La tregua táctica entre Allamand y la UDI

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Senador RN Andrés Allamand. (Agencia Uno)

Dicen que han dejado atrás una larga era en que el senador RN ha sido, al igual que Sebastián Piñera antes que él, un adversario casi innato del partido fundado por Jaime Guzmán. Aunque sus críticas a Lavín anticipan una nueva rivalidad presidencial, en esta vuelta ambos bandos parecen haber hecho las paces. Aunque sea por mientras.


Sus conocidos cuentan que ambos no se llevan mal, pero que tampoco las cosas fluyen. No se hablan ni conversan mucho. No son amigos, vienen de mundos distintos y sus caminos, aspiraciones y ambiciones políticas -eternamente presidenciales- suelen colisionar de cuando en cuando. Como en un déjà vu, las de Andrés Allamand Zavala y Joaquín Lavín Infante volvieron a cruzarse luego que el senador RN cuestionara irónicamente que el alcalde UDI hiciera precampaña con el Museo de Cera de Las Condes. Desde el otro partido, el gremialista, le contestaron de vuelta, pero no con la enérgica andanada con que salen a defender a los suyos, y lejos del historial casi clínico de conflictos que tienen con el ex ministro.

El último gran choque fue el 2013, cuando Allamand buscaba por enésima vez esa oportunidad que le ha sido tan esquiva: su nombre nunca ha llegado a una papeleta presidencial. Pero perdió la primaria del sector ante un entonces vigente Pablo Longueira, quien unió a toda la UDI detrás suyo y contra el RN. Esa vez, cuando sus rivales llegaron a darle el pésame a domicilio a la sede de Antonio Varas, la historia registra a un Allamand casi furioso con un Lavín que le insistía que salieran a saludar juntos al balcón. Tanto, que le disparó un "¿Hasta cuándo me humillas?", frase acompañada de algunos improperios propios de un camarín electoral.

Lo que pasó después es conocido. Longueira se retiró de la carrera y la UDI, aliada con el Presidente Sebastián Piñera, impusieron el nombre de Evelyn Matthei Fornet, quien finalmente llegó a la papeleta y perdió ante Michelle Bachelet. Allamand (y Carlos Larraín, entonces mandamás de RN), se lo tomaron como una afrenta, ya que había perdido por tan poco -recuerdan aún- que eso no le daba derecho a sus rivales a imponer a la ex senadora y ex ministra como candidata.

Hoy, seis años después, Allamand quiere intentarlo de nuevo. Y otra vez tiene a Lavín al frente. Pero pese a que la historia tiende a repetirse y las próximas presidenciales solo exacerbarán la competencia, tanto en el lado del hoy senador como en el partido de sus históricos adversarios describen otra película: una en que parece operar una tregua pragmática, y en que al menos entre los senadores oficialistas se convive en paz y cooperan entre ellos. Con varios ha hecho las paces y han dejado atrás viejas peleas.

Pero, claro, también advierten, otra cosa será cuando se encienda la campaña. Si Allamand no quiere ser (junto con Alberto Espina) el único integrante de la denominada Patrulla Juvenil de la derecha que se quede con las ganas de competir por La Moneda -y para qué decir cruzarse la banda-, necesariamente tendrá que rivalizar con Lavín. Y antes, liberarse de sus competidores en RN, leáse Ossandón.

Años de rivalidad

A la UDI le ha pasado con Allamand lo que le pasó durante décadas con Sebastián Piñera: era un adversario natural porque era un obstáculo para sus objetivos políticos. Es una saga que comienza con la encarnizada y casi brutal campaña senatorial por Santiago Oriente, donde él y el entonces diputado Carlos Bombal Otaegui se disputaban el único cupo que podía elegir la derecha en tiempos del binominal: al que vencía se le abrían nuevas aspiraciones.

Allamand perdió (1997) y se exilió en Estados Unidos. La UDI se liberó de un rival al que sacaba del tablero, pero el vacío en RN lo ocupó casi de inmediato Piñera, y cuando Lavín se convirtió en el presidenciable gremialista, el hoy mandatario pasó a ser la nueva amenaza. Hubo años de conflictos -Caso Spiniak de por medio- pero todo esto quedó en el pasado ahora que el Presidente va casi en la mitad de su segundo cuatrienio.

Piñera, en simple, se salió con la suya. Allamand, hasta ahora no, y durante el primer gobierno piñerista entró en conflicto con La Moneda y con la UDI reiteradas veces: primero por su rivalidad con Laurence Golborne (la carta respaldada por el gremialismo), luego por la campaña contra Longueira, y finalmente por la irrupción de Matthei (que de paso recordó el quiebre de ambos durante el Caso Drogas de 1995, precursor de la derrota senatorial de Allamand ante Bombal).

En toda esas ocasiones, la UDI solía acusar al hoy senador de "atentar contra la unidad", de "como, siempre, dividir en vez de unir". No había nada más eficaz para unir filas ahí que colocarles a Allamand al frente. Pero esta vez, tras sus cuestionamientos a Lavín, salvo las críticas del diputado Juan Antonio Coloma (hijo del senador homónimo), no afloran síntomas de animadversión.

