La incredulidad y alarma que contagió a Talca ante los dos primeros casos de coronavirus

Mientras algunos residentes atestaron las farmacias en la búsqueda de insumos para protegerse de la enfermedad, otros dudan de la veracidad de los contagios.




Esta mañana, los colegios en San Javier amanecieron cerrados. El consultorio abrió con seis médicos menos y se avizoran días más pausados de lo usual en la zona: todas las actividades públicas fueron canceladas y, en especial, el esperado festival comunal, que estaba programado para el fin de semana. Todo, luego de que el pediatra del Cesfam, un recién casado de 33 años, y su esposa, enfermera, se convirtieran en los primeros casos positivos de coronavirus en el país.

Las reacciones de los residentes han sido diversas en El Maule. El martes, tras la confirmación del primer contagio, en Talca, y especialmente en las cercanías del hospital, las farmacias se colmaron de personas pidiendo mascarillas y alcohol gel. Hubo filas que llegaron a la calle. Y tanta fue la demanda, que las pocas unidades que quedaban, se agotaron.

Cerca del mediodía, el médico fue dado de alta desde el Hospital de Talca, ya asintomático, mientras que su esposa cursa el cuadro característico del virus: fiebre alta, dolores musculares y tos, entre otros.

Y en las afueras del hospital, los transeúntes, pacientes y comerciantes ambulantes comentan lsa informaciones que van surgiendo. “Vimos gente en pánico, asustada escuchando las noticias, pero ya sabemos que no pasa nada si no estamos cerca de un contagiado”, señala la vendedora Lorena Cancino. Pero entre sus compañeros, hay incredulidad: “no creo en esto, me parece que es un montaje, si esto fuera grave deberían haber repartido mascarillas y no dar de alta al paciente”, comenta Lucía Becerra (65).

Frente a esto, el Intendente del Maule, Pablo Milad, sostuvo que “hay un exceso de sensibilidad y una falta de credibilidad en las autoridades. Se cuestiona todo. Ese es el nuevo Chile, pero los exámenes son reales y hemos hecho un llamado a la calma, a no dejar de hacer las actividades normales, sino que tomar las prevenciones de no estar cerca de un paciente contagiado.”

En el aeropuerto, en tanto, con la reciente confirmación de los primeros casos, pasajeros que entran y salen del país, nacionales y extranjeros, han decidido prevenir portando sus propias mascarillas: algunas simples, de género, otras compactas y de mayor grosor y mejor cobertura.

Khalde Saud, un chileno que viene llegando de Dinamarca, prefirió usar una mascarilla: "Ayer me enteré del primer caso oficial en Chile y me la compré allá, donde de hecho estaban agotadas, pero fue solo por prevenir”. Sin embargo, el joven también admite: “Hay bastante paranoia, pero por dejar tranquila a mi familia y porque uno no sabe quién se sienta al lado, uso mascarilla”.

Una trabajadora del aeropuerto se explaya sobre las nuevas conductas: “el personal de las aerolíneas está usando mascarillas y guantes, y en la sala de embarque su uso es obligatorio, porque hay muchos pasajeros en tránsito. Afuera de la sala de embarque son bien pocos los que la llevan, porque en realidad es bien incómodo, pero si veo que viene un pasajero que tose, yo prefiero ponerme mascarilla”.

En el aeropuerto ya se han activado los mecanismos de precaución. Todo el que llega debe llenar una declaración jurada informando dónde estuvo y con quién tuvo contacto. También se está aplicando un chequeo de síntomas y toma de temperatura.

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