La vital encrucijada constitucional de la UDI

Reunion Privada Chile Vamos Oposición

Jacqueline van Rysselberghe Gonzalo Fuenzalida y los senadores de Chile Vamos, oposición presidentes de partidos se reúnen en el comedor de la presidencia del senado FOTO:PABLO OVALLE ISASMENDI /AGENCIAUNO

El partido fundado por Jaime Guzmán -quien participó en la redacción de la Constitución de 1980- se ha replegado en temas vitales en menos de dos semanas: de no discutir el asunto pasó a atrincherarse en la tesis del Congreso Constituyente, y luego a una fórmula mixta, que propusieron hoy. Su directiva no quiere quedar fuera del acuerdo final, pero tampoco transar principios básicos.




Hacia la primera o segunda semana de la crisis que hoy cumple su crucial día veintiocho, para su directiva la demanda de una nueva Constitución seguía siendo un reclamo aislado y marginal de la calle que salía a marchar. No estaba -decían- entre las prioridades de la población. Para entonces no caía el gabinete ni perdían a Andrés Chadwick (28 octubre) como ministro del Interior.

Menos de dos semanas después, el brutal curso de los hechos llevó al Presidente Sebastián Piñera a admitir que estudiaban cambiar el fundamental documento (sábado 9); al ministro Gonzalo Blumel a hablar de Congreso Constituyente (domingo 10) y, al día siguiente, al gobierno a ceder de nuevo y hablar de todo un texto nuevo.

Acorralada por tales circunstancias, pero además por la jugarreta de RN de abrirse a partir de cero, a una "hoja en blanco" en esta negociación contrarreloj que aún no termina, el partido transita por una cornisa ideológica. Una encrucijada -vocablo que usan- difícil de resolver. O se suman al grupo que pala en mano se dispone a sepultar la Constitución de 1980, de la que su fundador Jaime Guzmán (¿qué les diría hoy?) participó, o dan media vuelta y caminan si es que no tienen garantía de en qué puede terminar aquello. Hasta ahora, están optando por lo primero.

Sobrepuesto el colectivo a la sorpresa de encarar este súbito debate y dilema, comenzaron esta semana planteando condiciones que habían declarado intransables para negociar: solo se abrían a un Congreso Constituyente (Asamblea Constituyente les suena demasiado a Venezuela, aunque RN ya ha repetido que hay más casos) y a que se terminara la violencia en las calles y que todo el mundo político lo condenara.

Eso fue el lunes 11. Hace cuatro días. Al momento de publicar esta nota, y mientras seguían las frenéticas negociaciones en el Congreso, la senadora y presidenta Jacqueline van Rysselberghe y los suyos se habían replegado a nuevas posiciones: una fórmula mixta con aire a "convención" junto a Chile Vamos. Mientras el suspenso sube, en la UDI siguen plantados en que no cederán hasta una Asamblea Constituyente "bajo ninguna circunstancia", dicen en su alto mando, por mucho que el devenir ya descrito se esté comenzando a parecer a la mítica Larga Marcha, esa retirada de Mao Zedong en 1935 (12.500 kilómetros en 370 días).

Tanto es así, cuentan en el partido, que en esto sus distintas facciones no parecen enemistarse. Al menos eso leyeron esta mañana, cuando vieron a la presidenta UDI en la misma mesa junto al diputado Javier Macaya, su rival en las últimas internas. Que se sepa, no hay dirigentes de peso que hablen en el mismo tono que el presidente RN, Mario Desbordes.

En simple y más allá de la discusión por el mecanismo, plebiscitos de entrada y de salida, el partido cuya sede fue saqueada la semana pasada no está dispuesto a entrar a ese callejón oscuro de "la hoja en blanco". No quieren, insisten en su directiva, que una nueva Constitución termine en cambios a una serie de concepciones de sociedad que tienen. ¿Ejemplos? Modificaciones al rol subsidiario del Estado, al derecho de los padres de escoger la educación. Temen casi con pavor que "se relativice el tema de la propiedad privada, que sean socavados los pilares de una economía social de mercado y que se afecte la autonomía del Banco Central", por nombrar algunos casos.

