Iglesia en Perú: El fin de una era

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El cardenal Juan Luis Cipriani en marzo de 2018. FOTO: AGENCIA ANDINA



Dos décadas después de asumir como Arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani Thorne, dejará el cargo luego de que el Papa Francisco le aceptara la renuncia entregada el 28 de diciembre del año pasado, al cumplir 75 años. La rapidez del Pontífice –solo le tomó 25 días- al aceptar la renuncia del cardenal, describe con claridad la mala relación entre ambos, ubicados en diferentes facciones de la Iglesia Católica latinoamericana: de la orden jesuita y del Opus Dei, respectivamente.

El reemplazo de Cipriani es el sacerdote Carlos Castillo Mattasoglio, ubicado en las antípodas de Cipriani y quien al asumir como Arzobispo de Lima también será nombrado obispo en la misma ceremonia. Cipriani, hoy arzobispo emérito de Lima, y Francisco hicieron públicas sus inmensas diferencias ideológicas en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que se realizó en mayo 2007, junto al santuario de Aparecida en Brasil. En aquella ocasión, el entonces Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, presentó un documento (como presidente de la comisión de redacción) que resaltaba la justicia y la dignidad del ser humano.

El documento de Aparecida fue aprobado con 127 votos a favor, 2 votos en contra y con una abstención. Según señaló la revista peruana Caretas, en 2013: "es conocido que el cardenal (Juan Luis Cipriani) y el arzobispo de Piura, José Antonio Eguren del Sodalicio, fueron los únicos prelados que no firmaron el documento de Aparecida (Brasil) en el 2007 por su énfasis en los menos favorecidos.

Como cardenal y Arzobispo de Lima, Cipriani fue más bien un actor político que no ocultó nunca sus preferencias políticas con el ahora caído en desgracia, Alberto Fujimori ; su hija, también recluida, Keiko Sofía y el ex presidente, Alan García, también en problemas por sus investigaciones en presuntos actos de corrupción. Tampoco Cipriani escondió su indiferencia ante las denuncias de derechos humanos ocurridas durante el conflicto interno peruano, entre 1980 y 2000. Como Arzobispo de Ayacucho siempre optó por apoyar el lado castrense en la época más sangrienta protagonizada por la banda terrorista Sendero Luminoso, en detrimento de peruanos inocentes caídos en combate.

Por ejemplo, en sus 20 años al frente del arzobispado de Lima y de Ayacucho, Cipriani nunca recibió a la ahora fallecida, Angélica Mendoza, presidenta de ANFASEP, organización de desaparecidos de Perú y quien desde inicios de los 80, denunció en quechua y español, la pérdida y desaparición de sus familiares a manos de las Fuerzas Armadas.

Cipriani fue escogido por Fujimori como mediador del gobierno y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), cuando el grupo tomó por asalto la embajada del Japón y secuestró a 72 personas de diciembre a abril de 1998. Cuando se dio el desenlace en el que murieron los 14 miembros del MRTA, Cipriani lloró por vez primera en público, al tiempo que felicitó a Fujimori por el rescate a los secuestrados. Además, el ahora arzobispo emérito de Lima a través de diversas movidas judiciales quiso hacerse de la Pontificia Universidad Católica de Lima, con el objetivo de intervenir en la formación educativa de los alumnos, percibido por él y su entorno religioso y político cercano, como un lugar donde se forman a "rojos" o "caviares", como se les dice a los sectores progresistas en Perú. También fue un impulsor del movimiento "Con mis hijos no te metas", desde donde criticó a la ideología de género y se declaró en contra del aborto.

"Es la edad (75 años) en la que todos ponemos nuestro cargo a disposición del Papa. Todo lo que se diga más allá es maltratar a la Iglesia. Con mucha paz y con mucha alegría le doy gracias a Dios por todo lo que me ha ayudado. Habrá gente que con no mucho cariño esté en sus intrigas y en sus ideas, pero que Dios bendiga a todos", señaló Cipriani sobre su probable destitución que se cristalizó el día de hoy.

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