Los límites del humor

El humorista chileno, Bombo Fica se presenta durante la primera noche de la 59 versi—n del Festival de la Canci—n de Vi–a del Mar 2018. FOTO:MARIO DAVILA HERNANDEZ/AGENCIAUNO

El humor es en la tensión con los límites. La trasgresión es lo que genera deseo, que esta operación haga reír, ofenda o sea aberrante, depende del contexto, de lo que encarne el comediante mismo, del momento social, si se opone o reafirma a un poder.




El humor como la sexualidad, son siempre más que humor y sexualidad, son política. Funcionan como expresiones del acuerdo, nunca cerrado y, por cierto, nunca logrado, entre las pulsiones y el pacto social. No es casual que cada año sea el humor y la reina lo que del Festival de Viña genere mayor expectación y debate. Al fin y al cabo, de lo que se está discutiendo es de cómo se administra lo que del cuerpo no es del todo domesticable por la moral y el poder: la risa, el deseo.

En el caso de los comediantes, su texto comienza antes de subirse al escenario. Por ejemplo, Gordillo, Jani Dueñas y Avello no representan lo mismo, ni hay cae sobre ellos una expectativa similar, cada uno con su prueba distinta, que, por supuesto no es simplemente hacer reír, sino que se espera verificar, si acaso de acuerdo a su propia fórmula, lograrán hacer reír o serán tragados por el monstruo (que hoy es mucho más grande con las "tormentas de mierda" que se alcanzan por twitter).

A Gordillo se le ocurrió encarnar la rebeldía reaccionaria, lo que hoy algunos nombran como incorrección política, que no es más que defender los viejos códigos del poder. Nos puso en antecedente antes del show: se defendería de lo nuevo con lo viejo. Se lo tomó en serio. Es ahí donde toda esa moral, inaugurada por la moral trumpista, se equivoca, antes que ser algo transgresor, tiene demasiado olor a fusta vieja. El público de twitter no rio, incluso acusó al que sí lo hizo en la Quinta, pero como sea, se quedó viendo el espectáculo. Seguramente para comprobar que el mundo cambió, o no tanto, que está aún en disputa. Quizás el chiste era esperar su fracaso, el morbo de ver a un dinosaurio en extinción: que detrás de toda moral hay una pulsión sádica, es algo fácilmente comprobable.

Avello fue más hábil. Viene también de una generación que es denostada. Los noventeros, para el mundo nuevo, son animales con sólo algunas escamas menos que la generación de Dino. Sin embargo, utilizó un semblante viejo, el humor blanco, para decir que hace caso a las nuevas normas, pero para reírse a su vez de lo nuevo. Se ríe del humor mismo, del pánico moral, sobre todo de la institución más poderosa del siglo XXI, el yo. Cuando todos están haciendo humor sobre sus fracasos, él habla sobre lo bien que le ha ido. Por supuesto, no vamos a creer que a los famosos les va tan mal como dicen. Cuestiona finalmente esa moral, la del buenismo, sin tener que ofender a nadie. Demostrando que no hay garantías generacionales para lo viejo y lo nuevo, sino que esto último es un arte.

¿Cuáles son los límites del humor? Decir que no tiene ninguno es tan equivocado como que debe haber censura. El humor, así como el erotismo, son cosas que no existirían sin los límites. El humor es en la tensión con los límites. La trasgresión es lo que genera deseo, que esta operación haga reír, ofenda o sea aberrante, depende del contexto, de lo que encarne el comediante mismo, del momento social, si se opone o reafirma a un poder. Por eso el humor no es un absoluto, cambia con el tiempo, y en un mismo tiempo puede tener efectos dispares.

Por ejemplo, a propósito del chiste sobre una violación de Gordillo, comenzó a circular una rutina antigua de Avello sobre lo mismo. Contaba que dormía a una chica con éter en una playa, luego la lanzaba al mar; esto en un set de televisión, donde sus acompañantes no sabían si hundirse en la silla o reír de nervio, hasta que la tensión se libera cuando termina el cuento diciendo "esas cosas se hacían el año 78". Detalle que cambia toda la función del relato. ¿Es lo mismo entonces hacer humor sobre una violación desde una posición machista, que para hablar de manera pornográfica por televisión de la tortura en dictadura? ¿Puede eso ser envuelto de todas maneras bajo la forma de un chiste? Eso sólo se puede saber tras su efecto.

Leía de la ensayista Annie Le Brun que después de las guerras mundiales, los soldados al volver a la vida en la ciudad debieron civilizar sus modales. Pero la barbarie nunca desapareció, se desplazó, dice la autora, hacia el mundo financiero, es allí, donde las conductas de guerra se viven con soltura. Pienso en esto porque el pánico moral empuja a que las historias, incluso el humor se vea empujado demasiado rápido a dar lecciones y no alcanzamos a ver cuál es el estado real de nuestra barbarie.

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