Situaciones hipotéticas como estas -cuentan en su bancada de senadores- han sido conversadas internamente, y para algunos dirigentes tales aprensiones han sido alimentadas por lo que escuchan a sus contrapartes de la oposición en las sesiones de hoy y ayer. Por eso al gremialismo le inquieta qué mecanismo se resuelva. Y por eso mismo, hasta esta mañana sus legisladores seguían empeñados en participar de las negociaciones en el Parlamento y "de hacer el máximo esfuerzo, hasta último minuto", dicen, por mantenerse dentro del acuerdo final.

En la oposición saben esto. Entre los diputados DC calculaban esta semana que podrían alcanzar un acuerdo que asegure el quórum de 2/3 para modificar el Capítulo XV de la Constitución -que permite echar a andar todo el engranaje refundador- dejando fuera a los votos de la UDI, si es que aseguran los de RN y Evópoli. Siguiendo con esa tesis, si la tienda gremialista queda fuera del pacto, se quebraría el gobierno de Sebastián Piñera.

Por eso, Van Rysselberghe ha estado discutiendo este mismo tema con el Presidente durante esta semana, ayer y hoy. Ella le ha expresado claramente su aprensiones. Él le la dicho, según cuentan en la directiva, que no quiere que se fracture Chile Vamos. Pero el gobierno -al menos formalmente- no tiene delegados plenipotenciarios en este delicado tetris político.

Si este último desemboca en plebiscito de entrada con una convención mixta o asamblea constituyente, a la UDI se le estrechará demasiado la cancha. La senadora, en todo caso, cuenta con un mandato de sus filas y no se vería obligada a recurrir a un Consejo General o una Comisión Política para dar su última palabra. Pero dentro del gremialismo hacen ver que si se suman a un acuerdo muy costoso, bien podrían dejarles abiertas de par en par las puertas de la ciudad a las tropas de José Antonio Kast en las próximas elecciones. Si se quedan afuera, es otro cuento.

Pero lo que sucede fuera de las murallas del partido preocupa a muchos. El diputado Jaime Bellolio dice que "hoy nadie esta en posición de condicionar el debate y conversación únicamente a lo que uno quiere. Lo que está en riesgo es la democracia y la convivencia nacional". Y agrega que "no es el momento de darse gustitos ni de pretender que las cosas se hagan a la pinta de uno. Se necesita flexibilidad, generosidad, diálogo. Y si hay quienes, después de todo lo que hemos visto, siguen quedándose en una esquina, no contribuyen a nuestra democracia hoy".

"Estoy disponible a encontrar una solución democrática que permita proteger y fortalecer nuestra democracia. Necesitamos dejar los prejuicios y barreras que pretenden condicionar el lograr paz y democracia", cierra.

La senadora Ena von Baer, que asesora a Van Rysselberghe en las negociaciones, hace ver que "nosotros no queremos el borrón y cuenta nueva que significa que botamos a la basura el Chile que hoy tenemos. Pero entendemos que Chile está en una situación muy compleja y es por eso que estamos conversando. Y además sobre la mesa están también los temas de orden público, que para nosotros son muy relevantes".

Por lo mismo, advierte que "si la UDI no estuviera dentro de esta Constitución terminaríamos en un proceso constituyente en que no habría defensa a esos principios. Hay que asegurar que el proceso permita que la Constitución que resulte sea una que no destruya el Chile que entre todos hemos construido".

Similar tono usa el diputado Jorge Alessandri: "Siempre es mejor estar en el acuerdo. Pero jamás hacer cosas que le hagan daño a Chile por salir en la foto". Y detalla que "en la Constitución vamos a defender cosas como la propiedad privada, el libre emprendimiento, el derecho de la vida del que está por nacer, la separación de poderes, cómo se defiende el individuo frente al Estado, y una serie de principios. Estoy seguro que cuando comencemos a discutir el fondo tendremos muchos más adeptos que detractores".

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