Una pista la entregan los mismos senadores UDI, que aseguran que la convivencia con su par RN ha sido mucho mejor de la que tenían antes, y que el cotidiano trabajo en el Congreso en minoría ante la oposición no les deja margen para rivalidades.

¿Se ha "adaptado" a la UDI?

Allamand es jefe de la bancada de senadores y en el gremialismo tiene como par a Ena von Baer Jahn. Ambos eran rivales durante el primer gobierno piñerista: él fue uno de los primeros en criticarle en público sus deficiencias como ministra vocera. Pero cuando volvieron a la oposición en Bachelet, Parte II, terminaron uniendo fuerzas en la Comisión de Educación del Senado para hacer frente a las reformas en esa área. Hoy trabajan codo a codo.

Con el senador Juan Antonio Coloma Correa, tan veterano como él y adversario suyo varias veces, han aprendido a trabajar en equipo. Las de ambos son diferencias históricas, pero se entienden. Por ejemplo, recalcan sus conocidos, coincidieron en hacerle presente a Piñera sus planteamientos acerca de prioridades legislativas en la reciente cumbre oficialista en Cerro Castillo.

Con el senador Víctor Pérez Varela comparten asiento en la Comisión de Constitución y su relación tampoco ha pasado por desaguisados. Iván Moreira Barros es otro caso donde Allamand no ha enfrentado escollos, e incluso le ha sugerido al UDI no pelear tanto o "abuenarse" con el RN Manuel José Osandón: ambos tienen una pésima relación.

Los gremialistas no ven en Allamand un cálculo oportunista en llevarse bien con ellos; creen que el tiempo ha pasado ya y que no hay muchas opciones para revivir riñas de antes. Allamand ve este proceso -dicen quienes lo han oído- como uno en que él se ha adaptado con cierta facilidad al espíritu de Chile Vamos en sus actuales circunstancias. Y que pese a todo lo que ha vivido en política, no está por personalizar pugnas en esta vuelta.

Cierto es que, además, Allamand cuenta con algunas municiones adicionales. Dos de sus archirrivales históricos, Pablo Longueira y Jovino Novoa, están hoy fuera del tablero. Que su esposa, la ministra de Educación Marcela Cubillos, fue militante UDI y es de formación gremialista químicamente pura. Que mantiene amistad con el abogado UDI Gonzalo Cordero, viejo conocido y ex asesor de Lavín. Y que él mismo fue alguna vez "samurái" del alcalde UDI (2004) cuando elegió ese bando y no el de Sebastián Piñera en la lucha presidencial, en medio del conflicto derivado del Caso Spiniak. Y además cuenta con la amistad del también UDI ministro del Interior, Andrés Chadwick, aun cuando los bonos de éste hayan bajado en ese colectivo.

¿Un Allamand "más maduro"?

Con la senadora y presidenta UDI, Jacqueline van Rysselberghe, no tienen historial crítico hacia atrás. "A Andrés Allamand no lo conocía mucho antes. Por lo tanto no tengo opinión previa. Desde que llegué al Congreso siempre he tenido una muy buena relación con él", recalca la jefa gremialista, quien tampoco lo cuestionó tanto por sus críticas a Lavín. Y agrega que "en la UDI existe una decisión de cuidar todos los liderazgos políticos del sector, y creo que el ser gobierno ayuda a poder administrar mejor las diferencias".

Von Baer recalca la buena sintonía y  sostiene que "somos un equipo de senadores de Chile Vamos y trabajamos como tal Una cosa muy distinta son las dinámicas que se puedan dar de cara a futuras, muy futuras, elecciones".

Su segundo, el subjefe de senadores UDI David Sandoval, observa que "hay lecciones de por medio. Uno entiende que en estos procesos se generan algunas pasiones, aunque los años van generando más capacidad reflexiva. También es un escenario distinto: su mayor problema lo tiene con los otros potenciales candidatos a la presidencia en su partido, RN, eso es más urgente de definir. Si van a hacerse primarias, pelear contra Lavín ahora no tiene ningún sentido práctico ni político".

"Al margen de eso, veo un clima de mucha cooperación y coordinación política, y esto último (las críticas de Allamand a Lavín) es parte de estos procesos", cierra.

Moreira cree que "es un Andrés Allamand distinto al del pasado, desde el punto de vista positivo. Lo veo más maduro, los años no pasan en vano". Y que "trabajamos en equipo como Chile Vamos en el Senado, independiente de cualquier matiz o diferencia. Tenemos una buena relación. Siento que sus declaraciones solo fueron una mala frase; no debiésemos tener los inconvenientes que ocurrieron en la campaña presidencial pasada".

Pero ante la duda de si este nuevo trato garantiza una campaña en paz, acota que "en política no se pueden dar garantías de convivencia, porque siempre pasan cosas. Pero el presente nos dice que hay cambios".

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