente liquidan a 100. En un episodio te hacen más entrañable a un personaje y al siguiente lo asesinan. Sí se puede prever que la curva de esta temporada será ascendente, porque la ficción siempre ha sabido llevar a los televidentes como una montaña rusa y ha terminado dando toda la emoción y entretención que uno espera de ella.

Quienes han decidido quedarse fuera de este fenómeno, esos que en Twitter escriben majaderamente “¿seré el único que nunca ha visto Game of thrones?” (como si eso los convirtiera en especiales y no, no lo son), no saben de lo que se han perdido.

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