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La primera evaluación: cómo ha sido el semestre inicial de Marcela Cubillos en el Mineduc

Autor: Carlos Said

Partidarios y detractores reconocen que su principal fortaleza es su amplio manejo político, algo poco usual para un ministro de Educación. Pero también apuntan a un estilo duro, algo que en la oposición se califica de polarizante e incluso populista.


“A los padres les estamos diciendo que este es el sistema que la ley les estableció, pero que nos estamos jugando por cambiarlo. No nos vamos a quedar de brazos cruzados”.

Con esas palabras, la ministra de Educación, Marcela Cubillos, justificó la gira que está realizando por el país, en pleno verano, para conocer casos de familias descontentas con el Sistema de Acceso Escolar que creó el gobierno anterior.

Esta es parte de la intensa agenda que ha instalado la exdiputada y exministra de Medioambiente, quien el sábado pasado cumplió medio año al mando de uno de los ministerios más complejos para la centroderecha, pero que con su estilo enérgico y polémico ha logrado convertir al Mineduc en una de las carteras centrales para la agenda del Gobierno.

En estos seis meses, Cubillos protagonizó la dura discusión legislativa de Aula Segura -el proyecto que buscaba poner fin a la violencia de encapuchados en los colegios, y que logró poner en agenda un tema que incomodó a la oposición- y ahora va por Admisión Justa, propuesta que busca reintroducir la selección escolar por mérito. Junto con ello, en marzo tiene otras batallas legislativas, como el proyecto que reemplaza al CAE y el que crea la primera subvención para los jardines infantiles.

La Tercera habló con una docena de personas: cercanas a ella, altos funcionarios del ministerio, y también detractores. Hay una coincidencia en que su principal fortaleza es su amplio manejo político, algo poco usual para un ministro de Educación. Pero también apuntan a un estilo duro, que en su sector califica de necesario por la complejidad de su misión, pero que en la oposición ven como polarizante e incluso populista.

“Ella se plantea ante un escenario adverso, que es la minoría legislativa y un ministerio especialmente difícil para la centroderecha. Tiene una estrategia de romper el molde y de esa manera volver a tomar la iniciativa. A veces, ese estilo puede resultar politizador, pero está bien que tome la iniciativa con fuerza y hasta agresividad, porque está en un escenario de mucha conflictividad”, dice Daniel Rodríguez, director ejecutivo de Acción Educar, organización ligada a la centroderecha.

Pero la exministra de Educación de Michelle Bachelet, Adriana Delpiano, cree que “hay mucha dedicación comunicacional de la propia ministra de hacer retroceder las reformas. No se entiende porqué el tema del sistema de admisión de los colegios se agita como un gran tema político, en pleno verano, cuando el mundo educacional no está”. Además, a su juicio, no se está cumpliendo con la agenda de calidad y aprendizaje que impulsó la derecha. “No tengo clara cuál es la agenda que busca sacar el Gobierno en educación, fuera de desmantelar y tirar la educación pública hacia atrás”.

Los frentes internos

En el ministerio nadie queda indiferente al estilo de Cubillos. Cuentan que participa de todas las reuniones, que está siempre conectada a sus redes sociales y que controla todo: incluso revisa los comunicados. Además, las actividades de todos los servicios ligados al ministerio, ya sea la Superintendencia de Educación, la Agencia de la Calidad o las seremis, pasan por su filtro, lo que genera molestia en algunos funcionarios, pues consideran que tienen un “bozal comunicacional”.

A nivel parlamentario, sus orejeros son la senadora Ena von Baer (UDI) y los diputados Diego Schalper (RN), Luis Pardo (RN) y Jaime Bellolio (UDI). Pero también se reconoce que su afinidad con los parlamentarios de RN es fuerte debido a que su esposo es el senador Andrés Allamand.

De hecho, la mano derecha de Cubillos es Fernanda Frías, su jefa de gabinete, quien es pareja del jefe de asesores de Allamand, Tomás Fuentes.

Su trabajo es reconocido en La Moneda, donde ella y el Presidente Piñera se reunieron una vez a la semana en enero. Según la encuesta Cadem, es la segunda ministra más conocida del gabinete y actualmente tiene 53% de aprobación. Incluso se ha rumoreado con que, en un eventual cambio de gabinete, ella pudiera llegar a una cartera más política, pero en el Mineduc dicen que ella no lo tiene contemplado por ahora.

Y si bien los proyectos legislativos son una tarea dura, uno de los principales frentes de Cubillos en estos meses ha estado en la interna del Mineduc. Cuando llegó en agosto, en reemplazo de Gerardo Varela -quien apenas duró cinco meses-, remeció al ministerio a hacer un recambio de equipos. Dicen que con el subsecretario de Educación, Raúl Figueroa, hubo al inicio un trato distante, lo que se fue superando, pues él conoce bien el sector y tiene una recepción más transversal en el mundo educacional, donde la ministra no es tan fuerte.

Pero el cambio más importante se produjo hace poco, cuando sacó de la División de Educación General al UDI José Palma para poner a Raimundo Larraín, hijo del RN Carlos Larraín, a quien ha defendido. “Mucha gente le tiene que haber recomendado no poner el hijo de Carlos Larraín, pero ella no hace eso para congraciarse con alguien, sino que porque se convenció de que era una persona ideal para el cargo. Está dispuesta a asumir el costo político”, explica el diputado Diego Schalper, quien afirma que ella “es clara y precisa, con un manejo de agenda y capacidad de gestionar equipos destacables”.

Los funcionarios, en tanto, son críticos. Afirman que desmanteló equipos para poner a quienes trajo del Ministerio del Medio Ambiente y que vendrían más cambios, en las divisiones de Planificación y Jurídica.

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