“Los intelectuales”

FOTO: LUKAS SOLIS/AGENCIAUNO

Tras las declaraciones se cuela la superioridad moral y la soberbia que en una combinación ponzoñosa han campeado durante el proceso constituyente. La CC y las “antiguas instituciones” son igualmente democráticas, aun cuando para algunos convencionales el baremo de legitimidad solo puedan establecerlo ellos mismos.




«No pueden ustedes imaginarse la tristeza y la melancolía que invaden el alma cuando de una idea grande (…) se apoderan unos individuos torpes para ponerla en manos de otros tan torpes como ellos, arrastrándola al arroyo, y uno la ve de pronto […] deformada, hundida en el fango, dispuesta de una manera absurda, esquinada, sin proporciones, sin armonía […]». La cita forma parte del extraordinario libro Los endemoniados de F. Dostoievski, obra en la que el autor aborda, entre otros, la hipocresía revolucionaria, la propagación frívola de las ideas y la violencia. En el texto, “los intelectuales” son cómplices de la anarquía que se apodera de la ciudad. Sus planteamientos, escindidos del pueblo y reproducidos autorreferencialmente, engendran “una progenie impura”, que eclosionada entre obstinación y soberbia, frustra el objetivo y suscita un profundo caos social.

Ofrezcámosle a Dostoievski algunos ejemplos criollos:

1.- “[el mecanismo de reforma por 2/3] No es una trampa, es un modo de proteger la Constitución de instituciones que no tienen razones para tener lealtad con ella, a la espera de instituciones que, por ser, creadas por la NC, sí es razonable esperar que la tengan”. Curioso resulta que las instituciones bajo sospecha sean nada más y nada menos que el Congreso y particularmente el Senado. Ambos, elegidos democráticamente y con posterioridad a la Convención Constitucional ostentan una representación que viene dada por el pueblo. Sin embargo, a “los intelectuales” les parece irrelevante. Ellos son el estándar de lealtad constitucional y todos los demás, sospechosos. Tras las declaraciones se cuela la superioridad moral y la soberbia que en una combinación ponzoñosa han campeado durante el proceso constituyente. La CC y las “antiguas instituciones” son igualmente democráticas, aun cuando para algunos convencionales el baremo de legitimidad solo puedan establecerlo ellos mismos. En la misma línea se ha sostenido que los 2/3 buscarían “proteger a la nueva Constitución de intereses coyunturales y corporativos” o “los 2/3 de la Constitución del 80 son un cerrojo de la dictadura; los 2/3 que proponemos no es un cierre al debate, es un incentivo a la legislación”. Curiosas resultan ambas afirmaciones que vuelven, sin más, al vicio de partida: no creen en la democracia y olvidan la distinción entre redactar y reformar.

2.- “La idea es poder darle un mandato, vía disposición transitoria, al Ejecutivo para que presente un proyecto de ley, darle un mandato al legislativo para que lo legisle en un tiempo razonable, y si no lo legisla, darle la atribución específica para esa situación en particular al Ejecutivo, para poder promulgar vía DFL”: Los DFL son una delegación excepcional y restringida que el Congreso puede hacer al Ejecutivo. La medida requiere de autorización expresa, pues supone saltarse los trámites previstos en la Constitución para la formación de la ley. La declaración en cuestión, no solo propone utilizar los DFL para modificar el aparato estatal, implementando la nueva institucionalidad, sino aspira a que sea la Convención de quien emane el mandato al Ejecutivo. El riesgo ha sido advertido desde todos los sectores, pero “los intelectuales” posan complacientes y argumentan, como tantas otras veces, que el objetivo, esta vez transformar un texto en país, sería justificación suficiente.

3.- “Si uno mira las constituciones de otros países, este tema no existe, entonces no es un tema que esté regulado a nivel constitucional (...)”: Un borrador lleno de asimetrías donde lo que merece estar en la Constitución se decide sin criterios claros ni sistematización alguna. Mientras temas relevantes para un sector no se incorporan por no ser materia constitucional, abundan instituciones menores y consagraciones de principios que a todas luces salen del borde.

Así las cosas… y mientras “los intelectuales” se solazan en haber “logrado canalizar una crisis política y social tan importante como la del 2019″, el país está envuelto en una ola de violencia (azuzada en su momento por “los intelectuales”) e inseguridad inéditas y la Convención y su borrador en un cuestionamiento que no viene exclusivamente de la élite, ni de la derecha, ni del 20% del rechazo. Pero ellos brindan.

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