Tercera PM

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Álvaro Bisama

Álvaro Bisama

Alvaro Bisama es escritor, autor de Estrellas muertas y Ruido, entre otras obras. Además, ve televisión chilena, mucha, y ha publicados sus ensayos sobre pantalla chica y cultura pop en Revista "Qué Pasa".

La Tercera PM

Lou y Neil

Lou Reed falleció en 2013.

Entre las piezas que contiene el volumen hay dos dedicadas a Lou Reed. Uno es una entrevista y otro un obituario. La entrevista es buenísima y fue escrita en 1992 para Time Out. Eso porque Gaiman es un viejo fanático de la música de Reed y no sabe nunca si se va a producir la conversación, cuya excusa es la aparición de un libro con las canciones del autor de “Heroine”.


Encontré en una librería del aeropuerto de Ciudad de México La vista desde las últimas filas, la antología de piezas de no-ficción del escritor Neil Gaiman. No sabía que estaba editado en español: lo sacó Malpaso el año pasado y creo que aún no ha llegado acá. El libro contiene ensayos, críticas y conferencias acerca de cómics, ciencia ficción, cine, rock y literatura. Para quienes leemos a Gaiman desde hace décadas aquel abanico de intereses no es nuevo. Si antes de dedicarse a la historieta fue periodista de música e hizo un libro sobre los Duran Duran; cuando creó Sandman para DC Comics no se ahorró nunca las referencias al pop, las que mezcló con la tradición literaria de modo brillante. En sus cómics, Lucifer era idéntico a David Bowie, Gilbert K. Chesterton aparecía como un sueño amable y elegante y se presentaba a la Muerte encarnada en una muchacha gótica que le daba migas a las palomas mientras recordaba frases de Mary Poppins, tratando de atrapar con eso la belleza de los instantes perdidos en las vidas humanas.

Gracias a momentos como ese, Gaiman no se demoró en llamar la atención y se movió de la historieta a la novela y al cine como si fuese algo natural, siempre vestido de negro riguroso y gafas oscuras, amable pero extraño al modo de un miembro perdido de los Velvet Underground mientras su obra trazaba mitologías contemporáneas para preguntarse qué sentido tenía en el mundo moderno el acto de contar historias. Eso está en sus ficciones (American Gods, El libro del cementerio, Material sensible entre muchas) pero sobre todo en sus cómics, donde es imposible no olvidar el momento en que Morfeo, señor del Sueño, oficiaba de mecenas de Shakespeare para que éste escribiese y representase Sueño de una noche de verano ante un público compuesto por las hadas y seres mágicos que aparecían en la obra. Obra cuya belleza formal no estaba exenta de crueldad gracias al trazo prerrafaelita del dibujo de Charles Vess, en ella estaba la idea de que es al final es la literatura lo que salva las cosas de la extinción: acechados por la llegada de la era de la razón, personajes como Oberon, Titania o Puck estaban condenados al olvido y solo sobrevivirían vueltos carne de ficción, convertidos en palabras.

Los textos de La vistas desde las últimas filas retoman esas ideas. Gaiman habla de Samuel Delany, Tori Amos, Will Eisner, Harlan Ellison, Jack Kirby y los Dresden Dolls, entre muchas otras cosas que incluyen además una muy buena crónica sobre una visita a Stephen King y un ensayo que reivindica el talento creativo de Joe Simon. Sí, Gaiman posee a veces una prosa melosa y está al borde de su propia caricatura, pero se salva porque ante todo es tan inteligente como rápido y didáctico, original al abordar el sentido que tiene el oficio de narrador y cómo este subsiste con dignidad en el género fantástico, al que defiende pues permite comprender su necesidad ahora mismo pues “los temas más estrafalarios de la ciencia ficción son los ladrillos que se utilizan para construir historias, y ni siquiera nos pertenecen. Los mundos que formaban parte del paisaje de nuestra imaginación son ahora los elementos de un fondo decorativo. Se ha librado una batalla por la conquista de la mentes del mundo y parece ser que la hemos ganado; ahora tenemos que averiguar cuál es el siguiente paso”.

Entre las piezas que contiene el volumen hay dos dedicadas a Lou Reed. Uno es una entrevista y otro un obituario. La entrevista es buenísima y fue escrita en 1992 para Time Out. Eso porque Gaiman es un viejo fanático de la música de Reed y no sabe nunca si se va a producir la conversación, cuya excusa es la aparición de un libro con las canciones del autor de “Heroine”. El texto describe los padecimientos de Gaiman como entrevistador: el encargo antes iba para Martin Amis, Reed al parecer es un sujeto intratable, las negociaciones con la producción son extenuantes al punto de comprometer viajes que no se realizan. Gaiman intercala esa tensa espera con sus recuerdos del cantante y el modo en que su música lo marcó mientras recuerda reseñas de viejos shows, confiesa que hasta incluso escucha el Metal Machine Music (que describe como algo capaz de empujar “a los animales con un especialmente sensible a un precipicio y provoca un pánico ciego e irracional en las muchedumbres”) y trata de pensar en los cruces entre literatura y música que Reed propone, algo que lo obsesiona desde que descubrió a los catorce años en una librería un volumen mimeografiado con sus letras. “Me lo leí de pie, en la tienda, con todas sus erratas. Volví un par de días después para hacerme con él, pero había desaparecido. Todavía sigo buscándolo”, dice.

Al final, la entrevista se realiza. No es en persona. Gaiman está en Londres. Reed en Múnich y ambos conversan por teléfono antes de que el cantante suba a un escenario. “A veces tardo años en conseguir que funcione una canción”, dice y Gaiman anota. “¿Crees que les gustaría que te siguieras chutando en el escenario”, le pregunta. “Depende de la época en la que me hayan encasillado. Algunos se han quedado estancados en la etapa de la Velvet Underground, o en la Transformer, o en la de Rock’n Roll Animal: en algún lugar próximo a esos hitos. Les gustaría que yo siguiera siendo así. Pero yo solo estaba de paso”, dice Reed y desde atrás se escuchan el murmullo del público. “Me gustaría escribir más. Creo que sacar un disco cada tres años no es suficiente. He llegado a un punto en que creo que sé lo que hago”, explica después sobre él mismo y sus canciones antes de cortar y subir al escenario.

El otro texto es un obituario, una despedida escrita para The Guardian. Tiene sentido leerla porque en un mes más se cumplen cinco años de la muerte de Reed y algunos aún nos preguntamos qué significan sus canciones. Gaiman cuenta de que una de sus hijas se llama Holly por uno de los personajes mencionados en “Walking on the wild side” pero también explica cómo el gesto que contar historias tiene que ver con el arte de Reed, que quizás es el modelo secreto de su Sandman. “Sus canciones han sido la banda sonora de mi vida: una trémula voz neoyorquina con un registro muy limitado, que canta canciones sobre la alienación y la desesperación, con algunos destellos de esperanzas imposibles; canciones que hablan de esos días y esas noches efímeros y perfectos que nos gustarían que duraran para siempre, que son importantes porque son finitos y escasos, dice Gaiman y quizás tiene razón en esa idea suya de que en el arte de contar historias (da lo mismo el formato: libros, canciones, películas) descansa la memoria secreta del mundo.

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